Triangulación con YPF: denuncian negocios con Adorni

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Triangulación bajo sospecha: la denuncia que golpea el corazón del relato libertario. Contratos cruzados, empresas estatales y una consultora privada en la mira: el caso que pone en jaque el discurso anticasta del oficialismo.

Una causa judicial expone un presunto circuito de retornos entre proveedores del Estado y la esposa de un funcionario clave, en un entramado donde lo público y lo privado parecen confundirse peligrosamente

El discurso libertario prometía dinamitar privilegios, barrer con la “casta” y transparentar cada rincón del Estado. Sin embargo, la realidad —siempre más obstinada que la retórica— empieza a dibujar un mapa incómodo. Una denuncia penal presentada por la diputada Marcela Pagano abre una grieta en ese relato: la sospecha de una triangulación de contratos entre empresas estatales y proveedores privados que, en última instancia, terminarían beneficiando a la esposa de un funcionario clave del gobierno de Javier Milei.

No es un caso cerrado, ni mucho menos. Pero tampoco es una anécdota menor. Lo que está en juego no es solamente un contrato discutido o una factura llamativa. Lo que se investiga es algo más profundo, más estructural, más inquietante: la posibilidad de que el Estado, lejos de achicarse como prometía el credo neoliberal, funcione como engranaje de un circuito donde el dinero público encuentra caminos indirectos hacia intereses privados cercanos al poder.

La denuncia no surge en el vacío. Tiene nombres, cifras, vínculos y, sobre todo, una lógica. Pagano plantea la existencia de un “circuito triangular de flujos económicos”, una expresión técnica que, traducida al llano, suena mucho más brutal: el Estado contrata empresas privadas; esas empresas, a su vez, contratan servicios de una consultora vinculada a la esposa de Manuel Adorni; y así, lo que salió del erario público podría regresar, por una vía lateral, al entorno íntimo del funcionario.

El mecanismo, según la acusación, se repite con distintas variantes. Empresas estatales como ARCA, YPF, Aerolíneas Argentinas, Banco Nación o AySA contratan proveedores que manejan negocios millonarios con el Estado. Hasta ahí, nada fuera de lo habitual en la lógica de contratación pública. El problema aparece cuando esos mismos proveedores, casi como un reflejo condicionado, recurren a la consultora privada de la esposa de Adorni para servicios de coaching o asesoramiento. ¿Casualidad? ¿Coincidencia de mercado? ¿O una práctica sistemática que merece ser investigada?

Uno de los casos más concretos —y, por lo tanto, más incómodos— es el de National Shipping SA, una empresa vinculada a YPF. Según la denuncia, esta firma contrató a la consultora +BE, propiedad de Bettina Julieta Angeletti, en tres oportunidades para brindar capacitaciones a sus directivos. El monto total asciende a 6,37 millones de pesos por apenas tres jornadas. Sí, leyó bien: tres días de coaching con un precio que, en cualquier economía golpeada como la argentina, suena por lo menos llamativo.

La defensa empresarial no tardó en aparecer. Argumentan que su vínculo con YPF lleva décadas, que los contratos son previos a la llegada de Adorni y que los servicios contratados fueron reales. Todo eso puede ser cierto. Pero no responde la pregunta de fondo: ¿por qué una empresa con contratos estatales decide contratar, justo, a la consultora vinculada a un funcionario con influencia en ese mismo entramado?

El esquema se amplía cuando se observa la red completa. No se trata solo de una empresa ni de un único contrato. La denuncia menciona también a Grupo Datco, proveedor tecnológico con contratos en múltiples organismos públicos, que habría subcontratado los servicios de la misma consultora. Y suma otro capítulo aún más delicado: la licitación por la concesión de Tecnópolis, valuada en cifras multimillonarias, donde aparece Grupo Foggia, también vinculado a la consultora en cuestión.

El cuadro que se dibuja es, cuanto menos, inquietante. Empresas que dependen del Estado para su facturación, organismos públicos que tercerizan servicios, consultoras privadas que orbitan en ese ecosistema y un funcionario que, aunque no firme contratos directamente, se encuentra en el centro de esa red de relaciones.

Ahora bien, conviene hacer una pausa y reconocer lo evidente: no hay condena judicial. No hay, hasta el momento, una prueba definitiva que confirme la existencia de delito. La causa está en etapa de investigación y deberá ser la Justicia quien determine responsabilidades. Pero reducir el problema a una cuestión de culpabilidad penal sería, en cierto modo, quedarse corto.

Porque incluso si todo fuera legal —y eso está por verse— el interrogante político sigue en pie. ¿Es ético que empresas que contratan con el Estado recurran a servicios de consultoras vinculadas a funcionarios? ¿Es compatible con la promesa de transparencia que el oficialismo repite como mantra? ¿O estamos frente a una versión aggiornada de las viejas prácticas que el propio Milei juró erradicar?

La propia denuncia traza un paralelo incómodo con causas del pasado, como Hotesur o Los Sauces, donde se investigaban circuitos similares de retornos a través de empresas familiares. La comparación no es casual. Apunta a mostrar que, más allá de los discursos ideológicos, ciertos mecanismos de poder parecen repetirse con una persistencia casi obscena.

En ese sentido, el caso Adorni expone una contradicción difícil de disimular. El gobierno que llegó prometiendo terminar con los privilegios de la política enfrenta ahora una acusación que sugiere, precisamente, lo contrario: que los vínculos personales pueden seguir siendo una llave de acceso a negocios lucrativos.

Y hay algo más. En medio de un ajuste feroz, donde se recortan salarios, se paralizan obras y se desfinancian áreas sensibles del Estado, la idea de que millones de pesos puedan circular en circuitos poco transparentes resulta, como mínimo, irritante. Porque no se trata solo de números: se trata de prioridades. De quién paga el costo de la crisis y quién encuentra resquicios para beneficiarse.

La complejidad del caso obliga a no caer en simplificaciones. Puede haber explicaciones legítimas, contratos reales, servicios efectivamente prestados. Pero también puede haber algo más. Algo que, en un país con una larga historia de connivencia entre política y negocios, no debería sorprender, pero sí indignar.

La Justicia tendrá la última palabra. Pero la política, como siempre, juega su propio partido. Y en ese terreno, la denuncia ya produjo un efecto difícil de revertir: instalar la sospecha de que, detrás del discurso anticasta, podrían esconderse prácticas que no son nuevas, sino apenas recicladas.

Porque al final del día, la pregunta no es solo si hubo delito. La pregunta es si el cambio prometido era real o si, como tantas veces en la historia argentina, terminó siendo apenas un cambio de nombres en un sistema que sigue funcionando igual.

Fuente:
https://www.lapoliticaonline.com/politica/denuncian-que-ypf-y-arca-contrataron-a-la-esposa-de-adorni/
https://www.notiar.com.ar/index.php/actualidad1/140356-denuncian-que-arca-banco-nacion-ypf-aerolineas-y-aysa-triangularon-para-contratar-a-la-esposa-de-adorni
https://www.elancasti.com.ar/politica-y-economia/denuncian-adorni-contratos-la-consultora-su-esposa-n608007
https://www.iprofesional.com/politica/451267-adorni-millonario-negocio-esposa-contratista-ypf-preocupacion
https://secure.instagram.com/iprofesional/p/DV-7PgEDLRc/

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