Kicillof: ¡La Patria, la memoria y el territorio nacional no se venden!

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El gobernador bonaerense participó por primera vez de la vigilia en Río Grande y dejó una consigna que resuena como crítica al rumbo nacional: “El territorio no se vende”.

En una escena cargada de simbolismo político y memoria histórica, Axel Kicillof eligió el sur más austral del país para enviar un mensaje que excede lo conmemorativo y se instala de lleno en la disputa política actual. Desde la tradicional vigilia por Malvinas en Río Grande, el gobernador bonaerense no sólo rindió homenaje a los excombatientes, sino que dejó una definición que, en el contexto argentino, suena a advertencia: “El territorio no se vende”.

La presencia de Kicillof en Tierra del Fuego no fue un gesto menor. Por primera vez participó de este acto emblemático junto al gobernador fueguino Gustavo Melella, el intendente Martín Pérez y el mandatario riojano Ricardo Quintela. Todos reunidos en el Monumento a los Héroes de Malvinas, en una ciudad que se autodefine como la Capital Nacional de la Vigilia. Pero más allá del protocolo, el acto funcionó como una plataforma para expresar una visión política que choca de frente con el clima ideológico dominante en el Gobierno nacional.

El discurso de Kicillof no dejó lugar a ambigüedades. Reivindicó la soberanía como un valor irrenunciable y trazó una línea divisoria: de un lado, un pueblo que “no admira a Margaret Thatcher” y que honra a quienes combatieron; del otro, una dirigencia que —sin ser nombrada directamente— parece dispuesta a relativizar esos principios en nombre del mercado. La alusión no es inocente. En tiempos donde el discurso oficial insiste en reducir el rol del Estado y abrir activos estratégicos a la lógica privada, la frase “el territorio no se vende” adquiere un peso político específico.

Desde sus redes sociales, el gobernador profundizó esa idea con un tono aún más enfático. “No todo tiene un precio”, escribió, en una frase que condensa una crítica estructural al paradigma económico actual. Allí, la memoria de Malvinas aparece no sólo como un ejercicio de recuerdo, sino como una herramienta de disputa en el presente. La guerra deja de ser únicamente un episodio histórico para convertirse en un campo simbólico donde se dirimen modelos de país.

El gesto político es claro: apropiarse de la causa Malvinas como bandera de soberanía integral, en contraposición a lo que se interpreta como una deriva de entrega o flexibilización de intereses nacionales. En ese sentido, la vigilia en Río Grande funcionó como un escenario ideal. No sólo por su carga emotiva, sino porque permite construir un relato donde la defensa del territorio se proyecta hacia debates actuales, desde los recursos naturales hasta las empresas estratégicas.

Pero hay algo más profundo en juego. La intervención de Kicillof revela cómo la cuestión Malvinas sigue siendo un terreno fértil para interpelar al presente. Cada aniversario reactiva una tensión latente: ¿es la soberanía un principio innegociable o una variable más dentro de la lógica económica? La respuesta del gobernador fue categórica. Y, en su contundencia, también deja al descubierto la incomodidad de un Gobierno que evita ese tipo de definiciones.

En Río Grande, frente a excombatientes y en el silencio cargado de la noche fueguina, Kicillof no sólo habló del pasado. Habló del presente y, sobre todo, del futuro. Porque cuando afirma que “la Patria, la memoria y el territorio no se venden”, no está haciendo historia: está marcando un límite político. Y en la Argentina de hoy, ese límite está lejos de ser consensuado.

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