Carne para el Norte, riesgo para el Sur: el acuerdo con Estados Unidos que expone la política de apertura sin red del gobierno de Milei.
Mientras el gobierno celebra la ampliación del cupo de exportación de carne a Estados Unidos, productores, economistas y sectores sensibles del agro advierten que el acuerdo consolida una relación asimétrica, abre el mercado interno a importaciones sin reciprocidad real y pone en jaque a la producción nacional.
La decisión de abrir el ingreso de carne estadounidense y aceptar estándares sanitarios más laxos, en un contexto de dólar atrasado y costos internos elevados, reaviva el debate sobre si la política comercial de Javier Milei promueve integración inteligente o profundiza una lógica de subordinación económica.
El acuerdo comercial entre Argentina y Estados Unidos volvió a colocar a la carne vacuna en el centro de la escena política y económica. No es un tema menor: se trata del producto más emblemático del país, un símbolo cultural y una fuente histórica de divisas. Sin embargo, detrás de los anuncios oficiales y de los comunicados optimistas del Gobierno, el contenido concreto del entendimiento despierta más alertas que celebraciones en amplios sectores del campo y de la industria agroalimentaria.
La decisión de habilitar el ingreso libre de aranceles de hasta 80.000 toneladas de carne estadounidense al mercado argentino encendió alarmas inmediatas. Desde la Federación Agraria advirtieron que el problema no es la competencia en sí misma, sino el contexto macroeconómico en el que se la impulsa. “En igualdad de condiciones, Argentina no teme el ingreso de carne norteamericana. Pero con un dólar atrasado, esto es peligroso”, explicó su vicepresidente, José Luis Volando. El planteo es sencillo y brutal a la vez: cuando el tipo de cambio no refleja los costos reales de producción, la apertura comercial se transforma en una amenaza directa para el productor local.
El antecedente que mencionan en el sector es conocido y reciente. Lo que ocurrió con la ropa importada, que ingresó masivamente y desplazó producción nacional, aparece ahora como una advertencia concreta para la ganadería. La posibilidad de que resulte más barato comprar carne estadounidense que producirla en la pampa húmeda no es una hipótesis teórica, sino una consecuencia directa de la política económica del gobierno de Javier Milei, basada en la apertura irrestricta, la desregulación y la confianza ciega en el mercado.
El contraste con lo que Argentina recibe a cambio profundiza las dudas. El aumento del cupo para exportar carne argentina a Estados Unidos, que pasa de 20.000 a 100.000 toneladas, no figura como una cláusula firme dentro del acuerdo comercial. No está escrito, no está firmado como compromiso bilateral. Fue anunciado horas más tarde mediante una proclamación del presidente estadounidense Donald Trump, y con un detalle clave: su carácter transitorio, válido solo por este año.
La diferencia jurídica no es menor. Mientras Argentina asume obligaciones concretas y permanentes, Estados Unidos se reserva la discrecionalidad. Así lo señaló Alejandro “Topo” Rodríguez, director del Instituto Consenso Federal, al advertir que una proclamación presidencial tiene un peso legal mucho más débil que una orden ejecutiva o un tratado formal. En otras palabras, Washington no se ata las manos, pero Buenos Aires sí. “Arrastrarse es la política”, resumió Rodríguez, en una frase que sintetiza el espíritu crítico de quienes observan el acuerdo con desconfianza.
Desde la Casa Blanca, la justificación es clara y responde a una crisis interna. La ganadería estadounidense atraviesa uno de sus peores momentos en décadas. Sequías persistentes en estados clave como Texas, Kansas, Oklahoma y Nebraska redujeron drásticamente el stock ganadero, que cayó a mínimos históricos con apenas 94,2 millones de cabezas a mediados de 2025. A esto se sumaron incendios forestales y problemas sanitarios que deterioraron la salud de los rodeos. El resultado fue un aumento récord en el precio de la carne molida, que en diciembre de 2025 alcanzó los 6,69 dólares por libra, el nivel más alto desde que existen registros oficiales.
En ese contexto, la importación de carne argentina aparece como una válvula de escape para el mercado estadounidense, no como un gesto estratégico de integración regional. El objetivo explícito es abastecer de recortes magros a la industria de hamburguesas, mezclándolos con carne local más grasa para sostener el consumo masivo. El beneficio es claro para Estados Unidos. La pregunta es qué queda del lado argentino.
Desde el Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas celebraron la ampliación del cupo y proyectaron ingresos por más de 700 millones de dólares en 2026. Es una cifra relevante, sobre todo en un país urgido de divisas. Pero incluso ese dato positivo convive con una estructura concentrada: según fuentes del sector, serán apenas tres grandes frigoríficos los que se quedarán con la mayor parte de los cupos, reproduciendo un esquema en el que los beneficios se concentran y los costos se socializan.
La preocupación no se limita a la carne vacuna. El acuerdo abre la puerta al ingreso de lácteos estadounidenses sin exigir certificados de sanidad o calidad equivalentes a los que se le demandan a Argentina cuando exporta. En el sector lácteo, esta asimetría es vista como una concesión difícil de justificar. La lógica de “confianza automática” en los estándares norteamericanos contrasta con la rigidez que enfrentan los productos argentinos en ese mismo mercado.
Algo similar ocurre con la producción avícola, especialmente sensible en provincias como Entre Ríos. Hasta ahora, el comercio bilateral de carne de pollo estaba cerrado, pero el nuevo acuerdo habilita su apertura. El problema es el diferencial de costos. Mientras los productores estadounidenses exportan el patamuslo a 800 dólares la tonelada, el costo de producción argentino ronda los 1.300 dólares. La consecuencia es previsible: una competencia desigual que amenaza con desarticular un entramado productivo regional. El diputado Guillermo Michel fue claro al señalar que no existe reciprocidad, ya que los productos avícolas argentinos no ganan acceso adicional ni mejores condiciones en Estados Unidos.
A esto se suma una preocupación sanitaria. Según Michel, el SENASA deberá aceptar estándares de control avícola estadounidenses que son considerablemente más bajos que los argentinos. En un país que históricamente hizo de la sanidad una ventaja competitiva, la flexibilización aparece como otro retroceso en nombre de una apertura acelerada.
El acuerdo también deja áreas estratégicas en un limbo. Sectores como el acero y el aluminio, claves para la industria nacional, quedaron fuera del articulado principal. Solo se menciona un vago “compromiso de revisar” los aranceles del 50% que Estados Unidos aplica a esos productos, sin plazos ni mecanismos claros. La experiencia indica que estas promesas suelen diluirse en el tiempo, mientras las concesiones ya otorgadas permanecen.
El Gobierno interpreta el entendimiento como un respaldo político de Washington a su programa económico y como una ventaja frente a Brasil. Incluso se menciona la posibilidad de que empresas brasileñas trasladen parte de su producción a la Argentina para aprovechar el diferencial arancelario. Pero esa lectura optimista choca con una realidad más compleja: sin una estrategia de desarrollo, sin protección inteligente de sectores sensibles y con un tipo de cambio que castiga a la producción local, la apertura comercial puede convertirse en una trampa.
El debate de fondo excede a la carne. Lo que está en juego es el modelo de inserción internacional que propone el gobierno de Milei. Un modelo que prioriza gestos de alineamiento geopolítico y la eliminación de barreras sin evaluar impactos internos. La historia argentina ofrece suficientes ejemplos de aperturas abruptas que terminaron en desindustrialización, concentración económica y pérdida de soberanía productiva. La pregunta, otra vez, es si se aprendió algo o si el país vuelve a recorrer el mismo camino, convencido de que esta vez será distinto.
Fuente:
https://www.lapoliticaonline.com/politica/en-el-campo-alertan-que-el-ingreso-de-carne-de-ee-uu-es-peligroso-para-argentina/
https://www.perfil.com/noticias/economia/donald-trump-firmo-el-decreto-que-habilita-la-importacion-de-80000-toneladas-de-carne-argentina-a40.phtml
https://www.eldia.com/nota/2026-2-7-1-42-45-carne-argentina-quintuplican-la-cuota-de-importacion-a-eeuu-politica-y-economia
























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