El cinismo de la motosierra que solo corta hacia abajo mientras la nueva casta construye mansiones y triangula contratos estatales.
En un país donde el hambre ya no es una metáfora sino una realidad que golpea las puertas de los comedores comunitarios vaciados por el desprecio oficial, la figura de Manuel Adorni emerge como el símbolo más abyecto de la hipocresía que habita en la Casa Rosada. No se trata simplemente de su tono monocorde y burlón tras un atril que destila veneno cotidiano contra los trabajadores; ahora, la justicia le ha puesto nombres y apellidos a la sospecha: enriquecimiento ilícito.
El hombre que cada mañana nos da cátedra sobre la austeridad y el mérito, mientras el consumo de carne se desploma a niveles históricos por la licuación de los salarios, parece haber encontrado un atajo muy lucrativo en la función pública. Resulta insultante, por no decir criminal, que mientras el desempleo trepa al 7,5% y la informalidad laboral asfixia a casi la mitad de la población, el patrimonio del vocero presidencial casi se haya duplicado en tiempo récord. ¿Cómo se explica semejante salto de fortuna en medio de una recesión que tiene a las pymes bajando persianas y a los jubilados contando monedas para comprar un medicamento?
La respuesta, que ahora rastrean el juez Ariel Lijo y el fiscal Gerardo Pollicita, apunta a una red de favores, triangulaciones y vuelos privados que huelen al rancio aroma de la corrupción que tanto decían venir a combatir.
La denuncia penal, impulsada y ampliada por la diputada Marcela Pagano, no es un mero trámite administrativo, sino una radiografía del asco. Se le adjudica a Adorni la construcción de una mansión en un exclusivo barrio privado, un lujo que suena a bofetada para los siete mil trabajadores que perdieron su empleo en el parque industrial de Pilar o para los empleados de la fábrica de zapatillas Bicontinentar que hoy fabrican «nada» por el freno industrial de este modelo hambreador.
Pero el entramado de la «nueva casta» no se detiene en ladrillos de lujo. La sombra de la sospecha se extiende sobre su círculo familiar más íntimo, exponiendo un esquema de triangulación de contratos que involucra a organismos como ARCA, el Banco Nación, YPF, Aerolíneas Argentinas y AYSA, todos utilizados presuntamente para beneficiar a su esposa. Es el sueño húmedo del neoliberalismo: desguazar el Estado, declarar que «no hay plata» para el pueblo, pero usar las estructuras que quedan en pie para el beneficio personal de los amigos del poder. Esta es la libertad que pregonan, la libertad de enriquecerse mientras la patria se vende al mejor postor y los pibes se quedan sin su vaso de leche.
El escándalo de los vuelos privados a Punta del Este es otra pieza de este rompecabezas de impunidad que no admite más demoras. Aunque desde el entorno libertario intentaron instalar la narrativa de una «gauchada» entre amigos, la realidad documental que maneja la justicia indica que el pasaje fue pagado por una productora vinculada a la televisión pública y promocionada con la propia imagen del jefe de gabinete. El costo del vuelo, estimado en unos nueve mil dólares, es el doble de lo que el funcionario admitió originalmente, una mentira que ya es moneda corriente en una gestión donde la posverdad y las noticias falsas son la única política de comunicación efectiva. Resulta paradójico que el mismo Adorni que se burla de los reclamos sociales sea quien use a su propia aliada, Karina Milei, como escudo humano frente a las internas que lo acorralan, mientras en los pasillos de Balcarce 50 ya no disimulan el pavor a que aparezca «más mugre» debajo de la alfombra. El miedo es lógico: cuando se rompe el pacto de «honestidad superior» con el que engañaron a sus votantes, solo queda el esqueleto de un gobierno que odia a la gente y ama el dinero ajeno.
No podemos analizar este presunto enriquecimiento ilícito de manera aislada al contexto de saqueo que vive la Argentina. El modelo de Milei y Adorni es una trampa de doble pinza: por un lado, se levantan los secretos fiscales y bancarios para investigar fortunas mal habidas en la cumbre del poder; por el otro, se condena a los trabajadores al monotributismo de subsistencia y a un endeudamiento con tarjetas de crédito que ya alcanza a una de cada ocho empresas y a millones de familias para comprar comida básica. Mientras Adorni disfruta de las mieles de la función pública, el Riesgo País retorna a los 600 puntos y el FMI posterga fondos por el incumplimiento de metas, dejando claro que para el mundo financiero somos apenas un experimento social fallido.
La complejidad del asunto es enorme, pero el mensaje es simple: nos gobierna una banda de oportunistas que, bajo el disfraz de la «batalla cultural» y la lucha contra el «colectivismo», están saqueando lo poco que queda de dignidad nacional. El fiscal Taiano también está bajo fuego, acusado por la oposición de actuar más como abogado de los Milei que como representante del pueblo en la causa de la criptomoneda $LIBRA, otro escándalo que vincula directamente al presidente con pagos millonarios en el exterior que no pueden explicar.
La justicia social, ese concepto que a Milei tanto le molesta y que Adorni desprecia con cada sonrisa sardónica, es la única respuesta posible ante esta avanzada liberticida. No hay libertad posible con hambre, ni democracia sana con funcionarios que multiplican sus cuentas bancarias mientras cierran centros de atención a personas con discapacidad en la causa ANDIS, donde socios de Karina Milei también aparecen salpicados por coimas y robos a los más vulnerables.
El pueblo argentino, que tiene memoria y ha sabido resistir a las peores dictaduras y saqueos neoliberales, está despertando de la anestesia de las redes sociales. Se espera una marcha masiva para el 24 de marzo, no solo para decir «Nunca Más» al terrorismo de Estado, sino para decirle «Basta» a un gobierno negacionista que intenta indultar genocidas y que utiliza la represión como única respuesta al conflicto social. Adorni, con su casa en el country y sus vuelos pagados por el Estado, es la cara visible de una estafa electoral sin precedentes.
La incertidumbre jurídica que ellos mismos siembran al atacar a los jueces que no les responden será su propio laberinto. Al final del día, la verdad siempre aflora, y no habrá tuit ni conferencia de prensa que pueda ocultar el rastro del dinero que le falta a los jubilados pero le sobra a los voceros de la miseria organizada.

