De espaldas a la calle y a los derechos: el Senado le dio media sanción a la reforma laboral de Milei en una sesión marcada por la represión y el secretismo. Con 42 votos a favor y negociaciones cerradas a último momento, el oficialismo consiguió avanzar con una reforma laboral resistida por los trabajadores, cuestionada por la oposición y votada mientras afuera del Congreso la protesta social era reprimida. El texto final se conoció cuando la sesión ya estaba prácticamente terminada.
En una jornada atravesada por la represión policial, acuerdos a puertas cerradas y un debate parlamentario condicionado por la urgencia política del Gobierno, el Senado otorgó media sanción a la reforma laboral impulsada por el presidente Javier Milei. El proyecto, que modifica más de 40 leyes, avanza ahora hacia Diputados cargado de cuestionamientos constitucionales, denuncias de pérdida de derechos y la sombra de un ajuste que vuelve a descargar su peso sobre el mundo del trabajo.
El Senado aprobó en general la reforma laboral en una de las sesiones más tensas y opacas de los últimos años. Mientras en las inmediaciones del Congreso la Policía reprimía con gases lacrimógenos a quienes se manifestaban contra el proyecto, dentro del recinto el oficialismo cerraba acuerdos contrarreloj para alcanzar los 42 votos necesarios que le permitieron cantar victoria. La escena fue elocuente y difícil de disimular: una reforma estructural del régimen laboral argentino avanzó de espaldas a la calle, con el texto definitivo circulando recién cuando el debate ya estaba prácticamente clausurado.
La media sanción no fue producto de un consenso amplio ni de una discusión transparente. Fue el resultado de una negociación fragmentada, cargada de concesiones de último momento, presiones cruzadas y una estrategia política clara: mostrar gobernabilidad a cualquier costo, aun cuando ese costo implique retroceder en derechos laborales consagrados desde hace décadas. El peronismo votó en bloque contra la iniciativa, sin fisuras, mientras que el oficialismo logró sumar a la UCR, el PRO y a senadores que responden directamente a gobernadores provinciales, algunos de ellos reticentes hasta horas antes de la votación.
El texto final se conoció pasada la medianoche, a las 0.36, cuando la presidenta del bloque de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich, daba su discurso de cierre. Hasta ese momento, incluso senadores que debían votar desconocían con precisión qué artículos se estaban discutiendo. El secretismo fue tal que varios legisladores admitieron haberse enterado de las modificaciones horas antes de sentarse en sus bancas, sin margen real para analizarlas ni proponer cambios.
En el recinto, el debate expuso dos miradas irreconciliables sobre el trabajo y el rol del Estado. Para el oficialismo, la reforma es presentada como una modernización necesaria frente a un sistema “anclado en el pasado”. Para la oposición, se trata de un ajuste encubierto que precariza, debilita la negociación colectiva y favorece a los sectores empresariales en detrimento de los trabajadores. El cruce más descarnado se dio cuando se defendió la idea de que “contratar hoy es un acto de riesgo”, una frase que sintetiza el núcleo ideológico del proyecto: el problema no es la falta de empleo sino los derechos laborales que, según el Gobierno, desalientan la contratación.
Uno de los puntos más cuestionados fue la creación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), una herramienta presentada como alternativa al sistema tradicional de indemnizaciones. Según se discutió en el recinto, este fondo será financiado por aportes patronales y administrado por entidades privadas, sin que quede claramente garantizado el acceso del trabajador en caso de quiebra del empleador. La indefinición no es menor: incluso durante la sesión, los senadores oficialistas no pudieron explicar con precisión si el trabajador tendría derecho efectivo a esos fondos. La respuesta fue tan vaga como inquietante: “lo definirá el juez”.
Desde la oposición, se advirtió que el FAL funciona como un canal de despidos baratos y como un nuevo negocio financiero, con reminiscencias directas del sistema de AFJP. La crítica apuntó a que el proyecto no busca generar empleo genuino sino reducir costos empresariales, limitar la litigiosidad laboral y desarmar el entramado de protección construido a lo largo de décadas. En ese marco, se habló sin rodeos de “despido gratuito” y de una reforma pensada más para los mercados que para los trabajadores.
Las modificaciones de último momento fueron claves para destrabar apoyos. El oficialismo eliminó el artículo que reducía el Impuesto a las Ganancias, una demanda explícita de los gobernadores que temían un impacto directo en la coparticipación. También accedió a mantener los aportes solidarios a los sindicatos, aunque con un tope del 2%, y a postergar hasta 2028 algunos cambios sensibles, como el desfinanciamiento del INCAA. Cada concesión fue parte de un toma y daca que dejó al descubierto la fragilidad política del Gobierno y su dependencia de aliados circunstanciales.
Otro aspecto central fue la incorporación del acuerdo para transferir la Justicia Laboral nacional a la órbita de la Ciudad de Buenos Aires. Se trata de una modificación de enorme impacto institucional, impulsada por la Casa Rosada en acuerdo con el gobierno porteño, que redefine competencias judiciales sin un debate profundo ni consensos amplios. A esto se suma la posibilidad de que las sentencias laborales sean pagadas en cuotas, una medida que diluye el carácter reparador de los fallos judiciales y traslada el peso de la espera al trabajador.
La reforma también introduce cambios en licencias por enfermedad, con mayores controles, exigencias de certificados digitales y escalas diferenciadas según la conducta del trabajador, reforzando una lógica de sospecha permanente. Se habilita el fraccionamiento de vacaciones, se elimina el aguinaldo del cálculo indemnizatorio y se abre la puerta a esquemas como el banco de horas, que en los hechos pueden licuar el pago de horas extras. Todo bajo el argumento de la flexibilidad y la competitividad, palabras que en el discurso oficial funcionan como sinónimo de ajuste.
Mientras tanto, afuera del Congreso, la postal era otra. La movilización contra la reforma fue reprimida, la plaza vaciada a fuerza de gases y el mensaje fue inequívoco: la discusión parlamentaria avanzó blindada por un operativo de seguridad que buscó silenciar el rechazo social. La desconexión entre la calle y el recinto fue total. Adentro se hablaba de modernización; afuera, de derechos que se van.
El oficialismo celebró la media sanción como un triunfo político después de un año de derrotas legislativas. Pero ese triunfo llega cargado de costos. La reforma laboral nace cuestionada, con serias objeciones constitucionales, denunciada por violar el artículo 14 bis y acuerdos internacionales, y con un consenso social frágil, por no decir inexistente. La apelación constante a que “el sistema fracasó” omite un dato central: las experiencias más recientes de flexibilización laboral en la Argentina, desde la dictadura hasta los años noventa, no generaron más empleo ni mejores salarios. Generaron precariedad.
El proyecto ahora pasa a la Cámara de Diputados, donde el Gobierno intentará repetir la estrategia de negociaciones parciales y acuerdos tácticos. Pero lo ocurrido en el Senado deja una enseñanza difícil de ignorar: cuando una reforma de esta magnitud necesita ocultarse hasta el último minuto y aprobarse mientras se reprime la protesta social, algo huele mal. Y no es precisamente el “atraso” del derecho laboral.
Fuente:
https://www.pagina12.com.ar/2026/02/12/de-espaldas-a-la-represion-el-senado-se-encamina-a-sancionar-la-reforma-laboral/
https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/milei-logro-un-triunfo-politico-y-consiguio-la-media-sancion-de-su-reforma-laboral/
https://www.eldiarioar.com/politica/reforma-laboral-bullrich-confia-numero-aprobar-proyecto-tambalean-articulos_1_12983814.html
Mientras afuera del Congreso reprimían la protesta, adentro el Senado aprobó una reforma laboral hecha a espaldas de los trabajadores. Cambios ocultos, derechos recortados y un Gobierno que celebra un “triunfo” que huele a ajuste. Leé la nota completa y sacá tus propias conclusiones.
URLs de las fuentes:
https://www.pagina12.com.ar/2026/02/12/de-espaldas-a-la-represion-el-senado-se-encamina-a-sancionar-la-reforma-laboral/
https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/milei-logro-un-triunfo-politico-y-consiguio-la-media-sancion-de-su-reforma-laboral/
https://www.eldiarioar.com/politica/reforma-laboral-bullrich-confia-numero-aprobar-proyecto-tambalean-articulos_1_12983814.html




















Deja una respuesta