El clamor de una marea humana que desbordó las calles cordobesas para notificarle al poder central que la memoria no es negociable ni se rinde ante el ajuste.
A cincuenta años de la irrupción de la noche autoritaria, la Docta se transformó en el epicentro de una desobediencia civil y cultural contra el intento de la administración de Javier Milei de canjear derechos por mercado. Bajo la sombra de los Tribunales Federales y con el eco de las nuevas identificaciones de La Perla, miles de gargantas reafirmaron que el «Nunca Más» es la única barrera biológica frente a un modelo que reedita la miseria planificada de 1976.
La ciudad de Córdoba no solo marchó; Córdoba lanzó un grito coral. Este 24 de marzo de 2026 quedará sellado en la historia como el momento en que la dignidad colectiva decidió plantarse frente a la soberbia de un gobierno que, desde la frialdad de los despachos en Buenos Aires, pretende reescribir la tragedia argentina con la tinta del negacionismo. La movilización por el 50° aniversario del golpe cívico-militar no fue un acto de nostalgia, sino un ejercicio de legítima defensa. Desde la icónica intersección de Colón y Cañada, una marea humana comenzó a fluir con la fuerza de un río que sabe que su cauce es la verdad. No hubo protocolo de seguridad que pudiera contener la urgencia de un pueblo que ve cómo, medio siglo después, los mismos fantasmas del saqueo económico regresan disfrazados de «libertad».
El recorrido de este año fue un manifiesto en sí mismo. Al desviar la columna tradicional hacia los Tribunales Federales en Ciudad Universitaria, la Mesa de Trabajo por los Derechos Humanos de Córdoba envió un mensaje teledirigido a la Casa Rosada: la justicia no es una variable de ajuste ni un estorbo para el mercado. Mientras el oficialismo intenta imponer la falacia de la «historia completa» para licuar la responsabilidad del terrorismo de Estado, las calles de Córdoba respondieron con la contundencia de los hechos. La reciente identificación de 12 personas desaparecidas en el centro clandestino La Perla, gracias al trabajo ético y científico del Equipo Argentino de Antropología Forense, funcionó como un rayo de luz que atravesó la niebla del revisionismo libertario. Estudiantes de la Universidad Nacional de Córdoba y obreros de Fiat y Materfer, cuyos nombres fueron rescatados del silencio justo antes de este aniversario, marcharon en las banderas de sus hijos y nietos, recordándole al presidente Milei que los desaparecidos no son una estadística en disputa, sino una herida abierta que exige reparación, no burlas institucionales.
La atmósfera en la Avenida Hipólito Yrigoyen estaba cargada de una electricidad que mezclaba el dolor histórico con la bronca del presente. No es posible escindir la memoria del 76 de la crueldad económica de 2026. Las consignas de la marcha denunciaron con precisión quirúrgica el hilo conductor que une el programa de Martínez de Hoz con el experimento actual de desguace estatal. El conflicto con ATE Córdoba, motorizado por la clausura de la Agencia Territorial y el cese del programa «Volver al Trabajo», puso de manifiesto que el hambre vuelve a utilizarse como una herramienta de disciplina social. El cierre de comedores y la asfixia a las familias no son errores de cálculo; son la ejecución de un plan que necesita la desarticulación del tejido solidario para prosperar. En este contexto, la columna de la UNC, con sus banderas en alto contra el ahogo presupuestario, recordó que la universidad pública sigue siendo ese territorio rebelde que la dictadura no pudo domar y que el neoliberalismo actual no podrá comprar.
La presencia de las «Pérez Correa» como maestras de ceremonia en el acto central aportó la acidez necesaria para desnudar la «crueldad institucional» de un gobierno que parece disfrutar del desamparo ajeno. El humor se transformó en trinchera, permitiendo que la crítica política calara hondo en una multitud que ya no solo reclama por el pasado, sino que exige transparencia frente a un poder que opera bajo lógicas de casta financiera. La movilización también fue un llamado de atención al gobierno provincial, cuya tibieza frente al avance de las políticas nacionales fue cuestionada por los organismos, exigiendo una protección real de los sitios de memoria que hoy se encuentran bajo la amenaza del desfinanciamiento y el olvido planificado.
Cuando el «Memoria Fest» comenzó a sonar frente a los Tribunales Federales, con las voces del Dúo Coplanacu y José Luis Aguirre elevándose sobre la Ciudad Universitaria, quedó claro que la batalla por el sentido sigue más viva que nunca. La cultura, ese blanco predilecto del odio libertario, se reafirmó como el refugio de la identidad nacional. Este 24 de marzo de 2026 no fue el cierre de una etapa por cumplirse medio siglo; fue el relanzamiento de un compromiso innegociable. Córdoba demostró que frente al individualismo depredador y al negacionismo de Estado, la respuesta siempre será colectiva, solidaria y profundamente política. El clamor de la Plaza España y el silencio respetuoso frente a los nombres de los nuevos identificados de La Perla son la prueba de que el pueblo argentino ha aprendido la lección más valiosa: la memoria es el único escudo capaz de proteger la democracia de sus propios depredadores.

