Milei designó jueces federales y nombró al hijo de Rosatti

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Milei oficializó tres nombramientos clave en la Justicia Federal de Santa Fe y profundiza su influencia sobre los tribunales. Los decretos publicados en el Boletín Oficial confirmaron las designaciones de Santiago Joaquín Saux en Rafaela, Emilio Rosatti en el Tribunal Federal de Juicio de Santa Fe y Walter Alberto Rodríguez en el Juzgado Federal N° 2 de Santa Fe.

En una jornada marcada por una serie de decretos firmados por Javier Milei y el ministro de Justicia Juan Bautista Mahiques, el Gobierno nacional avanzó con la formalización de tres cargos estratégicos dentro de la estructura judicial federal santafesina. Las designaciones fueron publicadas en el Boletín Oficial y se concretaron tras contar con el acuerdo previo del Senado de la Nación, en un movimiento que vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la relación entre el poder político y el Poder Judicial.

El Gobierno de Javier Milei oficializó este viernes la designación de Santiago Joaquín Saux como juez del Juzgado Federal de Primera Instancia de Rafaela, Emilio Rosatti como juez del Tribunal Federal de Juicio de Santa Fe y Walter Alberto Rodríguez como juez del Juzgado Federal de Primera Instancia N.º 2 de Santa Fe. Las tres decisiones fueron adoptadas mediante decretos presidenciales firmados el 11 de junio de 2026 y publicadas al día siguiente en el Boletín Oficial.

Las resoluciones fueron instrumentadas a través de los decretos 447/2026, 445/2026 y 446/2026 respectivamente. En todos los casos, la fórmula utilizada por el Poder Ejecutivo es idéntica: se invoca el acuerdo prestado por el Honorable Senado de la Nación y las atribuciones conferidas al Presidente por el artículo 99 inciso 4 de la Constitución Nacional para proceder a los nombramientos.

Aunque se trata de actos administrativos previstos por el sistema constitucional argentino, los nombramientos judiciales nunca son una cuestión menor. Cada vacante cubierta representa una pieza más dentro de una estructura institucional que tiene incidencia directa sobre investigaciones de corrupción, delitos económicos, narcotráfico, conflictos laborales, controversias previsionales y causas que involucran al propio Estado nacional. Por esa razón, toda designación judicial adquiere inevitablemente una dimensión política que excede la mera formalidad burocrática.

En el caso de Santiago Joaquín Saux, el decreto presidencial lo ubica al frente del Juzgado Federal de Primera Instancia de Rafaela, una jurisdicción de enorme relevancia dentro de la provincia de Santa Fe. La ciudad y su área de influencia ocupan un lugar central dentro de la actividad agroindustrial argentina y concentran problemáticas vinculadas al comercio, la actividad económica y diversos expedientes de competencia federal. La cobertura de esa vacante implica reforzar el funcionamiento de una estructura judicial que desempeña un papel clave en una región de gran peso económico.

Por su parte, Emilio Rosatti fue designado juez del Tribunal Federal de Juicio de Santa Fe. Los tribunales orales federales constituyen instancias decisivas dentro del sistema judicial, ya que son los encargados de llevar adelante los juicios públicos en causas de competencia federal. Allí se definen procesos de alto impacto institucional y social, desde delitos complejos hasta expedientes vinculados con organizaciones criminales y casos de relevancia política. La incorporación de un nuevo magistrado a ese ámbito tiene consecuencias directas sobre la capacidad operativa del sistema judicial federal santafesino.

El tercer nombramiento corresponde a Walter Alberto Rodríguez, quien asumirá como juez del Juzgado Federal de Primera Instancia N.º 2 de Santa Fe. La capital provincial concentra una intensa actividad judicial y administrativa, razón por la cual la cobertura de cargos en sus tribunales federales resulta determinante para evitar demoras, vacancias prolongadas y cuellos de botella que terminan afectando el acceso ciudadano a la Justicia.

La publicación simultánea de los tres decretos muestra además una decisión política concreta del gobierno libertario de avanzar sobre la conformación de estructuras permanentes del Estado incluso mientras sostiene un discurso público centrado en la reducción estatal. Allí aparece una de las contradicciones más visibles de la administración Milei: mientras se promueve un relato basado en el achicamiento del sector público, el Poder Ejecutivo continúa ejerciendo plenamente las facultades institucionales que le permiten modelar organismos estratégicos y ocupar posiciones clave dentro del aparato estatal.

La Justicia constituye precisamente uno de esos espacios donde el poder político proyecta influencia de largo plazo. Los gobiernos pasan, pero los jueces permanecen durante décadas en funciones. Por eso cada nombramiento adquiere una importancia que trasciende el momento político coyuntural. Lo que se define mediante una firma presidencial no impacta únicamente en el presente, sino también en el funcionamiento futuro del sistema judicial argentino.

Los decretos llevan la firma de Javier Milei y de Juan Bautista Mahiques, ministro de Justicia de la Nación. La participación de ambos funcionarios refleja el mecanismo institucional previsto para este tipo de actos administrativos y confirma la decisión del Ejecutivo de avanzar con la cobertura de vacantes federales en una provincia particularmente sensible desde el punto de vista judicial.

La discusión de fondo, sin embargo, excede los nombres propios. La verdadera pregunta gira en torno a la calidad institucional del sistema judicial argentino y a la necesidad de construir una Justicia verdaderamente independiente, capaz de responder a las demandas sociales sin quedar atrapada por intereses corporativos, económicos o partidarios. En un contexto atravesado por el ajuste económico, la conflictividad social creciente y las tensiones políticas permanentes, el rol de los tribunales federales adquiere una relevancia extraordinaria.

Los nombramientos publicados este 12 de junio se producen además en un escenario donde amplios sectores de la sociedad observan con preocupación el impacto de las políticas impulsadas por el gobierno de Milei sobre el empleo, el poder adquisitivo, los derechos laborales y las capacidades del Estado para garantizar igualdad de oportunidades. En ese contexto, la actuación futura de los jueces federales tendrá incidencia directa sobre numerosos conflictos derivados de las transformaciones económicas y regulatorias impulsadas por la administración libertaria.

La publicación de los decretos 445, 446 y 447 de 2026 cierra formalmente el proceso de designación y abre una nueva etapa para los tribunales federales santafesinos. Más allá de la formalidad jurídica, las decisiones revelan una vez más que el control de las estructuras institucionales continúa siendo uno de los principales terrenos de disputa política en la Argentina contemporánea. Porque detrás de cada cargo judicial no sólo se define quién ocupará un despacho, sino también qué tipo de Justicia tendrá la responsabilidad de intervenir en algunos de los conflictos más trascendentes que atraviesan la vida democrática del país.


Detrás de las designaciones también aparecen trayectorias y vínculos que explican por qué estos nombramientos trascienden la mera formalidad administrativa. Santiago Joaquín Saux llega al Juzgado Federal de Rafaela luego de haber atravesado el proceso de selección correspondiente y formar parte de la terna elevada para cubrir una vacante considerada estratégica dentro de la estructura judicial santafesina. Su recorrido previo dentro del ámbito federal le permitió consolidar un perfil técnico que terminó siendo respaldado por el Senado de la Nación.

El caso de Emilio Rosatti, en cambio, incorpora un componente político imposible de ignorar. Hijo de Horacio Rosatti, actual presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y una de las figuras más influyentes del Poder Judicial argentino, el flamante juez del Tribunal Federal de Juicio de Santa Fe ya había protagonizado controversias públicas en años anteriores durante su camino hacia la magistratura. Su designación vuelve a poner en discusión el peso de los apellidos y las relaciones familiares dentro de una estructura judicial frecuentemente cuestionada por sus mecanismos de reproducción interna y por la persistencia de círculos de poder que parecen mantenerse inalterables más allá de los cambios de gobierno.

Walter Alberto Rodríguez, por su parte, llega a la magistratura luego de una extensa carrera dentro del Ministerio Público Fiscal. Como fiscal federal de Santa Fe intervino en investigaciones vinculadas a delitos complejos, narcotráfico y corrupción, construyendo un perfil con fuerte experiencia en causas de competencia federal. Su desembarco en el Juzgado Federal N.º 2 de Santa Fe representa el paso de un funcionario con larga trayectoria en la persecución penal hacia un rol desde el cual deberá ejercer la función de juzgar y garantizar el cumplimiento de las normas constitucionales.

La combinación de estos perfiles revela que detrás de cada decreto no sólo hay nombres y cargos. También existen historias profesionales, vínculos institucionales y relaciones de poder que ayudan a comprender cómo se configura la estructura judicial argentina. En tiempos donde el gobierno de Javier Milei asegura combatir privilegios y cuestiona a la denominada ‘casta’, la presencia de apellidos con fuerte peso específico dentro del Poder Judicial vuelve a alimentar interrogantes sobre cuánto cambian realmente los mecanismos de acceso a los puestos más relevantes del Estado.»

Fuente

Presidencia de la Nación Argentina. (2026, 12 de junio). Decretos 445/2026, 446/2026 y 447/2026 – Nombramientos judiciales en la Provincia de Santa Fe. Boletín Oficial de la República Argentina, Año CXXXIV, N.º 35.929, Primera Sección, pp. 4-5.

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