8M en las calles: una marea feminista desafía el ajuste de Milei y vuelve a ocupar Plaza de Mayo. Decenas de miles de mujeres y diversidades marcharon desde el Congreso hasta Plaza de Mayo y replicaron movilizaciones en todo el país. En el centro de las consignas estuvieron el rechazo a la reforma laboral, las políticas de ajuste y el retroceso en derechos impulsado por el gobierno libertario.
La jornada del Día Internacional de la Mujer Trabajadora se transformó en una masiva demostración política contra el rumbo económico y social del gobierno de Javier Milei. Con sindicatos, organizaciones feministas, trabajadoras de la salud, docentes, estudiantes y militantes sociales en la calle, el movimiento volvió a mostrar que el feminismo sigue siendo una de las principales fuerzas de resistencia frente a un proyecto que pretende desmantelar derechos laborales y políticas de género.
La escena se repitió con una fuerza que ya se volvió familiar en la historia reciente argentina: una multitud desbordando las calles, carteles en alto, bombos, pañuelos y una energía colectiva difícil de ignorar. Desde el Congreso hasta la Plaza de Mayo, decenas de miles de mujeres y diversidades volvieron a ocupar el espacio público para conmemorar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Pero lo que ocurrió en las calles de Buenos Aires —y en numerosas ciudades del país— fue mucho más que una conmemoración. Fue, sobre todo, una señal política dirigida al corazón del poder: la Casa Rosada.
Entre los carteles que se alzaban frente a la sede del Ejecutivo, uno resumía el clima de la jornada con una frase tan simple como cargada de sentido histórico: “Ojo que la marea vuelve”. No era una metáfora exagerada. Era, en cierto modo, un recordatorio de que el movimiento feminista argentino —ese que en la última década transformó el debate público y conquistó derechos largamente postergados— no está dispuesto a retroceder frente a un gobierno que, desde su llegada al poder, ha decidido convertir al feminismo en uno de sus enemigos predilectos.
La movilización fue masiva y plural. Organizaciones feministas encabezaron la marcha, pero detrás se sumaron sindicatos, agrupaciones sociales, partidos políticos y miles de personas que llegaron por su cuenta, impulsadas por una mezcla de indignación y necesidad de hacerse escuchar. Cerca de las siete de la tarde, con la plaza ya colmada, la periodista Liliana Daunes leyó el documento central de la jornada, un texto extenso que intentó condensar las múltiples luchas que confluyen en el movimiento feminista.
La tarea no es sencilla. El feminismo argentino, como suele recordarse en cada movilización, nunca se limitó a una sola consigna. Es un movimiento transversal que cruza generaciones, territorios y experiencias. En la plaza convivían jóvenes militantes, jubiladas, sobrevivientes de violencia de género, trabajadoras precarizadas, docentes, estudiantes y activistas por los derechos de las personas con discapacidad. Todas ellas unidas por una convicción compartida: que el actual contexto político representa un retroceso peligroso en materia de derechos sociales y de género.
Durante la lectura del documento, una frase resonó con particular fuerza entre la multitud: el gobierno ha colocado al movimiento feminista como enemigo político. No es una afirmación menor. Desde el inicio de la gestión libertaria, el discurso oficial ha insistido en desacreditar las políticas de género y en cuestionar las conquistas del movimiento de mujeres, presentándolas como supuestos privilegios o como parte de lo que denomina “causas nobles convertidas en estafa”.
Ese relato oficial fue uno de los blancos principales de la protesta. En las calles, muchas voces se encargaron de desmontarlo. Ludmila López, referente de Género de la Juventud Sindical de la CGT, fue contundente al describir al gobierno como “absolutamente misógino y machista”. La acusación no surge en el vacío: el Ejecutivo ha impulsado un discurso que relativiza la violencia de género y pone en cuestión incluso la figura jurídica del femicidio, una herramienta legal construida tras años de lucha.
Las cifras, por sí solas, dibujan un panorama alarmante. En 2025 se registraron 271 femicidios y transfemicidios en Argentina, mientras que en lo que va de 2026 ya se contabilizan 43 casos. Sin embargo, lejos de reforzar las políticas de prevención y asistencia, el gobierno ha avanzado en el desmantelamiento de estructuras institucionales creadas para enfrentar esta problemática.
Para muchas manifestantes, ese contraste entre la gravedad de la violencia y la indiferencia oficial explica buena parte de la indignación que se respiraba en la marcha. Una joven de 15 años lo expresó con crudeza mientras sostenía un cartel en la plaza: el gobierno insiste en presentar a quienes protestan como violentos, pero nadie parece escandalizarse porque una mujer sea asesinada cada 34 horas.
La protesta también estuvo atravesada por un fuerte componente social y económico. En los barrios populares, las políticas de ajuste impulsadas por el gobierno de Javier Milei tienen un impacto directo en la vida cotidiana, y ese impacto recae de manera desproporcionada sobre las mujeres. Dina Sánchez, dirigente de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular, lo explicó con una frase que resume la realidad de miles de hogares: “Nuestras trincheras son las ollas populares”.
El señalamiento es revelador. Mientras el discurso oficial exalta la libertad de mercado como solución universal, en los barrios la supervivencia cotidiana depende de redes comunitarias sostenidas mayoritariamente por mujeres. Comedores, merenderos y tareas de cuidado se multiplican como respuesta a un modelo económico que expulsa a millones del mercado laboral formal.
En ese contexto, la reforma laboral promovida por el gobierno se convirtió en uno de los principales focos de rechazo durante la jornada. Diversas organizaciones denunciaron que las nuevas normas profundizan la precarización del trabajo y debilitan las protecciones que históricamente han defendido los sindicatos. En las marchas realizadas en ciudades como Gualeguaychú, Córdoba o Paraná, la reforma fue calificada directamente como “esclavista”.
La crítica no se limita al plano laboral. También alcanza a otras políticas impulsadas por el oficialismo, como la reducción de la edad de imputabilidad. Para muchas organizaciones feministas y sociales, esta iniciativa forma parte de una lógica punitivista que criminaliza a los jóvenes de los barrios populares en lugar de abordar las causas estructurales de la violencia.
Las docentes también hicieron oír su voz en la movilización. Myriam Marinozzi, secretaria general de SUTEBA en Berazategui, describió una situación preocupante en las escuelas: hambre creciente entre los estudiantes, consumos problemáticos en aumento y salarios docentes cada vez más insuficientes. En ese escenario, el proyecto oficial de bajar la edad de imputabilidad aparece, para muchas educadoras, como una respuesta simplista y peligrosa.
La jornada también estuvo marcada por reclamos vinculados a casos concretos. Familiares de Brenda, Morena y Lara —tres jóvenes asesinadas en Florencio Varela en 2025— marcharon exigiendo justicia. Su presencia recordó que detrás de las estadísticas hay historias personales atravesadas por la violencia y la impunidad.
La movilización tuvo además un componente político evidente. El Frente de Mujeres de La Cámpora convocó a una concentración previa frente a la casa de Cristina Fernández de Kirchner antes de sumarse a la marcha. Para muchas de las dirigentes presentes, el encarcelamiento de la ex presidenta forma parte de una estrategia destinada a neutralizar a la principal figura opositora en un contexto de fuerte ofensiva neoliberal.
Más allá de las diferencias internas que atraviesan al movimiento feminista —y que también aparecieron en los debates previos a la marcha—, la jornada dejó una conclusión difícil de ignorar: el feminismo sigue siendo una de las fuerzas sociales más dinámicas y movilizadas del país. En un contexto de ajuste económico, retroceso en derechos y creciente conflictividad social, esa capacidad de organización adquiere un peso político considerable.
Las marchas del 8M, replicadas en ciudades como Rosario, Mar del Plata, Neuquén o Mendoza, mostraron que el malestar social no se limita a un sector específico. Al contrario, atraviesa múltiples dimensiones de la vida cotidiana: el trabajo, la salud, la educación, la vivienda y la seguridad.
Tal vez por eso la imagen final de la jornada —una Plaza de Mayo colmada, con miles de personas escuchando el documento feminista— tuvo algo de advertencia y de promesa al mismo tiempo. Advertencia para un gobierno que apuesta a la fragmentación social como estrategia política. Promesa para quienes creen que la organización colectiva sigue siendo la herramienta más poderosa frente a la injusticia.
Si el feminismo fuera una moda pasajera, como insinúan algunos discursos oficiales, aquella plaza habría estado vacía. Pero ocurrió exactamente lo contrario. La marea volvió. Y, por lo visto, está lejos de retirarse.
Fuente:
https://www.pagina12.com.ar/2026/03/10/la-marea-de-mujeres-se-hizo-sentir-con-fuerza/
https://www.ambito.com/informacion-general/miles-mujeres-marcharon-todo-el-pais-el-8m-n5974706
https://www.laizquierdadiario.com/En-vivo-Masiva-movilizacion-por-el-Dia-Internacional-de-las-Mujeres-en-la-Ciudad-de-Buenos-Aires




















Deja una respuesta