Gracias a Milei: Los diez colapsos industriales en febrero de 2026: cierres, suspensiones y despidos en empresas históricas

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No se trata de “empresas mal gestionadas” ni de una racha desafortunada. Lo que está ocurriendo es algo más profundo: la desintegración acelerada del entramado industrial argentino bajo un gobierno que no cree en la industria, no la defiende y, peor aún, la considera un estorbo.

 

El patrón que se repite: menos consumo, dólar planchado e importaciones sin red

Las diez crisis que estallaron en febrero no son hechos aislados. Todas responden a una combinación letal:
caída brutal del consumo interno, atraso cambiario que vuelve inviable producir localmente, apertura importadora sin política de resguardo y tasas de interés que transforman cualquier deuda en una sentencia de muerte.

El resultado es conocido: cerrar, suspender, despedir o achicarse para sobrevivir.


1- Fate: el símbolo del derrumbe

El cierre de Fate, con 920 despedidos y 85 años de historia, sintetiza el momento histórico. La empresa pidió un Procedimiento Preventivo de Crisis apenas iniciado el gobierno de Javier Milei. No hubo plan industrial, no hubo política sectorial, no hubo defensa frente a la importación masiva de neumáticos asiáticos. Hubo mercado. Y el mercado decidió.

La “falta de competitividad” que se repite como mantra no es otra cosa que un dólar artificialmente barato y salarios pulverizados que ni siquiera así alcanzan.


2- Paty: cuando ni la carne resiste

El Frigorífico Pico suspendió a 450 trabajadores. Medio aguinaldo en cuotas, vacaciones obligatorias y planta frenada. La caída del consumo de carne golpea incluso a marcas históricas. Cuando la mesa familiar se achica, la industria alimentaria empieza a sangrar.


3- Stellantis: la industria automotriz entra en punto muerto

La planta de El Palomar detuvo la producción de Peugeot y Citroën. Ventas en caída, exportaciones a Brasil en retroceso y un mercado que no llega ni de cerca a los niveles prometidos. El 2026 arrancó con derrumbes interanuales de hasta 25%. Sin crédito y sin consumo, la industria automotriz queda en pausa.


4- Lácteos Verónica: alimentos sin insumos

Tres plantas cerradas, 600 trabajadores afectados, retiros voluntarios pagando la mitad de la indemnización. Falta de insumos, logística inviable y un mercado interno que ya no absorbe. Cuando una láctea histórica cae, no es una anécdota: es un síntoma grave.


5- Marengo: el marketing libertario no paga sueldos

La fábrica de los caramelos “No hay plata” terminó confirmando su propio eslogan. Caída del consumo, conflictos salariales y suspensiones sin goce de sueldo. El gesto marketinero de homenajear al Presidente no evitó el ajuste. La ideología no reemplaza la demanda.


6- Metalfor: líder de mercado, rehén de la deuda

Una de las principales fabricantes de pulverizadoras del país terminó asfixiada por intereses. No cayó por falta de ventas, sino por un sistema financiero que devora ingresos productivos. El capital financiero vuelve a ganar, la industria vuelve a perder.


7- Tres Arroyos: importar lo que se produce

La avícola planea despedir 450 trabajadores mientras ingresan pollos brasileños a precios imposibles de competir. Paradójicamente, su dueño defendía el modelo Milei. El mercado le devolvió el favor: lo dejó sin protección.


8- La Anónima: cuando los clientes ya no pagan

No cayó por importaciones ni por costos, sino por algo más brutal: sus propios clientes no pueden pagar. La morosidad se multiplicó por siete. Créditos incobrables por $20.000 millones. El supermercado financia la supervivencia… hasta que explota.


9- Corona: ni lo importado se salva

La planta inaugurada en 2020 abrió retiros voluntarios para casi la mitad de su personal. La molienda de cebada cayó 17%. Cuando el consumo se desploma, ni las marcas globales logran sostener el negocio local.


10- La Paila: cerrar para siempre

Más de 30 años de historia y un comunicado final que resume todo: “difícil e inestable realidad económica”. Sin previsibilidad, sin mercado, sin horizonte. Baja la persiana el 28 de febrero.


No es una crisis: es un modelo

Estos diez colapsos no son errores de gestión ni accidentes. Son consecuencias directas de un esquema económico que desarma la industria nacional, celebra la importación, garantiza rentabilidad financiera de corto plazo y considera el trabajo como un costo a eliminar.

La pregunta ya no es cuántas fábricas más van a cerrar.
La pregunta es qué queda del país cuando la industria deja de existir.

Porque sin industria no hay empleo, sin empleo no hay consumo y sin consumo no hay mercado que se salve.
Ni siquiera el que dice creer ciegamente en él.

 

 

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