Criptogate: el celular de Novelli revela el contrato que Milei aseguró que no existía

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El hallazgo de un convenio confidencial y transferencias por miles de dólares involucran al entorno íntimo del Presidente con los hermanos Novelli, mientras el hermetismo de Comodoro Py intenta blindar una estafa de Estado.

La promesa de una transparencia absoluta y la mística de una vanguardia tecnológica disruptiva han terminado por estrellarse contra la prosa seca de los peritajes informáticos, revelando que la «libertad» económica era, en realidad, el biombo para un curro de proporciones épicas. Lo que el Gobierno de Javier Milei intentó vender como un asesoramiento técnico y desinteresado de gurúes internacionales en blockchain ha quedado expuesto, tras la recuperación de archivos borrados, como un entramado de beneficios mutuos gestado en las sombras mucho antes de cualquier selfie oficial. Esta revelación no solo dinamita la credibilidad institucional de la Casa Rosada, sino que configura una traición quirúrgica a la fe pública: mientras el país se sumergía en el ajuste, el círculo presidencial ajustaba los términos de un negocio privado con el sello de un criptoactivo destinado al colapso. El secretismo que rodea al caso $LIBRA, esa atmósfera de superioridad moral que el Ejecutivo pretendía ostentar, se desvanece ante la evidencia de contratos redactados en la víspera de reuniones públicas, sugiriendo que el despacho presidencial funcionó como una ventanilla de lobby tarifado.

La sombra de la blockchain en la Casa Rosada no es el delirio de una oposición acorralada, sino la materialización de una obsesión oficial que encontró en la opacidad de los activos digitales el refugio perfecto para negocios de dudosa ética. Bajo el velo de la modernización, se construyó un escenario donde la mística cripto sirvió para encubrir pactos que eluden cualquier control republicano. La realidad que surge de los teléfonos móviles incautados desmiente la narrativa épica del asesoramiento ad honorem. Lo que hoy vemos es la desoladora imagen de una gestión que confunde los asuntos de Estado con el manejo de una startup privada, operando a través de aplicaciones de mensajería y borradores de Word que circulan por fuera de los canales oficiales. Este hallazgo es estratégicamente demoledor, pues demuestra que la supuesta vanguardia tecnológica no era un fin en sí mismo, sino el vehículo para un acuerdo de partes cuya única finalidad era el lucro de una casta que cambió los trajes tradicionales por el disfraz de «criptobros».

El génesis de esta relación peligrosa no se encuentra en las solemnes actas de gobierno, sino en la cronología oculta de un vínculo que se remonta a los días más oscuros del confinamiento. Lejos de ser un encuentro fortuito derivado del prestigio internacional del mandatario, la relación con los lobistas locales e internacionales fue un plan de ejecución lenta que comenzó en las postrimerías de la pandemia. Los datos documentales extraídos de la metadata de archivos MP4 y las grabaciones de Zoom revelan que Mauricio Novelli, Javier Milei y Karina Milei ya compartían estrategias y complicidades desde abril de 2021. Específicamente, el 23 de abril de ese año se crearon archivos de video que sitúan al actual Presidente en el centro de una red que ya se preparaba para el asalto al poder. Dos días después, el 25 de abril, una reunión virtual de Zoom —identificada con el código 81277762664— consolidaba el tridente entre los hermanos Milei y Novelli. Esta relación de larga data fluye con una naturalidad que espanta, evidenciando que el andamiaje del poder actual se construyó sobre cimientos de lealtades financieras gestadas mucho antes de que el sillón de Rivadavia fuera una meta alcanzable. Lo que el relato oficial intenta presentar como una coincidencia técnica es, en rigor, la cristalización de una inversión de tiempo de lobistas que supieron apostar por el fenómeno televisivo cuando todavía era una promesa marginal.

 

Pero el rastro digital no se detiene en la nostalgia de la pandemia; se materializa con la frialdad de un archivo de Word titulado “LOI_KELSIER.docx”, una carta de intención que desmiente cada una de las negativas sistemáticas del Ejecutivo. La existencia de este documento es una bofetada a la transparencia pública: fue enviado por Mauricio Novelli a sí mismo a través de WhatsApp a las 18:05 del 29 de enero de 2025. Se trataba de la víspera de la estratégica reunión en la Casa Rosada entre Javier Milei y Hayden Davis, la misma que quedó inmortalizada en una selfie posteada en la red social X donde el mandatario aseguraba que el estadounidense lo estaba “asesorando”. Mientras el Presidente preparaba su puesta en escena para el algoritmo, su lobista de confianza ya tenía en su poder el borrador del acuerdo confidencial que vinculaba a las partes. El término «asesoramiento» aparece entonces como un eufemismo grosero para encubrir un pacto de beneficios que el Presidente siempre negó haber firmado. La desprolijidad de manejar estos documentos en teléfonos personales y por fuera de todo registro de audiencia pública revela una gestión que desprecia las formas republicanas, permitiendo que un acuerdo de carilla única, donde Davis figura como remitente y Milei como destinatario, defina la política tecnológica de la Nación en las sombras.

El precio de este acceso privilegiado a la intimidad presidencial tuvo un costo en dólares que no deja margen para la duda. La investigación ha puesto bajo la lupa un entramado económico donde el flujo de dinero validó la influencia política. Se detectó una factura de 250.000 dólares emitida el 5 de enero de 2025 por Tech Forum Argentina a favor de Kelsier Ventures, la empresa de la familia Davis. El pago, según consta en los registros informáticos, se concretó a través de la plataforma virtual Solana, una maniobra clásica para evadir los radares del sistema financiero tradicional y mantener el «curro» bajo el radar de la AFIP. La firma en ese documento pertenece a Pía Novelli, hermana del lobista y designada como «gerente de operaciones» de esta estructura que funcionaba como la verdadera aduana del despacho presidencial. Esta mercantilización del tiempo del Jefe de Estado alcanzó niveles escandalosos, involucrando no solo a Novelli, sino a su socio Manuel Terrones Godoy y al entonces asesor de la Comisión Nacional de Valores (CNV), Sergio Morales. Juntos, este grupo operaba como una ventanilla de acceso donde la «magia» prometida consistía, básicamente, en conseguir reuniones «cara a cara» con Milei a cambio de sumas millonarias.

La ambición de este esquema de tráfico de influencias quedó registrada en una oferta de acuerdo de Kelsier Ventures por un monto de 1.550.000 dólares, transmitida en noviembre de 2024. Incluso se llegó a redactar un contrato a través de la firma offshore BVI Kelsier Holdings Limited, radicada en las Islas Vírgenes Británicas, con el objetivo de «apoyar» a empresas como Cardano en el país. El contraste ético lo puso Charles Hoskinson, CEO de Cardano, quien denunció públicamente que Novelli y Terrones Godoy le exigieron pagos de cinco cifras en dólares para ver al Presidente durante el Tech Forum. Hoskinson se negó, exponiendo la diferencia entre quienes buscan desarrollo tecnológico y quienes montaron una opereta de prensa para saquear las arcas de inversores incautos a través de la legitimidad que solo puede dar el sello de la Casa Rosada. Mientras algunos rechazaron pagar el peaje, el entorno presidencial parece haber encontrado en figuras como Davis el socio ideal para una estafa que dejó a miles de damnificados bajo la promesa de la libertad financiera.

Frente a esta catarata de evidencias, el muro de silencio que se ha levantado en los tribunales de Comodoro Py resulta una anomalía democrática alarmante. La inacción del fiscal Eduardo Taiano y el juez Marcelo Martínez de Giorgi es el síntoma más claro de una justicia que ha entrado en modo pausa para proteger al poder. Resulta incomprensible que la Dirección de Apoyo Tecnológico a la Investigación Penal (DATIP) haya entregado un reporte clave el pasado 17 de noviembre y que, meses después, el fiscal Taiano no haya subido ese material al sistema informático judicial. Este «cajoneo» deliberado de pruebas impide que las querellas y la opinión pública accedan a la verdad, permitiendo que el Gobierno siga operando sin dar explicaciones sobre los documentos recuperados. La opacidad de Comodoro Py no es una casualidad administrativa; es un diseño de blindaje judicial que busca enterrar el escándalo antes de que las indagatorias alcancen al círculo íntimo de la Rosada. La incertidumbre actual no es fruto de la complejidad tecnológica de los peritajes, sino de la voluntad política de un sistema que prefiere ocultar el contrato de Word antes que enfrentar las consecuencias legales de una asociación ilícita que utilizó el Estado como una plataforma de negocios personales.

En definitiva, el caso $LIBRA no puede entenderse como un error de gestión o una desprolijidad de principiantes. Es la consecuencia lógica de una forma de ejercer el poder donde lo público se transmuta en privado para beneficio de los amigos de siempre. La «cripto-estafa» no fue un accidente de mercado, sino una política de Estado encubierta tras la mística de la modernidad. Los peritajes han roto esa máscara, mostrando que detrás de la retórica contra «la casta» se escondía una nueva aristocracia de lobistas que tasaba el tiempo presidencial en Solana y redactaba contratos en las vísperas de las fotos oficiales. El destino de la transparencia en la era de Milei parece ser el mismo que el de las pruebas en el despacho de Taiano: el olvido o el encubrimiento. La impunidad con la que se han manejado estos vínculos, desde los zooms pandémicos de 2021 hasta los acuerdos offshore de 2025, deja la amarga sensación de que la vanguardia tecnológica ha sido solo el envoltorio más sofisticado para los vicios más antiguos y podridos de la política argentina.

Fuentes:

  • https://www.pagina12.com.ar/718714-libra-aparecio-el-borrador-del-contrato-entre-javier-milei-y-
  • https://www.lanacion.com.ar/politica/caso-libra-revelan-las-primeras-imagenes-del-borrador-del-acuerdo-que-javier-milei-habria-firmado-con-nid06032026/

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