Bahía Blanca: Multitudinaria marcha a 50 años del Golpe de Estado

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Frente al avance del negacionismo oficial y el desmantelamiento del Estado, una multitud histórica reafirmó en la ciudad que el plan económico de la dictadura hoy tiene nuevos ejecutores pero la misma resistencia popular.

A medio siglo del zarpazo genocida que pretendió refundar la Argentina sobre la base del cementerio y la exclusión, Bahía Blanca no fue una ciudad sitiada por el miedo, sino un hervidero de dignidad. Este 24 de marzo de 2026 no fue un aniversario de bronce ni una efeméride vacía de contenido. En un contexto donde el gobierno de Javier Milei intenta, con una crueldad que asombra pero no sorprende, resucitar la teoría de los dos demonios y legitimar el terrorismo de Estado, la respuesta popular en las calles bahienses fue un grito ensordecedor de «Nunca Más». La movilización, que unió los puntos neurálgicos del horror con el corazón cívico de la ciudad, dejó en claro que la memoria no es un objeto de museo, sino una herramienta de lucha contra un presente que huele a rancio neoliberalismo y a desprecio por los vulnerables.

La jornada comenzó allí donde el dolor se vuelve piedra: en el predio de La Escuelita. Sobre el camino a La Carrindanga, el sol de la mañana iluminó los rostros de sobrevivientes, familiares y militantes que, junto al intendente Federico Susbielles, se reunieron para recordar que ese suelo fue testigo del martirio de cientos de bahienses. No es un dato menor la presencia institucional en un momento donde el Ejecutivo Nacional retira partidas, desfinancia sitios de memoria y hostiga a quienes buscan la verdad. En ese centro clandestino, que funcionó bajo la órbita del V Cuerpo de Ejército, se recordó que en Bahía Blanca hubo más de 450 víctimas directas. Los testimonios, cargados de una emoción que el tiempo no logra erosionar, subrayaron que sin el coraje de quienes sobrevivieron al infierno, los nueve juicios de lesa humanidad y los 104 condenados en la región serían apenas una utopía inalcanzable.

Pero la memoria en esta ciudad, históricamente marcada por la complicidad de sectores civiles y judiciales que hoy parecen encontrar un eco nostálgico en la retórica libertaria, se mudó por la tarde al asfalto. A las 16:00, la Plaza Rivadavia se convirtió en un mar de pañuelos blancos y banderas que reclamaban justicia por los 30.000, pero también por los despedidos de hoy, por los jubilados hambreados y por las universidades vaciadas. La columna masiva, integrada por la Red por el Derecho a la Identidad, H.I.J.O.S., la APDH, sindicatos como el SOEESIT y agrupaciones estudiantiles, inició una marcha que no solo recordó el pasado, sino que denunció el presente. Bajo el lema «A 50 años del golpe genocida: El mismo plan, la misma lucha», las consignas fueron dardos directos contra el ajuste brutal y la entrega de la soberanía que encarna la gestión de Milei.

Resulta imposible no trazar un paralelismo, como bien hicieron los documentos leídos en la jornada, entre el modelo económico impuesto a sangre y fuego por Martínez de Hoz y el actual experimento anarcocapitalista. La destrucción del sistema público, los recortes en salud y educación, y la criminalización de la protesta social son las nuevas formas de un viejo objetivo: una Argentina para pocos. En las calles bahienses, la indignación se mezcló con la esperanza cuando se celebró el reciente hallazgo del nieto 140, un recordatorio de que la búsqueda de la verdad no se detiene ante ninguna oficina de gobierno ni ante ningún posteo violento en redes sociales. El despliegue de pañuelos bordados con los nombres de los desaparecidos, recorriendo la calle Sarmiento hacia el Teatro Municipal, fue un acto de amor político frente a la frialdad de los números del mercado.

La movilización también puso el foco en hitos locales que demuestran que, a pesar del viento de cola negacionista, la construcción de memoria sigue expandiéndose. La inauguración del Espacio para la Memoria en el ex centro clandestino de la Prefectura en Ingeniero White es una victoria territorial frente al olvido. Sin embargo, no hay lugar para la complacencia. El documento conjunto leído frente al Teatro Municipal fue incisivo al señalar que el negacionismo frente a hechos probados no es libertad de expresión, sino una reivindicación del genocidio. La incertidumbre que genera el desmantelamiento de las políticas estatales de derechos humanos se sintió en el aire, pero fue respondida con una organización colectiva que desbordó cualquier previsión.

Bahía Blanca, ese territorio tan complejo donde la dictadura tuvo terminales mediáticas y empresariales feroces, demostró este 24 de marzo de 2026 que no está dispuesta a dar ni un paso atrás. El rechazo a las políticas regresivas del gobierno nacional no es solo una postura partidaria, es una defensa de la condición humana. Mientras el oficialismo juega con fuego relativizando el horror, la ciudad se prepara para seguir en la calle. El miércoles 25, las universidades públicas (UNS, UTN y UPSO) tomarán la posta en el rectorado de la UNS bajo la premisa de que el conocimiento sin memoria es solo técnica al servicio del poder. La lucha sigue, porque a 50 años del golpe, ha quedado demostrado que quienes pretenden hambrear al pueblo con recetas neoliberales son los mismos que necesitan el silencio para reinar. Pero Bahía Blanca hoy habló, y su mensaje fue una sentencia: no pasarán.

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