Renunció Demian Reidel y ya son cinco los presidentes de Nucleoeléctrica desde la llegada de Milei

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Escándalos, promesas delirantes y licitaciones bajo sospecha marcaron la gestión de Demian Reidel, el amigo del Presidente que se va dejando una empresa estratégica paralizada y un sector nuclear en caída libre. La renuncia de Demian Reidel como presidente de Nucleoeléctrica S.A. no es un hecho aislado sino el síntoma más visible de una política energética errática, ideologizada y subordinada a intereses externos. En apenas dos años de gobierno libertario ya pasaron cinco presidentes por la empresa que opera las centrales nucleares del país, mientras se acumulan denuncias por sobreprecios, parálisis de proyectos clave y un desprecio explícito por el desarrollo científico nacional.

El escándalo que terminó de empujar a Demian Reidel fuera de la presidencia de Nucleoeléctrica S.A. estalló como suelen estallar las crisis en la gestión de Javier Milei: rápido, desprolijo y con un fuerte olor a improvisación. La empresa que administra un sector estratégico para la soberanía energética argentina quedó nuevamente en el centro de la escena por denuncias de presuntos sobreprecios en licitaciones, internas palaciegas y un nivel de rotación dirigencial que roza el absurdo. Con la salida de Reidel ya son cinco los presidentes que pasaron por la compañía desde diciembre de 2023, un dato que por sí solo desnuda el carácter caótico del experimento libertario aplicado a áreas sensibles del Estado.

Reidel, amigo personal del Presidente y uno de los hombres más mencionados por Milei en foros internacionales, llegó a Nucleoeléctrica con un aura de gurú tecnológico. Físico de formación, reconvertido en financista en Estados Unidos y ex JP Morgan, encarnaba a la perfección el perfil que el gobierno libertario idolatra: expertise financiera, vínculos con Silicon Valley y desprecio por la trayectoria técnica local. Pero el relato se derrumbó rápido. Las denuncias por una licitación del servicio de limpieza en las centrales de Atucha y Embalse, con sobreprecios que habrían alcanzado el 140%, destaparon una trama de decisiones opacas que incluyó la exclusión de competidores y el sostenimiento de un proveedor cuestionado. Dos funcionarios de extrema confianza de Reidel, el gerente general Marcelo Famá y el responsable de coordinación administrativa Hernán Pantuso, fueron desplazados primero. La salida del presidente era cuestión de tiempo.

Desde el propio gobierno admiten, por lo bajo, que Reidel estaba sostenido únicamente por Javier Milei. No lo quería nadie, repiten en Casa Rosada, y ni siquiera Karina Milei mostraba simpatía por el personaje. Sin embargo, como suele ocurrir en esta administración, nadie asume la responsabilidad política de haberlo puesto al frente de una empresa clave. La lógica es conocida: el problema nunca es la decisión del poder, sino el individuo que “falló”. El patrón se repite, mientras la lista de funcionarios que abandonaron el gobierno libertario ya supera largamente los doscientos.

Más allá del escándalo puntual, la gestión de Reidel deja un saldo mucho más profundo y preocupante. Durante meses, junto a Milei, vendió una narrativa casi de ciencia ficción: una “ciudad nuclear” en la Patagonia, centros de datos de inteligencia artificial alimentados por energía atómica y un supuesto liderazgo argentino en el nuevo orden tecnológico global. El anuncio del llamado Plan Nuclear Argentino, con la creación de un Consejo Nuclear que jamás volvió a mencionarse, fue presentado como una gesta histórica. La realidad, como casi siempre, fue otra. No llegaron las inversiones, no hubo dólares ni proyectos concretos, y el sector quedó atrapado entre anuncios rimbombantes y decisiones que paralizaron lo que sí estaba en marcha.

El caso más emblemático es el del reactor CAREM, el primer reactor modular de diseño y construcción 100% nacional, que ya tenía un avance cercano al 60%. Bajo la gestión libertaria, el proyecto quedó virtualmente frenado. En su lugar, Reidel anunció la construcción de cuatro reactores modulares ACR-300, un diseño teórico aún no construido, financiado con inversión privada y ubicado en el complejo Atucha. El movimiento no fue inocente ni meramente técnico. Implicó reemplazar un acuerdo previo con China para la construcción de Atucha III por un alineamiento explícito con Estados Unidos, que incluyó la firma de acuerdos para adquirir tecnología nuclear norteamericana todavía en desarrollo. En otras palabras, se paralizó un proyecto nacional avanzado para apostar por promesas externas, coherentes con el alineamiento geopolítico del gobierno de Milei pero devastadoras para la industria local.

Mientras tanto, los trabajadores del sector nuclear pagaron el costo del experimento. Los salarios de los cerca de 10 mil empleados quedaron por debajo de la línea de pobreza, según los propios indicadores oficiales. La contradicción es brutal: se hablaba de energía para alimentar centros de inteligencia artificial mientras se empobrecía a quienes sostienen cotidianamente el funcionamiento de las centrales. El desprecio por el trabajo científico y técnico no es un efecto colateral, es una política.

La renuncia de Reidel se produce, además, en un contexto de presión constante para avanzar con la privatización de Nucleoeléctrica. Desde el primer borrador de la Ley Bases, el gobierno incluyó a la empresa entre las joyas a vender. Si bien la oposición logró limitar la privatización al 44% del paquete accionario, la intención de fondo sigue intacta. La ofensiva interna, las denuncias y los cambios acelerados de autoridades parecen responder a ese objetivo: desordenar, desgastar y mostrar al Estado como incapaz de gestionar para justificar su retiro.

El nuevo directorio, encabezado por Juan Martín Campos y con Martín Porro como vicepresidente, llega con pergaminos técnicos que nadie discute. El problema, como advierten voces críticas desde el propio sector, no está en los nombres sino en el marco político y presupuestario. Con recortes proyectados en el presupuesto 2026 y una conducción económica que no cree en el desarrollo nuclear como política de Estado, cualquier gestión está condenada a chocar contra la misma pared. La sucesión vertiginosa de presidentes no es una anomalía: es la consecuencia lógica de un modelo que desprecia la planificación y subordina todo a una ideología de ajuste y alineamiento externo.

Así, la salida de Demian Reidel no cierra una etapa, sino que confirma una tendencia. Nucleoeléctrica se convirtió en un laboratorio del caos libertario: promesas grandilocuentes, denuncias de corrupción, internas feroces y una empresa estratégica cada vez más debilitada. El sector nuclear argentino, construido durante décadas con inversión pública y conocimiento propio, hoy navega entre la parálisis y el vaciamiento. Y mientras el gobierno insiste en culpar a individuos, el problema de fondo sigue intacto: un proyecto político que confunde modernización con entrega y eficiencia con negocio para pocos.

Fuente:
https://www.pagina12.com.ar/2026/02/10/escandalo-y-renuncia-otra-verguenza-atomica/
https://www.clarin.com/economia/denuncias-presuntos-sobreprecios-renuncio-demian-reidel-director-nucleoelectrica_0_xxxxx.html

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