Gabinete ampliado y Congreso blindado: Milei acelera su ofensiva reformista rumbo a un 2026 sin frenos

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A días de inaugurar las sesiones ordinarias, el Presidente reunió a todo su núcleo político para cerrar filas y diseñar un año legislativo cargado de reformas estructurales, con discurso triunfalista, oposición fragmentada y una agenda que promete profundizar el ajuste y la concentración de poder.

Con el envión de las sesiones extraordinarias y un Congreso más permeable tras las rupturas del peronismo dialoguista, Javier Milei reunió a su Gabinete ampliado en Casa Rosada para afinar el discurso del 1° de marzo y ordenar un paquete de más de 40 proyectos. El Gobierno habla de “hegemonía libertaria”; la oposición, de una aceleración autoritaria con barniz institucional.

El encuentro de este martes en Casa Rosada no fue una foto más. Fue una señal. Un gesto de poder y de timing político quirúrgico. A menos de una semana de la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso —que Milei encabezará el domingo 1° de marzo a las 21 horas ante diputados, senadores y la vicepresidenta Victoria Villarruel— el oficialismo decidió mostrarse compacto, confiado y decidido a ir por todo.

El telón de fondo es conocido, pero no por eso menos inquietante. El Gobierno llega a marzo con el Presupuesto 2026 ya aprobado desde diciembre, un hecho inédito que le da aire financiero y político, y con tres leyes clave a punto de convertirse en realidad tras el cierre de las sesiones extraordinarias. La reforma laboral, el nuevo Régimen Penal Juvenil y una batería de iniciativas complementarias —desde pliegos diplomáticos hasta acuerdos comerciales— funcionan como trofeos que Milei exhibirá en su discurso. La narrativa oficial habla de “logros históricos” y de una primera reforma de “segunda generación”. Traducido: más ajuste, más flexibilización y menos derechos, pero ahora con aval parlamentario.

La reunión del Gabinete ampliado tuvo un objetivo claro: alinear a ministros, operadores políticos y legisladores para blindar el mensaje presidencial y asegurar mayorías en un Congreso donde el oficialismo, sin tener números propios, aprendió a moverse como pez en el agua. Las rupturas en el peronismo del Senado y la salida de sectores dialoguistas dejaron a La Libertad Avanza peligrosamente cerca del quórum. No es casual. Es el resultado de una estrategia de desgaste, cooptación y presión constante sobre gobernadores y bloques provinciales.

El discurso del 1° de marzo será, según anticipan en Casa Rosada, ambicioso hasta la provocación. Milei hablará de “el Congreso más reformista de la historia” y anunciará el envío de más de 40 proyectos de ley durante 2026. Algunos en el oficialismo se animan a decir 50. No habrá, al menos en lo formal, un mega DNU ni anuncios económicos explosivos. La apuesta es otra: un balance económico edulcorado —desinflación, desregulaciones, “orden macro”— y una hoja de ruta legislativa que profundiza el modelo libertario sin escalas.

Entre las reformas estrella aparece la eliminación de las PASO, presentada como una simplificación del sistema electoral, pero leída por amplios sectores como un intento de debilitar la competencia interna y concentrar aún más el poder en las conducciones partidarias. El paquete incluye cambios en el financiamiento político y el avance hacia la Boleta Única de Papel, con la mira puesta en 2027. Nada es ingenuo: se trata de rediseñar las reglas del juego antes de la próxima elección presidencial.

También se viene un nuevo Código Penal, con endurecimiento de penas, incorporación de delitos digitales y herramientas contra el crimen organizado. El problema no es solo qué se propone, sino desde qué lógica. La baja de la edad de imputabilidad a 14 años, incluida en el Régimen Penal Juvenil que está a punto de sancionarse, marca el clima de época: más castigo, menos derechos, cero debate profundo. La seguridad como slogan y la mano dura como política de Estado.

La reforma tributaria integral, anunciada como prioridad alta, aparece envuelta en ambigüedades. El Gobierno promete simplificación y baja de impuestos, pero evita precisar cómo se compensará la caída de recursos. La reducción del IVA, la eliminación del impuesto al cheque y la revisión de Ganancias flotan como consignas, mientras los gobernadores miran con desconfianza y calculadora en mano. No es casual que Ganancias haya quedado afuera de la reforma laboral: cuando el ajuste amenaza las cajas provinciales, la “motosierra” se guarda un rato.

En el mismo paquete aparecen la reforma judicial y educativa, dos áreas sensibles donde el Gobierno ya mostró su orientación. En educación, el foco está puesto en el financiamiento universitario, la llamada “libertad educativa” y la revisión de políticas vinculadas a discapacidad y emergencias. Detrás del lenguaje técnico se esconde una disputa ideológica profunda: el corrimiento del Estado, la mercantilización de derechos y la criminalización de la protesta social, especialmente en el ámbito universitario.

No faltan tampoco las reformas a medida de intereses sectoriales. La modificación de la Ley de Glaciares, impulsada por provincias mineras y patagónicas, vuelve a escena, así como un eventual acuerdo comercial con Estados Unidos tras los viajes presidenciales. A eso se suma una nueva Ley de Seguridad Nacional que redefine roles entre Seguridad, Inteligencia y Defensa, un terreno siempre resbaladizo en la historia argentina.

La reforma previsional, curiosamente, queda para un eventual segundo mandato. No porque el Gobierno haya cambiado de opinión, sino porque sabe que tocar jubilaciones en este contexto puede ser políticamente explosivo. Mejor patearla para después de 2027, cuando —si el plan sale bien— la hegemonía libertaria sea aún mayor y las resistencias, menores.

En redes y medios afines, el clima es de celebración. TN, Infobae, Clarín y La Nación amplifican la idea de un Milei empoderado, decidido, casi imparable. Del otro lado, el kirchnerismo y sectores de la oposición advierten sobre una aceleración autoritaria, un uso intensivo del Congreso como escribanía y una lógica de gobierno que confunde mayorías circunstanciales con cheque en blanco.

La reunión de este martes, con Karina Milei, Manuel Adorni, ministros y legisladores, terminó de afinar el texto del discurso y la estrategia parlamentaria. No fue solo una reunión de gestión. Fue una puesta en escena del poder. Milei apuesta a capitalizar el momentum legislativo y avanzar en un 2026 sin elecciones que lo distraigan, pero con una sociedad cada vez más tensionada, cansada y golpeada por el ajuste.

La pregunta que queda flotando es incómoda, pero inevitable: ¿hasta dónde puede estirarse la cuerda de las reformas estructurales sin consenso social real? ¿Cuánto “orden” puede imponerse antes de que el conflicto vuelva a ocupar el centro de la escena? El Gobierno habla de hegemonía. La historia argentina, caprichosa y rebelde, suele recordar que ninguna es eterna.

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