Los reportes recientes de DW Español sobre Argentina reavivaron el debate sobre el impacto del programa económico de Javier Milei. Aunque la tasa de desempleo oficial muestra una baja al 6,6%, crecen la informalidad, la subocupación y los cierres empresariales, en un escenario de fuerte controversia social y política.
Los recientes informes de DW Español sobre la situación económica argentina bajo la gestión de Javier Milei colocaron nuevamente al país en el centro de la discusión internacional. La señal pública alemana abordó con tono crítico la evolución de la industria, el empleo y las consecuencias sociales del programa de ajuste y apertura comercial impulsado por el Gobierno. En ese marco, se destacaron cifras de cierres empresariales, pérdida de puestos de trabajo industriales y caída del poder adquisitivo, configurando un panorama que contrasta con la narrativa oficial de estabilización macroeconómica.
DW ha publicado en los últimos meses reportes audiovisuales y notas que describen una dinámica compleja: por un lado, el Ejecutivo sostiene que el orden fiscal y la desaceleración inflacionaria eran condiciones indispensables para evitar un colapso mayor; por otro, distintos sectores productivos denuncian un deterioro acelerado de la actividad. En uno de los informes se menciona que, en determinados períodos desde la asunción presidencial, el ritmo de cierres empresariales alcanzó un promedio equivalente a 28 firmas por día. El dato, más allá de las variaciones metodológicas o temporales, funciona como símbolo de una etapa de fuerte reconfiguración económica.
La industria manufacturera aparece como uno de los sectores más afectados. Según lo señalado en los reportes, la capacidad instalada se ubica por debajo del 60%, reflejando una utilización limitada del potencial productivo. Empresas de rubros tradicionales enfrentaron despidos y suspensiones en un contexto de apertura de importaciones que incrementó la competencia externa. El argumento oficial apunta a que esa competencia permitiría abaratar precios y mejorar la eficiencia; la crítica, en cambio, subraya que la transición careció de políticas industriales compensatorias y dejó a numerosas firmas expuestas a un escenario adverso.
En paralelo, los datos oficiales del INDEC introducen un elemento que obliga a matizar el análisis. La tasa de desocupación correspondiente al tercer trimestre de 2025 se ubicó en 6,6% de la Población Económicamente Activa. Esto implica una reducción respecto al 7,6% del segundo trimestre del mismo año y una leve baja frente al 6,9% registrado en igual período de 2024. En términos absolutos, la proyección nacional ronda entre 1,48 y 1,49 millones de personas desocupadas.
El Gobierno destaca este descenso como señal de que la economía comienza a estabilizarse tras el impacto inicial del ajuste. También resalta el incremento en la tasa de empleo, que alcanzó 45,4%, y el leve aumento en la tasa de actividad, situada en 48,6%. Desde esa perspectiva, la estrategia de disciplina fiscal y liberalización sería el punto de partida de una recuperación gradual.
Sin embargo, los propios datos oficiales revelan aristas menos favorables. La tasa de subocupación se ubicó en 10,9%, y la informalidad mostró un aumento interanual, pasando de 42,6% a 43,3% de los ocupados. Esto indica que parte de la mejora en el desempleo abierto convive con un crecimiento de empleos precarios o de baja calidad. El mercado laboral absorbe mano de obra, pero lo hace en condiciones que no necesariamente garantizan estabilidad ni ingresos suficientes.
En este contexto, diversas estimaciones mencionadas en el debate público indican que desde el inicio de la gestión de Milei hasta fines de 2025 se habrían perdido entre 177.000 y 242.000 puestos asalariados privados registrados. Sectores como la industria manufacturera, la construcción y el comercio concentran buena parte de esas bajas. En octubre de 2025, por ejemplo, se registró una caída mensual significativa en el empleo privado formal, la mayor en más de un año y medio.
La tensión entre los indicadores macroeconómicos y la experiencia cotidiana de amplios sectores sociales explica la intensidad de la controversia. Mientras la baja del desempleo al 6,6% es presentada como un logro en términos históricos recientes, los reportes de DW y las cifras sobre cierres empresariales alimentan la percepción de un tejido productivo debilitado. La discusión no gira únicamente en torno a la cantidad de empleos, sino también a su calidad y a la estructura económica que los sustenta.
El enfoque crítico de DW pone énfasis en el costo social del ajuste. Se menciona la caída de salarios reales en determinados períodos, el incremento de la precarización y la incertidumbre sobre la capacidad de los trabajadores despedidos de reinsertarse en sectores más dinámicos. La señal alemana también recoge la división social que atraviesa al país: mientras algunos celebran la estabilidad fiscal y la reducción de la inflación, otros advierten sobre un proceso de empobrecimiento y dependencia externa.
La complejidad del escenario obliga a evitar simplificaciones. El descenso del desempleo abierto es un dato verificable y relevante. Al mismo tiempo, la expansión de la informalidad y la subocupación sugiere que el mercado laboral atraviesa una transformación profunda. La economía argentina parece moverse en una zona intermedia, donde la estabilización macro convive con un reordenamiento productivo que genera ganadores y perdedores.
El debate sobre el rumbo económico no es meramente técnico; tiene implicancias sociales y políticas de largo alcance. Si la apertura comercial y el ajuste fiscal logran consolidar una base productiva más competitiva y sostenible, los costos iniciales podrían ser interpretados como parte de una transición. Si, por el contrario, el proceso deriva en un debilitamiento estructural de la industria y en una expansión permanente del trabajo precario, la baja del desempleo podría resultar insuficiente para revertir el malestar social.
Los informes de DW colocan estas preguntas en el centro de la escena internacional. Argentina aparece como un caso testigo de un experimento económico de fuerte impronta liberal, cuyos resultados siguen en evaluación. La coexistencia de una tasa de desocupación en 6,6% con señales de crisis industrial sintetiza la paradoja actual: estabilidad en algunos indicadores clave, fragilidad en la estructura productiva y una sociedad atravesada por expectativas y temores contrapuestos.
























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