Este jueves no habrá trenes por el ajuste del gobierno de Milei

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Omar Maturano ratificó una huelga nacional de 24 horas y denunció que el Gobierno de Javier Milei deteriora el servicio, congela paritarias y empuja a una futura privatización a precio de remate

La Fraternidad paraliza los trenes este jueves 5 ante la falta de seguridad operativa, la pérdida salarial acumulada y una gestión estatal que, según el gremio, deja caer el sistema para facilitar negocios privados.

El próximo jueves no habrá trenes en la Argentina. No es una amenaza retórica ni un gesto para la tribuna: es la consecuencia directa de un conflicto que el Gobierno decidió escalar al límite, tensando salarios, seguridad y funcionamiento de un servicio público esencial. La confirmación llegó de boca de Omar Maturano, secretario general de La Fraternidad, quien ratificó un paro nacional de 24 horas para el jueves 5. El motivo no admite eufemismos: vías en mal estado, formaciones deterioradas, paritarias “pisadas” y una política oficial que, lejos de corregir el rumbo, profundiza el desgaste con una lógica de desfinanciamiento que amenaza la seguridad de trabajadores y usuarios.

En declaraciones radiales, Maturano describió un escenario que combina desidia y presión salarial. No habló de un problema coyuntural ni de un traspié administrativo: habló de un sistema “todo roto, todo patas para arriba”. Según explicó, la falta de inversión obliga a reducir velocidades hasta extremos ridículos —recorridos a un kilómetro por hora— mientras los trenes de carga descarrilan varias veces por día. El costo de esa precariedad no es abstracto: se traduce en gastos crecientes para sostener una infraestructura que no se repara, en riesgos operativos permanentes y en una degradación del servicio que pagan millones de personas.

El conflicto salarial es el otro eje de la medida. El sindicato denuncia que el Gobierno les impuso acuerdos a la baja, congeló paritarias y forzó firmas “para mantener la paz social” que hoy se volvieron insostenibles. En un año, afirma Maturano, los ferroviarios perdieron entre el 50 y el 60 por ciento del poder adquisitivo. La frase, cruda y sin maquillaje, condensa el hartazgo: aceptaron lo que había para evitar el choque, pero el ajuste siguió su curso y ahora ya no hay margen. Cuando la inflación corre y el salario se queda quieto, el resultado es una transferencia directa desde el trabajo hacia la contabilidad del ajuste.

La huelga del jueves no es un rayo en cielo sereno. Se inscribe en una secuencia que incluye conciliaciones obligatorias, advertencias públicas y un aviso claro de que, si nada cambia, el conflicto volverá con más fuerza cuando marzo reactive la demanda social: trabajadores regresando a sus empleos y chicos a las escuelas. La advertencia no es caprichosa; es la lectura de un calendario que el Gobierno parece ignorar. En lugar de recomponer ingresos y garantizar seguridad, la respuesta fue endurecer la negociación y dejar que el sistema se oxide.

Detrás del deterioro, el gremio ve una estrategia. Maturano sugirió que el desfinanciamiento no es un accidente, sino un método para “bajar el precio” del sistema ferroviario y facilitar una futura privatización. La lógica es conocida: se deja caer el servicio, se exhibe su mal funcionamiento como prueba de ineficiencia estatal y luego se ofrece al capital privado un negocio barato, con reglas puestas por los interesados y no por el Estado. En ese esquema, la concesión se vuelve más atractiva cuanto peor esté el activo. El problema es que, mientras tanto, viajan personas y trabajan ferroviarios en condiciones cada vez más frágiles.

El Gobierno de Javier Milei prometió ordenar la economía, pero en los hechos aplica un ajuste que castiga servicios esenciales y licúa salarios. En el ferrocarril, esa combinación tiene efectos inmediatos y peligrosos. No se trata solo de números en una planilla: se trata de seguridad operacional, de mantenimiento preventivo, de tiempos de viaje razonables y de un servicio que articula regiones productivas y áreas metropolitanas. Cuando las vías están mal y las formaciones envejecidas, el riesgo no se negocia.

La retórica oficial suele cargar contra los sindicatos, presentándolos como obstáculos. Sin embargo, en este caso el reclamo es concreto y verificable. “Todas las vías están mal”, afirmó Maturano, y la descripción técnica acompaña la denuncia política. Los descarrilamientos frecuentes en trenes de carga no son anécdotas; son síntomas de un sistema sin inversión sostenida. El costo adicional de operar con carriladores y parches supera, incluso, lo que el propio ferrocarril genera. Es el círculo vicioso del abandono: se gasta más para sostener menos.

El paro del jueves, entonces, es una medida extrema en un contexto extremo. No busca simpatía; busca frenar una deriva. El Gobierno eligió pisar salarios y tensar la cuerda, confiado en que el desgaste recaiga sobre los trabajadores y usuarios. El sindicato eligió mostrar el límite. Entre una y otra decisión, queda expuesta una política pública que privilegia el ajuste rápido sobre la seguridad y la calidad del servicio, y que coquetea con la idea de transferir activos estratégicos a privados a precio vil.

Hay, además, un componente social que no puede soslayarse. El tren no es un lujo; es el medio de transporte de millones que dependen de su regularidad para trabajar, estudiar y vivir. Cuando se lo deja caer, se castiga a los mismos de siempre. El Gobierno insiste en que el mercado ordena; el ferrocarril demuestra que sin Estado no hay orden posible, solo deterioro. Y cuando el deterioro se vuelve norma, el conflicto aparece como única herramienta para ser escuchados.

La huelga del jueves no resolverá por sí sola el problema estructural. Pero pone en primer plano una discusión que el oficialismo esquiva: ¿qué modelo de transporte quiere la Argentina? ¿Uno seguro, integrado y con salarios dignos, o uno barato para vender, con reglas privadas y riesgos públicos? La respuesta no puede seguir postergándose detrás de conciliaciones formales y acuerdos forzados. El paro es la señal de alarma. Ignorarla sería, otra vez, apostar al choque.

Fuente:
https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/maturano-ratifico-que-el-jueves-habra-paro-de-trenes/
https://www.infogremiales.com.ar/maturano-confirmo-que-el-jueves-no-habra-trenes-y-sugirio-que-el-gobierno-desfinancia-el-servicio-para-bajarles-el-precio-de-venta/

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