La detención del periodista deportivo en Miami por presunto lavado de activos vuelve a poner en escena una trama oscura donde fútbol, dinero y mediaciones periodísticas se mezclan sin pudor, en un contexto político argentino que relativiza los controles y banaliza los delitos económicos. Mientras el gobierno de Javier Milei predica la desregulación total y demoniza al Estado, una causa judicial en Estados Unidos expone cómo el “dejar hacer” termina siendo el mejor aliado de las maniobras opacas.
El nombre de Enrique Quique Felman irrumpió con fuerza en las últimas horas en la agenda mediática, pero no por un gol narrado a los gritos ni por una cobertura vibrante desde la línea de cal. Esta vez, el cronista de TyC Sports quedó detenido en Miami, en el marco de una investigación judicial por presunto lavado de dinero vinculado a casinos de Las Vegas. Un episodio que sacude al periodismo deportivo, incomoda al mundo del fútbol y, sobre todo, deja al desnudo una trama que dialoga peligrosamente con el clima político y económico que hoy promueve el gobierno de Javier Milei.
La escena inicial ya tiene una carga simbólica difícil de ignorar. Felman arribó a Estados Unidos el 2 de febrero junto a su hija, con la intención de celebrar sus 15 años. No hubo brindis ni fotos familiares. En el Aeropuerto Internacional de Miami lo estaban esperando. Sobre él pesaba una orden judicial previa emitida desde el estado de Nevada, donde se concentra la investigación principal. En los registros oficiales del condado de Miami-Dade figuraba bajo la categoría “Fugitive Warrant-Out of State Extradite”, una denominación que habla por sí sola: una orden activa de otra jurisdicción y una detención que no fue casual ni improvisada.
La causa, según surge de las tres notas que dieron origen a esta reconstrucción, gira alrededor de un esquema de presuntas maniobras irregulares en casinos de Las Vegas. En particular, aparece mencionado el Resorts World Las Vegas, un complejo que habría sido escenario de las llamadas “presencias” pagas de futbolistas y exjugadores argentinos. El mecanismo, relatado con detalles inquietantes, incluía viajes y estadías cubiertas, pagos que iban desde los 3.000 hasta los 75.000 dólares y una serie de reglas estrictas que rozan lo kafkiano: no jugar con dinero propio, usar únicamente fichas provistas por terceros, obedecer órdenes precisas sobre cuándo y cómo apostar, no consumir alcohol y aceptar una vigilancia permanente, con cámaras registrando cada movimiento.
En ese engranaje aceitado, el rol de algunos periodistas deportivos aparece como un eslabón clave. No como simples observadores, sino como nexos, intermediarios, promotores de un sistema que prometía dólares rápidos a cambio de presencia, influencia y silencio. Según lo que trascendió en programas televisivos y fue confirmado por fuentes periodísticas, esos periodistas cobraban un extra por convencer a los jugadores de participar. Una comisión por abrir puertas, tender puentes y garantizar que el negocio fluyera sin sobresaltos.
En el caso de Felman, el dato que encendió todas las alarmas fue una transferencia cercana al millón de dólares hacia una cuenta vinculada a él. De ese monto, siempre según las versiones publicadas, se habría quedado con una comisión de aproximadamente 20.000 dólares, mientras que el resto fue derivado a otra cuenta cuyo destino final aún es materia de investigación por parte de la Justicia estadounidense. Un millón de dólares no es un vuelto olvidado en un bolsillo. Es una cifra que, por sí sola, exige explicaciones, controles y una lupa judicial que, al menos en este caso, llegó desde afuera.
Tras la detención, Felman fue alojado en el Miami-West Detention Center, un centro primario donde conviven detenidos de todo tipo. La fianza fijada osciló, según las fuentes, entre los 50.000 y los 130.000 dólares, y se mencionó incluso la posibilidad de ofrecer un departamento como garantía para obtener la libertad provisoria. Finalmente, la Justicia aceptó el pago de 130.000 dólares y el periodista recuperó la libertad, aunque la causa sigue abierta y con una audiencia clave prevista para el 17 de febrero.
Desde su entorno aseguraron que regresará a Buenos Aires y que, en principio, no existirían restricciones para retomar sus actividades laborales. No hubo, hasta ahora, un pronunciamiento público del propio Felman. El silencio, en estos casos, también comunica. Comunica cautela, estrategia legal o, simplemente, la conciencia de que cualquier palabra puede volverse en contra.
Más allá de la suerte individual del periodista, el caso abre una discusión más amplia y profundamente política. Porque no se trata solo de un presunto delito cometido por una persona concreta, sino de un clima de época. Un clima donde el dinero circula, se oculta, se lava o se disfraza con una facilidad alarmante, mientras desde el poder se desprecian los controles, se demoniza al Estado y se presenta la desregulación como una virtud moral.
El gobierno de Javier Milei insiste, casi como un mantra, en que el mercado se autorregula, que el Estado es el problema y que cualquier forma de control es una traba “socialista” al progreso. Sin embargo, la realidad, tozuda, vuelve a mostrar que cuando se levantan las barreras, cuando se relativizan las normas y cuando se glorifica la viveza financiera, los beneficiados suelen ser siempre los mismos: los que saben moverse en la penumbra, los que tienen contactos, los que convierten su capital simbólico en moneda dura.
No es casual que esta investigación haya avanzado en Estados Unidos y no en la Argentina. Mientras aquí se ajustan organismos de control, se recortan presupuestos y se estigmatiza a quienes investigan delitos económicos, afuera los movimientos de grandes sumas de dinero siguen despertando sospechas. El contraste es incómodo. Y deja al desnudo una pregunta que sobrevuela todo el caso: ¿qué otras maniobras similares pasan inadvertidas en un país que decidió mirar para otro lado?
El impacto en el ambiente del fútbol y del periodismo deportivo es innegable. En los programas de espectáculos se habla de preocupación, de listas que podrían ampliarse, de exjugadores y comunicadores que hoy miran el calendario internacional con desconfianza, temiendo que un viaje termine en una celda. Se menciona incluso la posibilidad de detenciones futuras si algunos involucrados pisan suelo estadounidense. El temor no es abstracto: es concreto, palpable, casi se huele en los pasillos de los canales.
La causa contra Felman, aún en desarrollo, no tiene imputaciones públicas adicionales confirmadas. Hay incertidumbre, zonas grises y mucho por esclarecer. Pero incluso en esa complejidad, el mensaje es claro. Cuando el dinero fluye sin controles y las reglas se escriben para ser burladas, el resultado no es libertad ni prosperidad. Es opacidad, desigualdad y, tarde o temprano, escándalo.
En definitiva, el caso Quique Felman funciona como un espejo incómodo de una Argentina que, bajo el discurso libertario, parece dispuesta a naturalizar cualquier cosa mientras haya dólares de por medio. Un espejo que devuelve una imagen poco glamorosa: la de un sistema donde el fútbol, los medios y las finanzas se cruzan en zonas peligrosas, y donde el Estado ausente no es solución, sino parte del problema.
Fuente:
https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/quique-felman-detenido/
https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/el-periodista-eduardo-quique-felman-fue-detenido-en-miami-que-se-sabe-hasta-ahora-de-la-causa-nid13022026/
https://www.contextotucuman.com/nota/374184/quique-felman-fue-detenido-en-miami-por-lavado-de-dinero-en-un-casino-de-las-vegas-lo-liberaron-tras-pagar-fianza-de-u$s-130-000.html





















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