Rial desafía al Gobierno: “Si siguen negando, aparecen los audios completos”

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El abogado de Diego Spagnuolo intentó frenar la causa alegando que los audios fueron creados con inteligencia artificial, pero las revelaciones difundidas por Jorge Rial y Mauro Federico vuelven a encender un escándalo que roza de lleno al corazón político del gobierno de Javier Milei.

Mientras la defensa del ex titular de la ANDIS asegura que las grabaciones son falsas y exige la nulidad del expediente, las conversaciones filtradas describen un presunto sistema de recaudación ilegal que involucraría a laboratorios, droguerías y funcionarios de absoluta cercanía a Karina Milei. Las tensiones crecen, la batalla judicial se profundiza y la reacción del oficialismo vuelve a quedar envuelta en sospechas y silencios incómodos.

La defensa del ex titular de la ANDIS, Diego Spagnuolo, desembarcó en los medios con un mensaje directo y contundente: “Los audios son falsos y fueron editados con inteligencia artificial”. La frase, lanzada por su abogado Mauricio D’Alessandro, buscó instalar la idea de una operación burda, un montaje armado para ensuciar a un funcionario del gobierno de Javier Milei. Pero la estrategia no solo no calmó las aguas, sino que las agitó aún más. Porque negar la veracidad de grabaciones que llevan meses circulando, que fueron reconstruidas públicamente y que incluso contienen detalles internos del funcionamiento de la Secretaría General de Presidencia, no hace desaparecer el problema: lo vuelve más grande.

D’Alessandro sostuvo que la causa está bajo secreto hace cincuenta días, que no hay acceso a los expedientes y que lo único que conocen es lo aportado por el periodista Mauro Federico. Su planteo es claro: si los audios son falsos, no pueden considerarse ni indicios. Apeló a la clásica doctrina del “fruto venenoso”, como si el intento de borrar la escena bastara para erradicar el olor a podrido. Y sin embargo, es justamente ese aroma el que se sigue expandiendo mientras la Cámara Federal Porteña escucha a cada una de las partes involucradas, intentando desentrañar si corresponde o no anular la investigación.

El caso, de por sí complejo, se volvió todavía más espinoso cuando la defensa de los dueños de la droguería Suizo Argentina —Eduardo, Jonathan y Emmanuel Kovalivker— alegó que los hechos ya fueron investigados en otra causa que terminó archivada por inexistencia de delito. Presentaron el principio de non bis in idem, como si el capítulo se hubiera cerrado para siempre. Pero los audios, aun negados, siguen ahí, latentes, incómodos, como una sombra que no se puede tapar con las manos.

La reacción de Jorge Rial ante la negación fue inmediata y explosiva. El conductor, responsable junto a Mauro Federico de la difusión de las grabaciones desde su programa en el canal Carnival, no tardó en lanzar una advertencia que retumbó en todos los pasillos: “No vaya a ser cosa que aparezcan los audios completitos”. Es una frase áspera, directa, con ese tono de “ojo que sé más de lo que dije” que suele incomodar a los poderes de turno. Rial incluso fue más lejos, deslizando sin vueltas que el oficialismo tal vez “hubiera preferido dejar las cosas como estaban y haber entregado el culo de Spagnuolo”. Una frase brutal, sí, pero que retrata el nivel de tensión y la magnitud del escándalo.

Los audios, negados por la defensa, incluyen afirmaciones que, de comprobarse, comprometerían a la cúpula del poder político del gobierno de Milei. En uno de ellos, la voz atribuida a Spagnuolo no solo admite una estructura de recaudación ilegal vinculada a la compra y venta de medicamentos, sino que además menciona que los laboratorios deben aportar un porcentaje para garantizar contratos con el Estado. Ese porcentaje —aproximadamente un 3 por ciento— habría ido directamente a Karina Milei, la hermana del Presidente y figura clave en la administración libertaria.

Ese fragmento, perfectamente distinguible, no es una especulación ni un rumor filtrado. Es una frase directa: “Tengo todos los WhatsApps de Karina”, dice la voz adjudicada a Spagnuolo, mientras describe un sistema de recaudación que supuestamente articula la Suizo Argentina con la Secretaría General de Presidencia, bajo la coordinación de Karina Milei y Eduardo “Lule” Menem. No es un comentario al pasar: es un señalamiento con nombre, apellido y función.

Esta descripción de la operatoria, que lleva meses circulando, nunca fue desmentida con pruebas concretas por el Gobierno. La respuesta oficialista fue, hasta ahora, una mezcla de silencios, acusaciones vagas de complot y, en este caso puntual, la apelación a la inteligencia artificial como mecanismo para neutralizar el impacto mediático. La estrategia ya es conocida: cuando un problema político golpea de lleno, se intenta transformar en una conspiración tecnológica, una supuesta manipulación digital. Pero la IA, por sí sola, no borra el contenido ni responde las preguntas de fondo.

El caso Spagnuolo se transforma, con cada intervención pública, en un síntoma de algo más profundo: la fragilidad institucional del gobierno de Javier Milei frente a sus propios escándalos. Porque mientras el oficialismo intenta mostrarse firme, eficiente y moralizador, las revelaciones que surgen de su propio aparato político pintan un cuadro completamente distinto. La trama de coimas entre un organismo estatal y una de las droguerías más importantes del país no solo demuestra la existencia de mecanismos turbios. También expone la vulnerabilidad de un gobierno que llegó prometiendo transparencia absoluta.

La decisión de la Cámara Federal será clave para entender qué rumbo tomará la investigación. Pero más allá de la judicialización, lo que quedó a la vista es un sistema que, lejos de la épica libertaria, reproduce prácticas que el propio Milei decía combatir. La hermana del Presidente, convertida en una figura de poder que opera sin cargo formal pero con influencia real, aparece nuevamente en el centro de una polémica que desnuda la crudeza de las internas y la falta de controles. Y el silencio del Gobierno, otra vez, se vuelve parte del problema.

No se trata solo del contenido de los audios, sino del clima que generan. La sensación de que se está ocultando algo. La percepción de que el poder político está más ocupado en blindarse que en aclarar. La intuición de que, si hay más material grabado, puede terminar golpeando aún más arriba. Y la certeza, cada vez más extendida, de que la supuesta modernización moral que prometía Milei se encuentra lejos de concretarse.

El caso Spagnuolo no es un episodio aislado. Es un espejo que devuelve una imagen incómoda del gobierno libertario: una administración que reacciona con soberbia, improvisación y ataques mediáticos cuando el escándalo toca a los propios. Mientras tanto, la ciudadanía observa cómo los defensores oficiales se enredan en explicaciones forzadas, como si bastara con pronunciar las palabras “inteligencia artificial” para borrar lo que ya nadie puede desescuchar.

Si finalmente aparecen “los audios completitos”, como deslizó Rial, el impacto político podría ser devastador. Y si no aparecen, el daño ya está hecho. Porque la duda —esa que crece cuando el poder niega sin pruebas— siempre deja huella. Y en un gobierno que prometió ser diferente, la sombra de un posible mecanismo de recaudación ilegal es un golpe que, por ahora, nadie logra desactivar.

Fuente:

.https://noticias.perfil.com/noticias/politica/rial-contra-el-abogado-de-spagnuolo-no-vaya-a-ser-que-salgan-los-audios-completos.phtml