Mientras el Gobierno acelera el tratamiento de una reforma laboral regresiva, los sindicatos abandonan la estrategia del diálogo y avanzan hacia la confrontación directa. Movilizaciones, paros y una CGT forzada a definirse marcan el clima previo a una votación que amenaza derechos históricos. La reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei enfrenta un rechazo creciente y transversal del movimiento sindical. Gremios industriales, las CTA y sectores de la propia CGT advierten que el diálogo fracasó y que solo la movilización podrá frenar un proyecto que precariza el trabajo y debilita a las provincias.
El clima político y social que rodea a la reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei entró en una fase decisiva. Lo que hasta hace pocas semanas se presentaba como una discusión técnica sobre “modernización” del mercado de trabajo hoy aparece con nitidez como un conflicto abierto entre el Poder Ejecutivo y el conjunto del movimiento obrero. La paciencia se agotó, el diálogo no dio resultados y los sindicatos comienzan a mover una herramienta que el oficialismo subestimó desde el primer día: la calle.
Mientras el Gobierno acelera los tiempos parlamentarios para lograr la media sanción en el Senado y avanzar luego en Diputados, crece la cantidad de gremios que rechazan sin matices el proyecto y empujan medidas de fuerza concretas. La conducción de la CGT, que apostó durante enero a una estrategia dialoguista con gobernadores “no alineados” con La Libertad Avanza, se encuentra ahora ante una encrucijada incómoda. El diálogo fracasó, las reuniones prometidas nunca se concretaron y los desplantes comenzaron a acumularse. La pregunta que sobrevuela el sindicalismo es simple y brutal: ¿seguir esperando o pasar a la acción?
Los hechos parecen haber respondido antes que la dirigencia. En los últimos días, gremios tanto dentro como fuera de la CGT comenzaron a organizar movilizaciones y paros de manera autónoma, sin esperar una definición orgánica de la central. Córdoba y Rosario se convirtieron en los primeros epicentros de una protesta que promete escalar. La Unión Obrera Metalúrgica, junto con los Aceiteros y otros sindicatos industriales, convocó a una movilización frente a la gobernación cordobesa para presionar al gobernador Martín Llaryora, señalado como uno de los mandatarios provinciales que negocia con la Casa Rosada mientras evita comprometerse públicamente.
La señal política fue clara y tuvo un dato que encendió todas las alarmas: la cancelación de la reunión que Llaryora tenía prevista con la CGT. Desde la central obrera interpretaron el gesto como una maniobra para ganar tiempo mientras se negocia con el Gobierno nacional. Desde el Ejecutivo cordobés, en cambio, deslizaron que el encuentro nunca estuvo en agenda. Versiones cruzadas, silencios incómodos y una certeza compartida: los gobernadores priorizan su relación con Milei antes que el reclamo sindical.
Ese patrón se repitió con otros mandatarios provinciales. Las reuniones que la CGT buscaba concretar con gobernadores de Salta, Catamarca y Tucumán tampoco prosperaron. La conclusión fue inevitable: la estrategia del diálogo no solo no frenó la reforma, sino que dejó a la central sindical en una posición de debilidad política. Apostaron a la moderación y se quedaron sin interlocutores.
En ese contexto, el Consejo Directivo de la CGT convocó a una reunión clave para definir los pasos a seguir. La discusión interna ya no gira en torno a si hay que movilizarse, sino cuándo y cómo. Varios gremios llevarán a la mesa la propuesta de avanzar hacia un paro general, conscientes de que el costo de la inacción podría ser mayor que el de la confrontación. “Se debe estar en las calles”, resumió un dirigente sindical de peso, reflejando un clima que atraviesa a buena parte de la dirigencia.
Las dos CTA, por su parte, no dejaron lugar a ambigüedades. Ambas centrales convocaron a un paro nacional con movilización para el día en que la reforma laboral se trate en el Congreso. La definición fue contundente y sin rodeos. Para Rodolfo Aguiar, la huelga es “la herramienta más idónea para enfrentar la reforma patronal del Gobierno”. El diagnóstico es compartido: no se trata de una modernización, sino de un retroceso histórico que busca abaratar el costo laboral, facilitar los despidos y debilitar la organización sindical.
El rechazo no se limita a consignas generales. En encuentros recientes de sindicatos industriales, legisladores y especialistas explicaron con detalle por qué el proyecto resulta perjudicial para los trabajadores. La idea de que flexibilizar derechos genera empleo fue desmentida con datos y experiencia histórica. El argumento de la “industria del juicio”, repetido como un mantra por el oficialismo, volvió a aparecer como una excusa gastada para justificar una transferencia de poder desde los trabajadores hacia las patronales.
La reforma laboral, además, no puede analizarse de manera aislada. Forma parte de un paquete más amplio de ajuste económico que golpea salarios, jubilaciones y transferencias a las provincias. En ese marco, la tensión con los gobernadores adquiere una dimensión adicional. El proyecto incluye modificaciones que reducen la recaudación del Impuesto a las Ganancias, un tributo coparticipable que impacta directamente en las arcas provinciales. La caída de las transferencias automáticas de la Nación, que en enero se redujeron de manera significativa respecto del año anterior, expone la fragilidad financiera de las provincias en la era Milei.
El uso discrecional de los Aportes del Tesoro Nacional como mecanismo de premios y castigos completa el cuadro. No es una práctica nueva, pero sí resulta llamativa la crudeza con la que se aplica cuando el Gobierno necesita respaldo legislativo. La reforma laboral aparece así como una moneda de cambio: apoyo político a cambio de oxígeno financiero, aun cuando ese apoyo implique convalidar una pérdida de derechos para millones de trabajadores.
En Córdoba, el dilema de Llaryora refleja las contradicciones de muchos gobernadores. Por un lado, reconoce que una reforma laboral no debería cercenar derechos ni castigar a las pymes. Por otro, evita confrontar de manera directa con Milei, consciente del peso electoral que el oficialismo tiene en su provincia y de las disputas que se avecinan. La ambigüedad, sin embargo, tiene un límite. Los gremios ya lo señalaron con claridad: no habrá neutralidad posible cuando se voten leyes que afectan de manera estructural el mundo del trabajo.
Mientras tanto, el Gobierno nacional parece confiar en que el conflicto sindical no alcanzará la intensidad necesaria para frenar el proyecto. Desde la Casa Rosada minimizan las movilizaciones y apuestan a cerrar acuerdos con gobernadores aliados. Es una lectura arriesgada. El “avispero” del mundo obrero, como lo describen algunos dirigentes, ya está en movimiento y podría desembocar en una reacción más amplia de lo que el oficialismo calcula.
La reforma laboral, lejos de ser un trámite legislativo más, se convirtió en un punto de inflexión político. Expone la lógica del gobierno de Javier Milei con una crudeza difícil de disimular: avanzar rápido, negociar por arriba y asumir que la conflictividad social es un daño colateral aceptable. Frente a ese escenario, el movimiento sindical empieza a reordenarse, no sin tensiones internas, pero con una certeza creciente: si el ajuste avanza, la respuesta será colectiva y en la calle.
El viernes, cuando la CGT se reúna, no solo discutirá un plan de acción. Discutirá su propio rol en un contexto de ofensiva regresiva. La historia reciente enseña que cuando los derechos laborales entran en zona de riesgo, la pasividad no es una opción. La pregunta ya no es si habrá conflicto, sino cuán profundo será y qué costo político estará dispuesto a pagar un gobierno que decidió confrontar con uno de los pilares históricos de la organización social argentina.
Fuente:
https://www.ambito.com/politica/reforma-laboral-mas-gremios-la-rechazan-e-impulsan-medidas-fuerza-la-previa-la-reunion-la-cgt-n6242550
https://www.pagina12.com.ar/2026/02/04/hay-que-hacer-paro-pablo-moyano-reclamo-salir-a-la-calle-para-frenar-la-reforma-laboral/

















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