¿Porqué sus seguidores están retirando su apoyo a Milei?

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El Desmoronamiento del Espejismo Libertario. El colapso de la legitimidad de las fuerzas del cielo: cuando el ajustazo y la corrupción devoraron la esperanza del votante original.

La radiografía política de este abril de 2026, plasmada con rigor quirúrgico en el último informe de la consultora Zuban Córdoba, no es solo un conjunto de frías estadísticas; es el certificado de defunción de un contrato social que Javier Milei decidió romper unilateralmente. Tras dos años de un experimento neoliberal que ha triturado la dignidad de las mayorías, los datos revelan un punto de inflexión irreversible: el retiro del apoyo del 33,9% de sus seguidores originales. Lo que en 2023 se presentó como una gesta épica contra los privilegios de la casta se ha transfigurado hoy en una herramienta de opresión desembozada contra la clase trabajadora, dejando a la sociedad argentina en un estado de asfixia social donde el discurso oficial ya no logra ocultar el estrépito de las heladeras vacías y el saqueo institucionalizado.

Asistimos a una escena de desolación donde el relato libertario se estrella contra la realidad de un país que ya no aguanta más verso. La legitimidad, ese capital que el oficialismo dilapidó creyendo que el odio al pasado bastaría para justificar el hambre del presente, se está drenando por las alcantarillas de una gestión que ha convertido el ajuste en su única razón de ser. El informe de abril, bajo la dirección de Gustavo Córdoba y Ana Paola Zuban, expone que este escenario no es un accidente de recorrido, sino el resultado deliberado de un plan de miseria planificada. Para quienes todavía transitan las calles con la frente alta, la sensación de traición es palpable: el 33,9% de deserción en el núcleo duro de Milei no es un simple número, es el grito de un tercio del electorado que hoy se siente estafado por un liderazgo que prometió libertad pero entregó servidumbre financiera y exclusión social.

Esta erosión del apoyo residual es el síntoma de un agotamiento ético. Mientras el núcleo de apoyo que aún resiste se aferra a una dimensión reactiva basada en el anti-peronismo visceral como única brújula —representando un 21,6% de ese respaldo—, el resto de la base electoral observa cómo el mesianismo presidencial pierde potencia frente a la crudeza de la vida cotidiana. Córdoba y Zuban, analizando 2200 casos con un margen de error del 2,09%, han detectado que la confianza personalista en el liderazgo de Milei se mantiene en un 47,0%, pero ese número es un gigante con pies de barro cuando se contrasta con la validación de sus políticas, que apenas alcanza un magro 20,2%. Esta desconexión entre el «personaje» y la «gestión» es la grieta por donde se escapa el futuro político de un gobierno que solo ofrece hostilidad y licuadora de salarios como respuesta a las demandas del pueblo.

La guillotina económica ha caído con un peso insoportable, y los datos no dejan lugar a eufemismos. El 47,7% de los desertores señala la situación económica como el motivo principal de su alejamiento, una cifra que dialoga con el 47,0% de la población general que rechaza la gestión por los mismos motivos. No estamos ante un error de cálculo técnico; estamos ante un plan sistemático de transferencia de riqueza que ha convertido al laburante en el combustible de una hoguera financiera. Denunciar este impacto es una obligación moral en defensa de los derechos humanos básicos, hoy vulnerados por un entreguismo que ha decidido que el superávit fiscal es más importante que la nutrición infantil o la estabilidad del empleo. El «so what?» de esta crisis es la certeza de que la mala gestión económica no es una falencia de Milei, sino su objetivo último: desguazar el Estado para entregárselo en bandeja a los sectores concentrados del capital, mientras se le exige un sacrificio heroico a quienes ya no tienen nada que entregar.

Pero el saqueo no es solo material, sino también moral. La máscara de la transparencia y la honestidad, ese escudo con el que pretendieron diferenciarse de lo que llamaban casta, ha terminado de romperse en este abril de 2026. El 12,7% de la deserción entre sus antiguos votantes se explica por la corrupción, sumado a un 21,5% de rechazo general por factores reputacionales vinculados a manejos turbios. Las áreas sensibles del Estado, desde ministerios vaciados de contenido hasta secretarías que funcionan como agencias de colocación para la militancia digital y los trolls del oficialismo, se han convertido en cuevas de intereses cruzados. Las controversias sobre contrataciones directas, designaciones de familiares y el evidente nepotismo libertario exponen que la casta no fue combatida, sino reemplazada por una nueva élite aún más rapaz y desconectada del sufrimiento ajeno. Es la ironía suprema de un proyecto que prometió limpieza y terminó chapoteando en los mismos vicios que decía erradicar.

Este panorama de degradación política conduce inevitablemente al veto popular que hoy pesa sobre el futuro del mandatario. El contundente 60,7% que rechaza una eventual reelección de Javier Milei es el certificado de defunción de un proyecto que ignoró la solidaridad social para abrazar un egoísmo de mercado fanático. Ni siquiera el 9,9% de indecisos, esa última trinchera de la ambigüedad, parece capaz de salvar a un gobierno que ha perdido la calle y el respeto de la ciudadanía. La demanda de renovación política, que alcanza un impresionante 62,4%, es la respuesta defensiva de una sociedad que busca desesperadamente una alternativa moderada y solidaria ante el extremismo libertario. El pueblo argentino está enviando un mensaje claro: no hay margen para un segundo periodo de ajuste salvaje ni para seguir experimentando con la supervivencia de la nación.

La reconstrucción de una sociedad justa será una tarea titánica tras el paso devastador de la motosierra, pero la urgencia de una alternativa solidaria es hoy la única salida frente al abismo. El informe de Zuban Córdoba revela que el espejismo se ha roto definitivamente; el 33,9% de los traicionados y el 60,7% de los opositores ya no compran el relato de las fuerzas del cielo. La dimensión económica se ha combinado de forma irreversible con el cuestionamiento sobre la moralidad de quienes detentan el poder, dejando un vacío que solo podrá llenarse con una propuesta política que ponga al trabajo, la transparencia y la dignidad humana en el centro de la escena. Argentina ha empezado a despertar de la pesadilla neoliberal, y ese despertar, aunque doloroso por las cicatrices del ajustazo, es el primer paso hacia la recuperación de nuestra soberanía y nuestra justicia social.

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