Mientras el ajuste castiga a trabajadores, jubilados y universidades, la CancillerĆa adjudicó mĆ”s de 114 millones de pesos sin licitación a una asociación dirigida por la esposa del ministro Federico Sturzenegger. El caso desnuda contradicciones, tensiones internas y una trama de privilegios que erosiona el relato anticorrupción del oficialismo.
El ministro que predica el Estado mĆnimo y justifica recortes salariales quedó en el centro de una denuncia penal por una contratación directa a la entidad conducida por su esposa. El episodio desató fuego amigo dentro del Gobierno, denuncias judiciales y un debate incómodo sobre transparencia, conflicto de intereses y el verdadero sentido del ajuste libertario.
El gobierno de Javier Milei construyó buena parte de su legitimidad polĆtica sobre una narrativa simple y contundente: el Estado estĆ” lleno de āƱoquisā, el gasto pĆŗblico es un botĆn capturado por vivos de siempre y la Ćŗnica salida posible es la motosierra. Bajo ese paraguas discursivo, se justificaron recortes brutales, licuaciones salariales, ajuste a jubilados, universidades desfinanciadas y hasta la idea de pagar solo la mitad del sueldo a quienes se enferman. Sin embargo, como suele ocurrir cuando el relato choca contra la realidad, la motosierra parece tener filo selectivo.
El escĆ”ndalo que envuelve al ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, no es un ruido menor ni una operación pasajera. Es una grieta profunda en el corazón del discurso oficial. Mientras el funcionario pontifica sobre austeridad y eficiencia, la CancillerĆa adjudicó de manera directa un contrato por mĆ”s de 114 millones de pesos a la Asociación Argentina de Cultura Inglesa, dirigida por su esposa, MarĆa Josefina Rouillet. No hubo licitación. No hubo competencia. Hubo, segĆŗn la documentación oficial, una ācontratación directa por especialidadā. Y ahĆ empieza el problema.
La pregunta que flota, incómoda y persistente, es tan sencilla como devastadora: Āæen serio la capacitación en idioma inglĆ©s del personal de CancillerĆa solo podĆa ser realizada por la institución conducida por la esposa de un ministro clave del gabinete? ĀæNo existen otras entidades, universidades, institutos pĆŗblicos o privados capaces de brindar ese servicio? ĀæO la especialidad, en este caso, fue el parentesco?
La adjudicación, formalizada mediante una disposición fechada el 19 de enero de 2026, encendió todas las alarmas. No solo por el monto, que en un contexto de ajuste feroz resulta obsceno, sino por la modalidad. La contratación directa por especialidad, segĆŗn la normativa vigente, estĆ” pensada para casos excepcionales: obras cientĆficas, tĆ©cnicas o artĆsticas cuya ejecución solo pueda confiarse a un proveedor Ćŗnico. Cuesta imaginar que enseƱar inglĆ©s a diplomĆ”ticos āque para ingresar al ISEN ya deben dominar el idiomaā encaje en esa categorĆa.
La reacción no tardó. Desde la oposición, las crĆticas fueron inmediatas. Margarita Stolbizer puso el foco en lo esencial: la esposa de un ministro no puede ser proveedora del Estado, menos aĆŗn sin licitación, y menos todavĆa cuando el propio Estado cuenta con personal capacitado para brindar esos cursos. El contraste con el ajuste a universidades, jubilados y personas con discapacidad volvió el cuadro todavĆa mĆ”s Ć”spero.
Pero el golpe mĆ”s duro llegó desde el Senado. Juliana Di Tullio anunció que denunciarĆa penalmente a Sturzenegger y fue mĆ”s allĆ” del escĆ”ndalo mediĆ”tico. Apuntó directamente al corazón legal de la maniobra: el uso forzado de la figura de contratación por especialidad. SegĆŗn explicó su entorno, el decreto que regula estas excepciones exige que la idoneidad y la singularidad del proveedor sean determinantes para el cumplimiento de la prestación. Sostener que una capacitación en idiomas solo podĆa ser garantizada por la asociación dirigida por Rouillet resulta, como mĆnimo, forzado.
La senadora tambiĆ©n puso el foco en un aspecto clave: la transparencia. La normativa obliga a informar a la Oficina Anticorrupción cuando existe un vĆnculo entre un funcionario con poder de decisión y un proveedor del Estado. En este caso, aunque la disposición afirma que se detectó un āvĆnculo positivoā y que intervinieron la OA y la SIGEN, no hay constancia pĆŗblica de esas actuaciones. No aparece la publicación obligatoria en el sitio web de la OA. No estĆ” el dictamen completo. Lo que sĆ hay son documentos recortados y respuestas evasivas.
El cruce entre Di Tullio y el canciller Pablo Quirno expuso el nerviosismo oficial. Memes, chicanas y documentos incompletos no alcanzaron para disipar las dudas. Por el contrario, reforzaron la percepción de que el Gobierno intenta tapar un conflicto de intereses con gestos de redes sociales, mientras esquiva las explicaciones de fondo. Cuando la senadora subrayó que el propio documento publicado por CancillerĆa habla de un conflicto āaparenteā, el intento de defensa terminó sonando a confesión.
La situación escaló un peldaƱo mĆ”s cuando los abogados JosĆ© Lucas Magioncalda y Juan MartĆn Fazio, de la agrupación Reset Republicano, presentaron una denuncia penal ante la Justicia Federal. El escrito no solo apunta contra Sturzenegger, sino tambiĆ©n contra autoridades de CancillerĆa y de la Oficina Anticorrupción. Los delitos seƱalados son graves: incumplimiento de deberes de funcionario pĆŗblico y negociaciones incompatibles con la función pĆŗblica.
El núcleo de la acusación es demoledor. Si bien el acto administrativo afirma que se activaron los mecanismos de control previstos en el decreto 202/2017, no existe evidencia pública de que la OA haya cumplido con su obligación de publicar el caso. Esa omisión, sostienen los denunciantes, impidió el conocimiento público de posibles riesgos de interés y afectó un requisito bÔsico de transparencia. No se trata de un tecnicismo: es el corazón del control republicano.
La denuncia tambiĆ©n advierte sobre el ādesdoblamiento del agenteā, una figura jurĆdica que describe al funcionario que actĆŗa simultĆ”neamente como representante del Estado y como particular interesado. En tĆ©rminos simples, la sospecha es que Sturzenegger pudo haber intervenido, directa o indirectamente, para beneficiar a la organización dirigida por su esposa. No hace falta probar una orden explĆcita: basta con demostrar que el interĆ©s existió y que el funcionario tenĆa capacidad de influencia.
El trasfondo del escÔndalo agrega capas de complejidad. Rouillet no es una recién llegada al Estado. Su trayectoria muestra una relación prolongada y constante con cargos públicos y fondos estatales. Fue asesora en el Banco Central, gerenta del Fondo Nacional de las Artes durante el macrismo, funcionaria del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y directora en el Teatro Colón. En todos los casos, su nombre quedó asociado a estructuras estatales, subsidios y programas financiados con recursos públicos.
Incluso su salida del Fondo Nacional de las Artes estuvo vinculada al decreto anti-nepotismo de Mauricio Macri, que obligó a familiares de funcionarios a abandonar cargos. Sin embargo, lejos de marcar un punto de inflexión, ese episodio fue seguido por nuevas vinculaciones con el Estado, esta vez desde el sector privado, a travĆ©s de mecanismos como el mecenazgo cultural, que permiten canalizar fondos con beneficios fiscales. El patrón se repite: Estado, recursos pĆŗblicos y vĆnculos personales entrelazados.
La defensa de la Asociación Argentina de Cultura Inglesa intenta despegarse del escĆ”ndalo con argumentos formales. Sostiene que brinda servicios al Estado desde hace dĆ©cadas, que es una asociación civil sin fines de lucro con casi cien aƱos de trayectoria y que la contratación actual es la continuidad de un programa iniciado en 2018. TambiĆ©n afirma que al momento de enviar el presupuesto no existĆa vĆnculo PEP y que la situación fue informada en el portal COMPRAR cuando correspondĆa.
Sin embargo, incluso aceptando esos argumentos, la pregunta polĆtica sigue en pie. ĀæEs razonable que un gobierno que ajusta hasta el hueso mantenga contratos millonarios con entidades dirigidas por familiares de ministros? ĀæNo habĆa otra alternativa? ĀæNo era, como mĆnimo, prudente abrir una licitación para despejar cualquier sospecha?
El silencio de Sturzenegger frente al escĆ”ndalo resulta elocuente. El ministro que suele ser activo y provocador en redes sociales eligió no decir una palabra. La defensa quedó en manos del canciller y de algunos aliados polĆticos que, lejos de calmar las aguas, profundizaron el malestar interno. Dentro del propio Gobierno hay quienes le pasan factura a Sturzenegger por haber puesto en agenda temas sensibles como los descuentos por licencias mĆ©dicas, justo cuando estallaba este caso.
El episodio no es solo un problema personal para el ministro. Es un boomerang polĆtico para el gobierno de Milei. La bandera anticorrupción, agitada con furia contra gestiones anteriores, se deshilacha cuando aparecen privilegios propios. La motosierra pierde Ć©pica cuando se detiene frente a los vĆnculos familiares. Y el discurso del Estado mĆnimo suena hueco cuando el ajuste cae siempre del mismo lado.
MĆ”s allĆ” de lo que resuelva la Justicia, el daƱo ya estĆ” hecho. La confianza pĆŗblica se erosiona cuando quienes predican sacrificio no parecen dispuestos a aplicarlo en casa. Y en un contexto social asfixiante, donde cada peso cuenta, estos escĆ”ndalos no son detalles tĆ©cnicos: son sĆmbolos de un poder que dice una cosa y hace otra.
Fuente:
https://www.pagina12.com.ar/2026/02/17/sturzenegger-acosado-por-denuncias-judiciales-y-cuestionamientos-internos-de-la-rosada/
https://www.ambito.com/informacion-general/denuncian-penalmente-afederico-sturzeneggery-autoridades-la-oa-una-contratacion-millonaria-vinculada-su-esposa-n6246349
https://www.lapoliticaonline.com/sinseccion/cancilleria-contrato-a-la-esposa-de-sturzenegger-para-que-le-ensene-ingles-al-personal/
