Cronica de un final anunciado: ¿Renuncia Adorni?

Compartí esta nota en tus redes

El vocero presidencial, cercado por denuncias de corrupción y el fuego amigo del karinismo, camina por la cuerda floja mientras la sociedad se moviliza masivamente contra el negacionismo y el ajuste. La caída del funcionario que mejor encarna el cinismo libertario parece inminente.

La ironía del destino podría situar la salida del hombre que desprecia el Estado en coincidencia con el cincuentenario del golpe genocida, un día donde la verdad histórica y la demanda de justicia social siempre terminan ganando la calle frente a la impunidad de los que mandan.

El aire en los pasillos de la Casa Rosada se ha vuelto irrespirable para Manuel Adorni. Lo que comenzó como una mancha de aceite se ha transformado en un tsunami de mugre que amenaza con llevarse puesto al vocero que, hasta hace poco, se sentía intocable detrás de su atril de conferencias matutinas. El rumor de su renuncia ya no es una expresión de deseo de la oposición, sino un dato que circula con fuerza en el propio «karinismo», donde ya dan por hecho que el ciclo del jefe de gabinete comunicacional está agotado porque, lisa y llanamente, está destruyendo la imagen de Javier Milei.

La pregunta que quema en el círculo rojo libertario no es si se va, sino cuándo ocurrirá el portazo. Y todas las miradas apuntan, con una carga simbólica que hiela la sangre, a la semana del 24 de marzo, el día en que la Argentina se moviliza para recordar que el horror no puede repetirse y que la impunidad tiene un límite infranqueable.

Resulta verdaderamente obsceno, por no decir una caradurez total, observar cómo el discurso de la austeridad y el «no hay plata» se detiene justo antes de entrar en los hangares de los aviones privados que Adorni utiliza para sus escapadas de lujo. La justicia, a través del fiscal Pollicita y el juez Lijo, ya puso la lupa sobre ese misterioso vuelo de regreso desde Punta del Este que tuvo un costo de 9.000 dólares, el doble de lo que el propio funcionario admitió en un principio.

Las pericias detectaron que un piloto del empresario Costantini revendió el vuelo al acomodado Marcelo Grandio, dueño de la productora Imhouse y amigo íntimo de Adorni, desnudando un esquema de favores y triangulaciones que huelen al peor de los pasados. Mientras el vocero se pavonea en jets financiados por «productoras amigas» que se promocionan con su imagen, el país real registra un desempleo del 7,5%, sumando 230.000 nuevos desocupados en apenas un año de gestión.

La incertidumbre sobre su permanencia se profundizó cuando salió a la luz que Adorni casi duplicó su patrimonio justo antes de asumir la función pública y, para colmo de males, se construyó una casa en un country lujoso que «olvidó» declarar. Esta acumulación frenética de riqueza, mientras el consumo de carne cae a niveles de hace medio siglo y las familias se endeudan para comprar un paquete de fideos, ha provocado una furia sorda en Karina Milei.

«El Jefe» está furiosa porque siente que el vocero le miente en la cara y tiene terror de que aparezca «más mugre» que termine salpicando a los hermanos presidenciales. En el entorno de Karina ya se habla de una salida inminente porque el costo político de sostener a un funcionario sospechado de enriquecimiento ilícito y vínculos con la estafa cripto $LIBRA se ha vuelto prohibitivo.

La causa $LIBRA es, quizás, el clavo definitivo en el ataúd político de Adorni. Las pericias revelan un vínculo estrecho entre el trader Novelli y el entorno presidencial, con audios que hablan de pagos de 2.000 dólares a Javier Milei cuando era diputado y 4.000 dólares a Karina tras la llegada al poder. La aparición de un correo electrónico que sugiere que los hermanos Milei cobraron cinco millones de dólares por promocionar esta estafa ha activado incluso el interés de abogados de los Estados Unidos para abrir un juicio penal internacional. En este fango, Adorni ha intentado usar a Karina como escudo, instalando la pelea de ella con Santiago Caputo para intentar salvarse, pero la maniobra le salió el tiro por la culata: ahora ambos bandos quieren su cabeza.

No se puede ignorar la carga irónica que tendría que la renuncia de Adorni coincida con el 24 de marzo. Mientras el gobierno prepara un mensaje de «clausura y reconciliación» para el cincuentenario del golpe, buscando imponer un negacionismo libertario que relativiza el terrorismo de Estado, la realidad de la corrupción y el hambre le estalla en las manos. Es el día en que el país se llena de banderas por Memoria, Verdad y Justicia, tres conceptos que parecen alérgicos a la gestión de Adorni.

Mientras las plazas gritan «Nunca Más», el oficialismo bloquea el control democrático en el Congreso para evitar que el vocero rinda cuentas por sus lujos. ¿Qué mejor «justicia poética» que el hombre que tilda de «pichón de tirano» a líderes extranjeros y persigue a científicos como Pedro Cahn tenga que abandonar su cargo el mismo día que el pueblo reafirma su compromiso con los derechos humanos?.

La situación social es una olla a presión que no admite más distractores. El desplome de las ventas en supermercados y el cierre de 70 kioscos por día demuestran la inviabilidad de un modelo que privatiza las ganancias y socializa las pérdidas. El contraste es desgarrador: biólogas altamente calificadas trabajando de plomeras mientras Adorni disfruta de viajes de 9.000 dólares pagados por terceros.

El diputado Maxi Ferraro ya lo dijo con claridad: Adorni tendría que dar un paso al costado porque no puede tener su declaración jurada desactualizada mientras el pueblo sufre una crisis económica peor que la de la pandemia. La «paciencia tiene un límite», y el 60% de los argentinos ya afirma que no puede esperar más para que mejoren sus ingresos.

El final del show de Adorni parece redactado por el mismo destino que lo puso allí para burlarse de la realidad nacional. Sus constantes ataques al periodismo y su estrategia de polarización han dejado de ser efectivos frente a las pruebas documentales que lo cercan. Ya se barajan nombres para su reemplazo mientras Milei, de gira por Hungría elogiando a Orbán, guarda un silencio cómplice que huele a despedida.

Si la renuncia ocurre este 24 de marzo, no será una coincidencia, sino el aterrizaje forzoso de un modelo que pretendió volar en jet privado por encima del hambre y la memoria de un pueblo. La defensa del trabajo, la transparencia y una sociedad más justa exigen que los responsables de este saqueo institucional den un paso al costado de una buena vez.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *