El pasado sábado 14 de febrero, a las 16:00 hs, más de 80 artistas plásticos se congregaron en San José 1111 (CABA) bajo la consigna «Cristina Libre». La convocatoria surgió de la comisión de arte del Instituto Patria, dirigida por Gabriela Shinocca, quien trabajó en conjunto con el muralista David Correas y el coordinador de Arte Correo Postal x Cristina Libre, David Jabif de Souza.
La jornada fue el resultado de un proceso colectivo que comenzó con la recepción de numerosos bocetos enviados por artistas de todo el país. Estos diseños dieron vida a dos murales móviles de 2,50 x 2 metros cada uno que, tras ser dibujados, fueron transportados a la ya emblemática esquina de la casa de Cristina Fernández de Kirchner.
Desde temprano, el clima fue de celebración. Cerca de las 14:00 hs, vecinos y vecinas comenzaron a acercarse con banderas argentinas y remeras con la consigna de la jornada. Los artistas, cargados con pinceles y pinturas, se sumaron con entusiasmo para intervenir los dos murales emplazados frente al balcón de la exmandataria.
La poética de los murales – Cada obra tuvo una representación simbólica definida:
El primer mural: Muestra a Cristina de espaldas, con los brazos abiertos frente a un pueblo que celebra su libertad. En la composición conviven trabajadores y Madres de Plaza de Mayo con sus pañuelos blancos. En la base, la leyenda «Queremos a Cristina» sostiene la imagen, mientras que un arcoíris en la parte superior corona la obra con el mensaje «Cristina Libre».
El segundo mural: Inspirado en La Libertad guiando al pueblo de Eugène Delacroix, presenta a una mujer en el centro portando la bandera argentina, rodeada por una multitud que exige justicia y libertad.
El encuentro contó con la participación de destacados referentes de la cultura, entre ellos las presencias estelares de Teresa Parodi y Tristán Bauer.
El cierre de una jornada histórica
Al caer la tarde, cerca de las 19:00 hs, el momento de mayor emoción se vivió cuando Cristina salió al balcón. Entre cantos, cánticos y lágrimas, los artistas cargaron los murales terminados sobre sus hombros para exhibírselos. Se la vio profundamente conmovida y agradecida, dedicando largos minutos a saludar a cada uno de los presentes, devolviendo con gestos de afecto el apoyo de la multitud que colmaba la calle.
Resulta difícil resumir los momentos mágicos producidos en esa «esquina del pueblo». Lejos de decaer, el movimiento se organiza, se moviliza y lucha por una libertad que sienten propia: la de una conductora injustamente proscripta y perseguida.





























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