Cocot & Dufour: el cierre anunciado de una fábrica que ya había decidido vaciar

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La histórica textil de Parque Chas despidió a sus últimos 140 trabajadores y confirmó el cese de actividades. El final llegó después de meses de pagos en cuotas, despidos encubiertos y una protesta obrera que anticipó el desenlace.

La noticia llegó como un mazazo, aunque para quienes estaban dentro de la planta no tuvo nada de inesperado. La emblemática fábrica de Cocot & Dufour, ubicada en el barrio porteño de Parque Chas, despidió a sus últimos 140 empleados y comunicó el cese total de actividades. Con ese anuncio se cerró una historia industrial que supo albergar a unos 500 operarios y que, en los últimos meses, se fue apagando entre maniobras empresariales y un conflicto laboral cada vez más tenso.

Los despidos no fueron un hecho repentino. Comenzaron de manera escalonada, reduciendo el plantel hasta dejar a decenas de trabajadoras y trabajadores frente a un futuro incierto. A ese proceso se sumó una práctica que terminó de encender la bronca: el pago fraccionado de sueldos, aguinaldos y vacaciones, decidido de forma unilateral y sin fechas claras. La empresa habló de crisis, pero los hechos desmintieron el relato. La fábrica siguió funcionando en turnos extendidos durante las 24 horas, un dato que para los delegados gremiales y los propios empleados dejó al descubierto la inconsistencia del argumento patronal.

La reacción obrera no tardó en llegar. Cortes de calle, asambleas permanentes y un clima de protesta que fue escalando hasta rozar la violencia física marcaron las jornadas frente a la planta. Hubo cruces verbales durísimos con representantes de Recursos Humanos enviados por la empresa y un despliegue de vigilancia que evidenció hasta qué punto el conflicto estaba fuera de control. Lo que se vivía en la puerta de la fábrica era el síntoma visible de un vaciamiento que ya estaba en marcha.

Ese escenario había sido anticipado semanas atrás. El 23 de enero, las trabajadoras y los trabajadores de Cocot & Dufour denunciaban públicamente que no llegaban a cobrar 700 mil pesos mensuales y que la empresa pretendía pagar las vacaciones en cuotas. Muchas de esas personas llevaban más de dos décadas en la fábrica; algunas, cerca de 30 años. El anuncio llegó apenas un día antes de que comenzaran las licencias, forzando a organizar una permanencia y a cortar la calle como último recurso. No se trataba de un reclamo aislado sino de una respuesta desesperada frente a un deterioro constante de las condiciones laborales.

El conflicto también expuso la soledad de quienes intentaron resistir. Las y los trabajadores denunciaron el rol pasivo de la Asociación Obrera Textil, a la que acusaron de aparecer solo para reunirse con los dueños y retirarse sin dar respuestas. Mientras tanto, la empresa avanzaba con más de cien despidos entre noviembre y diciembre y ofrecía “arreglos” que implicaban cobrar apenas el 50 por ciento de lo que correspondía por ley. Estrategias, mentiras y desgaste: un combo que preparó el terreno para el cierre definitivo.

En ese contexto, el anuncio del cese de actividades no fue más que la formalización de un final escrito de antemano. La historia de Cocot & Dufour no se explica solo por una supuesta crisis económica, sino por un modelo de gestión que ajustó primero sobre los salarios, luego sobre los derechos y finalmente sobre los puestos de trabajo. El resultado es brutal: 140 personas más en la calle y una fábrica histórica convertida en símbolo de una época en la que el vaciamiento se disfraza de inevitabilidad.

Lo ocurrido en Parque Chas desnuda una dinámica que se repite en distintas ramas de la industria: empresas que avanzan en los hechos con despidos, pagos en cuotas y disciplinamiento laboral, incluso antes de que los cambios legales se concreten. En Cocot & Dufour, esa lógica encontró resistencia, organización y protesta, pero terminó imponiéndose con el cierre. La pregunta que queda flotando no es solo qué pasará con esas familias, sino cuántas fábricas más seguirán el mismo camino mientras la crisis se usa como excusa y no como problema a resolver.

 

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