Panpack cerró tras 50 años en Tucumán y dejó a 75 trabajadores en la calle en plena apertura de importaciones

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Título: Panpack, 50 años de historia industrial, cerró sus puertas y dejó a 75 familias en la intemperie

Subtítulo: La fábrica tucumana que supo emplear a 300 operarios bajó la persiana de manera intempestiva en Los Nogales, en medio de la apertura de importaciones y una crisis que golpea de lleno al corazón productivo del azúcar.

Bajada: Sin telegramas de despido, con los portones bloqueados y la luz cortada, los trabajadores de Panpack se encontraron de golpe con el final de una empresa emblemática. El cierre no sólo impacta en 75 empleos directos, sino que sacude a la agroindustria tucumana y reaviva el debate sobre el rumbo económico del Gobierno de Javier Milei.

La escena tiene algo de postal triste de época. Lunes a las seis de la mañana, todavía con la oscuridad pegada al asfalto de la Ruta Nacional 9, y un grupo de obreros que llega a cumplir su turno como lo hizo durante años. Pero esta vez no hay máquinas encendidas ni olor a rafia recién tejida. Hay portones cerrados, suministro eléctrico cortado y personal de seguridad con órdenes tajantes: nadie entra. Así amaneció Los Nogales con la noticia que ya se murmuraba el fin de semana y que terminó de confirmarse en carne viva: Panpack SA cerró definitivamente y dejó a 75 trabajadores en la calle.

La empresa, con más de medio siglo de trayectoria en Tucumán y conocida en sus inicios como Panam, no era una fábrica más. En su mejor momento llegó a emplear a 300 personas y se convirtió en uno de los motores industriales de la zona. Generaciones enteras crecieron con un padre, una madre o un hermano trabajando entre bolsas de lona y tejidos de rafia destinados a la agroindustria. Lo que hoy es un predio silencioso supo ser sinónimo de estabilidad y orgullo local. Ese contraste es el que duele.

El cierre no fue anunciado con bombos ni comunicado formal. Según relataron los propios trabajadores, durante el fin de semana recibieron apenas una notificación verbal en la que se les indicó que no debían presentarse a trabajar. Nada de telegramas, nada de papeles que respalden una decisión tan drástica. Algunos, incrédulos o aferrados a la rutina, acudieron igual a las seis de la mañana. Lo que encontraron fue un bloqueo total. Ante la ausencia de documentación oficial y la incertidumbre absoluta, se dirigieron junto a su delegado gremial a la comisaría de Los Nogales para radicar la denuncia correspondiente. La sensación era de desamparo, de estar frente a un portazo literal y simbólico.

El desenlace fue abrupto, pero el deterioro venía gestándose. A fines de julio del año pasado, la firma había ejecutado una primera tanda de 25 despidos. Fue la señal de alarma. Desde entonces, la dirección adjudicó la caída de la rentabilidad a la imposibilidad de competir frente a la apertura de importaciones. Esa frase, repetida casi como un mantra, condensa una discusión más amplia sobre el rumbo económico del país. La apertura indiscriminada de productos textiles y de rafia, en un contexto de consumo interno en retroceso, dejó a empresas tradicionales en una situación asfixiante.

En un intento por ganar tiempo y evitar el colapso, Panpack ingresó a fines del año pasado en concurso preventivo de acreedores. La medida, que en teoría busca ordenar deudas y sostener la actividad, no logró revertir la tendencia. La quiebra terminó imponiéndose y el cierre se concretó sin anestesia. Los trabajadores denunciaron además que la empresa llegó a ofrecer el pago del 50 por ciento de las indemnizaciones en siete cuotas, una propuesta que fue rechazada de plano. A eso se suman juicios iniciados por empleados despedidos previamente ante la falta de pago de haberes y deudas por cuotas alimentarias. El cuadro es complejo y deja más preguntas que respuestas.

El impacto de la clausura trasciende el drama individual de cada familia. Panpack era uno de los principales proveedores de bolsas de lona y rafia de 50 kilos para los ingenios azucareros de Tucumán. Más de quince ingenios dependían de su producción para la comercialización del azúcar. Ya a finales del año pasado, la empresa había advertido que no estaría en condiciones de abastecer los insumos necesarios para la zafra 2026. Esa advertencia obligó a los ingenios a reestructurar de urgencia su logística de envasado de cara a marzo, el mes en el que habitualmente comienzan las compras para la temporada.

No se trata, entonces, de un cierre aislado. Es una pieza que se cae en un engranaje mayor. En lo que va del año, Panpack se suma al cierre de otra fábrica en la provincia, TN&Platex, profundizando la sensación de que el tejido industrial tucumano se deshilacha. La crisis textil no es patrimonio exclusivo de una localidad; responde a una combinación de caída del consumo y competencia externa que golpea a lo largo y ancho del país. Sin embargo, cuando la teoría económica se traduce en 75 personas sin trabajo, el debate deja de ser abstracto.

El Gobierno de Javier Milei sostiene que la apertura de importaciones es parte de una estrategia para ordenar precios y disciplinar mercados. Sus defensores hablan de eficiencia y competitividad. Pero en Los Nogales la palabra que resuena es otra: desindustrialización. Para los vecinos, la sensación es la de un final de época. La fábrica que durante décadas marcó el pulso del pueblo hoy es un símbolo de persianas bajas y abandono. No es sólo un edificio vacío; es la evidencia de un modelo que, al menos en este caso, no logró preservar ni reconvertir una estructura productiva con 50 años de historia.

Sería simplista atribuir toda la responsabilidad a una sola variable. Las dificultades financieras de Panpack comenzaron a hacerse visibles antes del cierre definitivo, y la empresa arrastraba problemas que el concurso preventivo no pudo resolver. La dinámica del mercado textil es compleja y está atravesada por factores macroeconómicos, tecnológicos y comerciales. Sin embargo, también es cierto que las decisiones de política económica tienen efectos concretos. Cuando se abren las puertas a productos importados sin un esquema que contemple la transición de la industria local, el impacto no tarda en sentirse.

En Tucumán, donde la agroindustria azucarera es columna vertebral de la economía regional, el cierre de un proveedor estratégico no es un dato menor. Obliga a reorganizar cadenas de suministro, a buscar alternativas quizá más costosas o menos cercanas. Y en el medio quedan trabajadores que no saben cómo pagarán el alquiler el mes próximo. La incertidumbre no es un concepto técnico; es una angustia que se respira en cada charla en la vereda.

La historia de Panpack condensa una paradoja. Una empresa que supo emplear a 300 personas y abastecer a buena parte de la industria azucarera termina clausurada, con 75 empleados mirando desde afuera los portones cerrados. El contraste interpela al modelo económico vigente. ¿Es el costo inevitable de una transformación estructural o el síntoma de una política que no calibró sus efectos sociales? La respuesta no es lineal y exige un análisis que combine números y rostros.

Por ahora, lo tangible es el silencio de las máquinas y la bronca contenida de quienes se sienten expulsados de un sistema que prometía eficiencia y terminó ofreciendo desempleo. En Los Nogales, el cierre de Panpack no es sólo una noticia económica; es una herida abierta que vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre qué tipo de desarrollo quiere y puede sostener la Argentina bajo la administración de Javier Milei.

Fuente:
https://www.iprofesional.com/negocios/449259-llego-a-tener-300-empleados-y-hoy-cerro-con-75-otra-historica-fabrica-desmantelada?utm_campaign=mrf-twitter-iProfesional&mrfcid=2026030269a34940a8f3d25401d9ff2d
https://cuestionentrerriana.com.ar/cierra-la-historica-fabrica-panpack-que-fabricaba-en-tucuman-bolsas-industriales-y-deja-a-75-trabajadores-en-la-calle/
https://www.infogremiales.com.ar/tucuman-cierra-la-historica-panpack-que-fabricaba-bolsas-industriales-y-deja-75-trabajadores-despedidos/

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