El jubilado que movía millones: la investigación sobre Orlando Mellino y la criptomoneda $LIBRA que dejó EnOrsai a Milei

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El jubilado del millón: el extraño rol de Orlando Mellino en la trama millonaria de la criptomoneda $LIBRA que salpica a Milei. Un hombre de 75 años, con perfil de jubilado en Tigre, aparece en el centro de una investigación judicial por movimientos millonarios en criptomonedas que se activaron minutos después de una reunión entre el creador de $LIBRA y el presidente argentino.

La justicia sospecha que Orlando Rodolfo Mellino podría haber actuado como prestanombre en una compleja red financiera vinculada al auge y posterior colapso de la criptomoneda $LIBRA. Transferencias millonarias, empresas con conexiones internacionales y un domicilio inexistente alimentan una causa que ya se tramita en los tribunales de Comodoro Py y que vuelve a poner bajo la lupa los vínculos entre el poder político y el mundo cripto.

En la Argentina de la “libertad financiera” proclamada desde la Casa Rosada, una historia tan improbable como inquietante empieza a tomar forma en los tribunales federales. En el centro de esa trama aparece Orlando Rodolfo Mellino, un jubilado argentino de 75 años residente en Tigre, que hoy enfrenta una investigación judicial por su presunto papel en el circuito de dinero que rodea a la criptomoneda $LIBRA.

La sospecha es tan sencilla como perturbadora: que Mellino haya sido utilizado como prestanombre dentro de un entramado de movimientos millonarios difícil de explicar para alguien que, al menos en los papeles, debería llevar la vida tranquila de cualquier jubilado del conurbano norte. Pero lo que revelan los registros financieros y societarios es otra cosa muy distinta.

El dato que encendió las alarmas ocurrió el 30 de enero de 2025. Ese día, Mellino recibió más de un millón de dólares en dinero digital. La transferencia provino de Hayden Mark Davis, el empresario señalado como creador de la criptomoneda $LIBRA. El detalle que vuelve explosivo el episodio no es solo el monto, sino el momento: el envío del dinero se produjo apenas 42 minutos después de que Davis mantuviera una reunión con el presidente Javier Milei.

En un país acostumbrado a los escándalos financieros que orbitan alrededor del poder político, la coincidencia temporal resulta, cuanto menos, incómoda. Y para la justicia, directamente sospechosa.

Pero lo que vino después profundizó todavía más las dudas. Según la investigación, pocas horas después de haber recibido ese millón de dólares, Mellino transfirió la totalidad de los fondos a una tercera cuenta cuya identidad permanece desconocida. El dinero entró y salió con una velocidad que parece diseñada para borrar rastros.

Las indagaciones posteriores permitieron reconstruir una ruta financiera todavía más impactante. Entre marzo de 2024 y febrero de 2025, Mellino habría recibido desde esa misma cuenta más de 5,8 millones de dólares. Es decir, el flujo de dinero no fue un hecho aislado sino parte de un circuito sostenido de transferencias millonarias.

La pregunta es inevitable: ¿qué hace un jubilado de Tigre moviendo cifras que superarían con holgura los presupuestos de muchas pequeñas empresas argentinas?

La investigación judicial intenta responder ese interrogante analizando el perfil patrimonial de Mellino, y allí aparecen las primeras inconsistencias. A pesar de su condición de jubilado, figura como accionista mayoritario —con el 90 por ciento del paquete— de una sociedad denominada Logística Latinoamericana S.R.L.

El nombre podría pasar desapercibido en el océano de sociedades comerciales que existen en el país, pero algunos detalles llaman la atención. La empresa posee una flota de vehículos de gama media-alta y Mellino tiene autorización para conducir al menos cinco automóviles pertenecientes a esa firma: modelos de marcas como Audi, Honda, Volkswagen y Dodge.

El contraste es brutal. Por un lado, el perfil formal de un jubilado. Por el otro, el manejo de empresas, vehículos costosos y transferencias millonarias en criptomonedas.

Para los investigadores, esa desconexión entre identidad económica y volumen financiero es precisamente lo que alimenta la hipótesis del prestanombre. Una figura tristemente conocida en las tramas de lavado de dinero y evasión fiscal: alguien que presta su nombre para encubrir operaciones que en realidad responden a intereses de terceros.

Pero la historia no termina ahí.

Las pesquisas también detectaron conexiones internacionales que amplían el alcance del caso. Mellino aparece registrado como “manager” de una compañía radicada en Florida. Al mismo tiempo, figura como codirector y jefe financiero de una empresa llamada ORDI INC., con sede en California, donde comparte responsabilidades con Diego H. Mellino.

Ese entramado corporativo transnacional vuelve todavía más complejo el rompecabezas financiero. No se trata simplemente de un jubilado con una empresa local, sino de alguien vinculado a estructuras societarias que atraviesan fronteras y jurisdicciones.

En medio de ese escenario, otro episodio terminó de encender las alarmas judiciales. Cuando la justicia intentó notificar a Mellino un embargo en el domicilio que figura registrado a su nombre en Tigre, ocurrió algo inesperado: la dirección no existía.

En el lugar señalado no había ninguna vivienda. En su lugar funcionaban locales comerciales, entre ellos una cadena de hamburgueserías. Los comerciantes de la zona aseguraron no conocer a Mellino.

El detalle podría parecer anecdótico, pero en el mundo de las investigaciones financieras suele ser una señal clásica: domicilios inexistentes, sociedades opacas y transferencias vertiginosas suelen formar parte del mismo libreto.

Mientras tanto, el expediente que intenta reconstruir esta trama se tramita en los tribunales federales de Comodoro Py. Allí se investiga una posible estafa vinculada al auge y posterior colapso de la criptomoneda $LIBRA.

La moneda digital, que alguna vez fue presentada como una oportunidad de inversión en el universo cripto, terminó convirtiéndose en el eje de una causa judicial que ahora también roza al propio presidente de la Nación.

No es un dato menor. El hecho de que la transferencia inicial se haya producido apenas 42 minutos después de la reunión entre el creador de la criptomoneda y Javier Milei introduce un elemento político imposible de ignorar.

En el contexto del gobierno libertario, que ha promovido con entusiasmo la desregulación financiera y la expansión del ecosistema cripto, el caso adquiere una dimensión aún más inquietante. La narrativa oficial que glorifica el mercado como árbitro absoluto de la economía se enfrenta ahora con una historia donde los flujos de dinero digital parecen circular por carriles opacos y difíciles de explicar.

El problema no es solo judicial. También es político y ético.

Porque detrás de la fascinación por las criptomonedas y el discurso de la libertad económica, emerge una pregunta incómoda: quién controla realmente estos circuitos financieros que operan fuera de los sistemas tradicionales.

La figura de Mellino, en ese sentido, funciona casi como una metáfora de época. Un jubilado que, sobre el papel, debería estar contando monedas para llegar a fin de mes aparece en cambio conectado a una red de millones de dólares que se mueven con la velocidad de un clic.

La justicia ahora deberá determinar si se trata de un engranaje consciente dentro de una estructura mayor o simplemente de un nombre utilizado para ocultar a los verdaderos beneficiarios del dinero.

Sea cual sea la respuesta final, el caso $LIBRA vuelve a exponer las zonas grises del capitalismo financiero contemporáneo, donde las criptomonedas prometen libertad pero muchas veces terminan abriendo la puerta a mecanismos de opacidad que ni los propios Estados logran controlar.

Y en esa frontera borrosa entre innovación tecnológica, especulación y poder político, la figura de Orlando Rodolfo Mellino se convierte en una pieza clave de un rompecabezas que todavía está lejos de resolverse.

 

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