Chau asado: el consumo de carne en Argentina es el más bajo en 20 años

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EL BANQUETE DE LA CASTA Y EL PLATO VACÍO DEL PUEBLO: EL ASADO SE VOLVIÓ UN LUJO PROHIBIDO EN LA ERA MILEI

La Argentina libertaria bate un récord histórico de miseria al registrar el consumo de carne más bajo en las últimas dos décadas

Entre la soberbia de un atril que desprecia la justicia social y una inflación que devora los salarios, el ritual del asado agoniza bajo el peso de un modelo que celebra el superávit financiero sobre el hambre de las familias mientras el kilo de los cortes populares ya es una quimera para el trabajador promedio.

En la Argentina de Javier Milei, el olor a asado de los domingos se ha transformado en un recuerdo borroso, una especie de reliquia arqueológica que sobrevive apenas en la memoria de una clase media y trabajadora hoy desplazada al ostracismo alimentario. Lo que antes era un derecho cultural y un símbolo de identidad nacional, hoy es el marcador más preciso del fracaso estrepitoso de un experimento neoliberal que ha decidido usar el hambre como herramienta de disciplina social. No se trata de una percepción subjetiva ni de un «relato» de la oposición; los números que arroja la realidad son tan crudos como los mostradores vacíos de las carnicerías de barrio: el consumo de carne vacuna en el país ha caído a su nivel más bajo en los últimos 20 años. Es una bofetada de realidad que retumba en las panzas vacías de millones de compatriotas, mientras desde los despachos oficiales se jactan de una «macroeconomía sana» que solo existe en las planillas de Excel de un ministerio que no pisa el barro.

Resulta verdaderamente revulsivo observar cómo la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (Ciccra) expone que la industria frigorífica atraviesa uno de sus niveles de actividad más bajos de los últimos 47 años. No es un error de cálculo, es el resultado directo de una política de «motosierra» que, lejos de cortar privilegios, ha cercenado el acceso a la proteína básica. El kilo de asado ya supera los 16.000 pesos en muchas góndolas, acumulando aumentos que en algunos cortes orillan el 60% en apenas doce meses. Esta suba demencial ha expulsado a los argentinos de su propia tradición, obligándolos a realizar un «tarjeteo» desesperado para comprar lo básico. Es desgarrador conocer testimonios de almaceneros que relatan cómo sus clientes piden pagar en cuotas compras de apenas 3.500 pesos o utilizan el crédito para saldar tickets de 2.000 pesos. ¿Esta es la libertad que prometieron? ¿La libertad de endeudarse para comer? El cinismo oficial no tiene límites cuando se contrasta esta miseria con el patrimonio de personajes como Manuel Adorni, quien casi duplicó sus bienes antes de asumir, o la opulencia de una «Jefa» que maneja el Estado como una estancia propia mientras el pueblo hace malabares para no caer en la indigencia absoluta.

La profundidad de esta crisis no solo se mide en kilos, sino en la degradación de la vida cotidiana. Ocho de cada diez trabajadores asalariados hoy confiesan que no pueden comer bien durante su jornada laboral. El modelo de Milei ha generado una nueva categoría social: el trabajador pobre, aquel que teniendo un empleo registrado y cumpliendo sus horas, debe recurrir a las ollas populares porque el sueldo se le escurre entre los dedos antes de llegar a la mitad del mes. Es la «paradoja de Milei», como bien señala el sector industrial, donde parece que el médico quiere que el paciente se muera para demostrar que su teoría es correcta. Mientras el presidente viaja a Hungría para abrazarse con la ultraderecha de Viktor Orbán y tildar de «pichón de tirano» a quien se le cruce, en su propio país se pierden 330.000 empleos en un año y la desocupación ya trepó al 7,5%. La destrucción del tejido productivo es total: fábricas de calzado como Bicontinentar pasan de producir millones de pares a fabricar absolutamente nada, dejando familias en la calle que terminan viviendo, literalmente, dentro de los frigoríficos donde antes trabajaban porque ya no pueden costear un alquiler. Es una escena de terror que supera cualquier ficción distópica.

El chamuyo de la «batalla cultural» y la «psico-economía» es la cortina de humo con la que intentan tapar una estafa electoral monumental. Nos hablan de cambiar la mentalidad para aceptar la miseria como un paso necesario, pero no explican por qué para la casta libertaria siempre «hay plata». El escándalo de la criptomoneda $LIBRA, donde se sospecha que los hermanos Milei cobraron fortunas por promocionar una estafa piramidal, es la contracara perfecta de la heladera vacía del jubilado. Mientras el fiscal Taiano es cuestionado por «dormir» pruebas que comprometen al poder, el Riesgo País retorna a los 600 puntos y el consumo interno cae en picada, demostrando que el único sector dinámico es el de la timba financiera y el saqueo de recursos naturales. El oro se lo llevan gratis, los glaciares están en peligro bajo una ley que busca el desguace ambiental, y el pueblo se queda con las sobras de un banquete al que nunca fue invitado. La incertidumbre sobre si el asado volverá alguna vez a las mesas familiares es el sentimiento que domina las barriadas, donde la bronca empieza a ganarle al miedo.

No podemos ser ingenuos: este es un plan sistemático de transferencia de ingresos desde los que menos tienen hacia los sectores más concentrados de la economía. Es el neoliberalismo en su fase más salvaje y cruel, ese que desprecia la solidaridad y criminaliza la protesta. A pocos días de cumplirse 50 años del golpe de Estado de 1976, la ONU advierte sobre retrocesos alarmantes en derechos humanos en la Argentina de Milei. No es casualidad: este gobierno intenta reivindicar el horror para justificar el presente de exclusión. El indulto a los genocidas que sobrevuela los pasillos de la Rosada es el mismo desprecio por la vida que muestran al vaciar los comedores comunitarios. Pero el pueblo tiene memoria y sabe que sin justicia social no hay paz duradera. La lucha por el plato de comida, por el trabajo digno y por el derecho a vivir en una sociedad justa es la que se dará en cada calle y en cada plaza este 24 de marzo. Porque un país donde el asado es un lujo para pocos es un país que ha perdido su rumbo, y solo la organización popular podrá devolverle la dignidad a la mesa de los argentinos frente a los «vendedores de buzones» que hoy nos gobiernan con el látigo del ajuste y el veneno de la indiferencia.

Fuente:

  • https://adnweb.com.ar/economia/todos-los-dias-revisa-tu-cuenta_a687971bbc08e1c145fe45e0c
  • https://noticiasargentinas.com/economia/el-pbi-alcanzaria-su-maximo-historico-pero-la-desocupacion-sube-por-falta-de-empleo_a69beb18d7825f88153602810
  • https://www.lapoliticaonline.com/nota/el-consumo-de-carne-es-el-el-mas-bajo-en-mas-de-20-anos-y-el-derrumbe-de-la-faena-supera-los-dos-digitos/
  • https://www.eldiarioar.com/economia/kilo-asado-supera-16-000-cortes-subieron-60-12-meses-consumo-carne-cayo-menor-nivel-20-anos_1_11111111.html
  • https://www.infogremiales.com.ar/la-destruccion-industrial-golpea-con-dureza-y-hubo-unos-7-mil-despidos-en-el-parque-industrial-de-pilar-desde-septiembre-de-2025/

 

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