FATE cierra y deja en la calle a casi mil familias: la apertura importadora de Milei se cobra otra víctima histórica

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La fábrica de neumáticos con más de 80 años de historia anunció el cierre definitivo de su planta en San Fernando. Despidos masivos, tensión policial y un conflicto que expone el impacto social del modelo económico libertario.

La clausura de FATE no es un hecho aislado sino la consecuencia directa de la apertura indiscriminada de importaciones, la caída del mercado interno y la ausencia total de políticas de defensa industrial. Mientras el Gobierno celebra el “libre mercado”, más de 920 trabajadores quedan sin empleo y el cordón industrial bonaerense pierde una de sus columnas históricas.

El cartel apareció de madrugada, frío y escueto, como si la historia industrial de la Argentina pudiera borrarse con un papel pegado en una reja. Cuando los trabajadores de FATE llegaron a la planta de San Fernando para iniciar su turno, se encontraron con la noticia que nadie quiere leer: la fábrica cerraba de manera definitiva. No había asamblea previa, no hubo diálogo, no existió transición. Solo un comunicado anunciando el cese total de actividades y la extinción de todos los contratos laborales. Así, de un día para el otro, 920 trabajadores quedaron en la calle y una empresa emblemática bajó la persiana después de más de ocho décadas de producción ininterrumpida.

La escena que siguió fue tan previsible como dolorosa. Tensión en los portones, presencia policial dentro y fuera del predio, trabajadores subidos a los techos, alambrados cruzados y un clima de incertidumbre que fue creciendo con el correr de las horas. Algunos ingresaron a la planta para resistir el cierre, otros permanecieron afuera acompañando con asambleas improvisadas. Las familias empezaron a llegar, mate en mano, con lágrimas, bronca y una pregunta que nadie podía responder: ¿qué hacemos ahora?

El cierre de FATE no es un rayo en cielo despejado. Es el resultado de un proceso que viene incubándose desde hace meses y que se aceleró brutalmente con las políticas económicas del gobierno de Javier Milei. La empresa lo explicó con una fórmula conocida: “cambios en las condiciones de mercado”. Detrás de esa frase neutra se esconde una realidad concreta y devastadora: la apertura indiscriminada de importaciones y el ingreso masivo de neumáticos chinos, que en 2025 alcanzaron niveles récord y pulverizaron la producción local.

Hoy, entre el 85 y el 90 por ciento de los neumáticos que se venden en la Argentina son importados. FATE, como otras empresas del sector, estaba trabajando apenas al 30 por ciento de su capacidad instalada, en un contexto donde la industria del caucho en su conjunto se encuentra hundida. Competir en esas condiciones es prácticamente imposible. No hay escala, no hay protección, no hay política industrial que amortigüe el golpe. Hay, en cambio, un dogma: dejar hacer, dejar pasar, aunque el costo sea la destrucción del entramado productivo nacional.

La decisión empresarial fue presentada como un cierre ordenado. No habrá concurso de acreedores ni procedimiento preventivo de crisis. Se pagarán indemnizaciones conforme a la ley vigente y se cancelarán compromisos con proveedores y bancos. Incluso la empresa buscó anticiparse a la reforma laboral en debate para despedir bajo el marco normativo actual, que todavía contempla indemnizaciones más altas. Pero esa formalidad legal no alcanza para tapar el impacto social. Las indemnizaciones, como advierten los propios trabajadores, se evaporan rápido en un país con inflación, desempleo creciente y un mercado laboral cada vez más precarizado.

FATE no era una pyme marginal ni una fábrica obsoleta. Era una planta de 40 hectáreas, con más de 157.000 metros cuadrados cubiertos y capacidad para producir más de cinco millones de cubiertas por año. Fue pionera en la fabricación de neumáticos radiales en la Argentina, abasteció a la industria automotriz local y exportó a mercados exigentes como Europa y Estados Unidos. Durante años fue sinónimo de inversión, desarrollo tecnológico y empleo calificado. Hoy, esa historia parece no valer nada frente al nuevo credo económico.

El conflicto laboral escaló rápidamente. El Sindicato Único de Trabajadores del Neumático de Argentina denunció que el cierre es ilegal y que viola una cláusula de no despidos vigente hasta el 30 de junio de 2026. Alejandro Crespo, su secretario general, sostuvo que la empresa tiene espalda económica suficiente para sostener la actividad y que el problema no es productivo sino político. Según el gremio, los últimos balances de la compañía fueron positivos y no existía una crisis que justificara una decisión tan extrema.

La respuesta del Estado fue, una vez más, el despliegue policial. Hubo denuncias de represión, uso de balas de goma, detenciones momentáneas y una “militarización” del predio que profundizó el conflicto en lugar de encaminar una solución. El mensaje es claro y se repite: cuando el capital decide cerrar, el Estado se retira; cuando los trabajadores protestan, el Estado aparece con uniformes y patrulleros.

Pero detrás de las cifras y los comunicados hay vidas concretas. Trabajadores con veinte o treinta años de antigüedad que sostienen hogares enteros con un solo sueldo. Familias endeudadas, alquileres impagos, hijos estudiando en la universidad pública, tratamientos médicos en curso, discapacidades que requieren cobertura. Muchos ya hacen cuentas para sobrevivir manejando para aplicaciones, haciendo delivery o trabajando doce horas para ganar menos de lo que cobraban en la fábrica. No es una elección, es un salvavidas precario en un mar cada vez más agitado.

La clausura de FATE también enciende luces de alarma en todo el sector. Pirelli y Bridgestone ya atravesaron procesos de despidos y reducción de personal en los últimos años. La capacidad instalada industrial se desploma y se ubica por debajo de los niveles de la pandemia. El cierre de una empresa de este tamaño marca un punto de inflexión: es la primera gran fábrica que abandona la actividad bajo el gobierno de Milei, pero difícilmente sea la última si el rumbo no cambia.

Desde el sindicalismo, la lectura es contundente. Se trata de una reedición agravada de las políticas neoliberales de los años noventa, con apertura importadora, desindustrialización y abandono del mercado interno. Ya ocurrió antes. Ya se fueron empresas. Ya quedaron miles en la calle. Y el resultado fue un país más desigual, más dependiente y más frágil.

El gobierno insiste en que el ajuste es necesario y que el mercado se ordena solo. La realidad muestra otra cosa. Muestra fábricas cerradas, trabajadores reprimidos y comunidades enteras golpeadas. Muestra que la “libertad” económica sin reglas no libera: arrasa. Y que cuando el Estado renuncia a defender la producción nacional, lo que queda no es eficiencia sino desolación.

FATE baja la persiana, pero el conflicto sigue abierto. Los trabajadores prometen resistir, las familias acompañan y el cordón industrial del norte bonaerense pierde una de sus piezas clave. Lo que está en juego no es solo el futuro de una empresa, sino el modelo de país que se está construyendo. Uno donde importar es más fácil que producir y donde el costo siempre lo pagan los mismos.

Fuente:
https://www.lapoliticaonline.com/empresas/crisis-industrial-fate-anuncio-su-cierre-definitivo-y-echa-a-920-trabajadores/
https://www.minutouno.com/economia/fate-anuncio-su-cierre-definitivo-y-el-despido-casi-mil-empleados-n6246646
https://www.infobae.com/economia/2026/02/18/cierre-de-fate-en-vivo-tension-en-la-fabrica-de-neumaticos-tras-los-despidos-minuto-a-minuto/
https://www.pagina12.com.ar/2026/02/18/cierre-de-fate-denuncian-despidos-ilegales-y-exigen-la-reapertura-de-la-planta/

 

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