F-16 sin plan: la compra apurada que ahora obliga a buscar mantenimiento en Europa

Compartí esta nota en tus redes

La reciente gira del ministro de Defensa argentino, Carlos Alberto Presti, por Europa dejó al descubierto un problema estructural que el Gobierno intentó tapar con anuncios grandilocuentes: la Argentina compró cazas F-16 sin tener resuelto —ni siquiera previsto— cómo los iba a mantener.

Durante su paso por Alemania, en el marco de la Munich Security Conference, Presti mantuvo reuniones con autoridades de Bélgica, entre ellas el ministro de Defensa Theo Francken, con el objetivo de explorar alternativas para garantizar el mantenimiento de la futura flota argentina de F-16 Fighting Falcon. La escena es elocuente: primero se compraron los aviones, después se salió a ver quién podía mantenerlos.

La operación por los F-16 —aeronaves usadas, con décadas de servicio— fue presentada como un “salto cualitativo” para la Fuerza Aérea Argentina. Sin embargo, desde el inicio estuvo atravesada por una lógica improvisada: no hubo un plan integral de sostenimiento, transferencia tecnológica ni fortalecimiento de capacidades locales. Tampoco se explicitó cómo se financiarían, a largo plazo, los costos de mantenimiento mayor, inspecciones estructurales y certificaciones operativas que este tipo de cazas exige.

En ese contexto, Bélgica aparece ahora como una suerte de salvavidas tardío. El país europeo cuenta con experiencia en el sostenimiento de F-16 MLU y con empresas especializadas como Sabena Engineering, dedicada desde hace más de medio siglo al mantenimiento de aeronaves militares. La firma tiene capacidad para trabajos complejos sobre fuselaje, alas, cableado, sistemas internos y repintado completo, además de inspecciones estructurales de alto nivel.

No es un dato menor que Sabena Engineering haya sido recientemente contratada por el Pentágono para brindar soporte a los F-16 operados por Ucrania, en el marco de la guerra con Rusia, mediante un contrato superior a los 235 millones de dólares. Esa referencia internacional sirve para dimensionar otra cuestión clave: el mantenimiento de estos cazas es caro, altamente especializado y dependiente del entramado industrial de la OTAN.

La pregunta que surge es inevitable: ¿por qué estas variables no fueron consideradas antes de cerrar la compra? ¿Por qué el Gobierno avanzó en la adquisición de material aéreo usado sin asegurar previamente la logística, el soporte técnico y la capacitación local necesaria para su operación sostenida?

Lejos de una política de defensa planificada, la secuencia revela una falta de previsión alarmante. En lugar de fortalecer capacidades nacionales —como FAdeA o los talleres propios de la Fuerza Aérea—, la Argentina queda atada a proveedores externos para tareas críticas, profundizando una dependencia que contradice cualquier discurso sobre soberanía y autonomía estratégica.

La reapertura de la Agregaduría Militar en Bruselas y los anuncios de cooperación técnica llegan tarde y funcionan más como parches que como soluciones de fondo. La compra de los F-16, presentada como un logro, empieza a mostrar su verdadera cara: una decisión apurada, más orientada a la foto política que a una política de defensa seria y sustentable.

La búsqueda contrarreloj de mantenimiento en Bélgica no es una buena noticia: es la confirmación de que se compraron aviones viejos sin tener en cuenta algo básico. No alcanza con adquirir cazas; hay que poder mantenerlos, operarlos y sostenerlos en el tiempo. Todo lo demás es marketing militar.

Fuente:

.https://www.zona-militar.com/2026/02/13/argentina-explora-en-belgica-alternativas-de-mantenimiento-para-su-flota-de-cazas-f-16-fighting-falcon/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *