EL RITO DEL SILENCIO EN LAS FÁBRICAS: LA METALURGIA EN ESTADO DE COMA BAJO LA MOTOSIERRA LIBERTARIA
El colapso de la actividad industrial no es un accidente sino el resultado de un modelo que prefiere el desierto productivo a la dignidad del trabajo nacional
La industria metalúrgica argentina, histórico motor del progreso y la movilidad social ascendente, hoy se desangra ante la indiferencia de un Gobierno que celebra el ajuste mientras las máquinas se apagan. Con una caída de diez puntos en apenas un mes y operando a menos de la mitad de su capacidad, el sector se asoma al abismo de la desindustrialización definitiva en nombre de una libertad que solo beneficia a la timba financiera y al saqueo de nuestros recursos.
Caminar hoy por los cordones industriales del país es realizar un tour por el silencio de las derrotas. Ya no es el estruendo de los tornos ni el calor de las fundiciones lo que marca el pulso de la jornada, sino la angustia de los portones cerrados y la incertidumbre de miles de familias que ven cómo su futuro se oxida. Los datos fríos del desplome industrial, que reportan una caída de diez puntos en la actividad metalúrgica durante febrero, son en realidad el certificado de defunción de miles de puestos de trabajo genuinos. Operar con una capacidad instalada de apenas el 40% es, en términos llanos, estar en estado de coma. Significa que el sesenta por ciento de la potencia productiva de nuestra patria está acumulando polvo porque la demanda interna está en lo que los mismos industriales definen como una caída libre. Es una tragedia que se palpa en el aire y que el cinismo oficial de Manuel Adorni y sus secuaces intenta tapar con tuits y conferencias de prensa donde la «casta» parece ser siempre el otro, el que trabaja, el que produce, el que intenta que el país no se convierta en una mera factoría de exportación de materias primas sin valor agregado.
Resulta verdaderamente revulsivo escuchar al presidente Javier Milei cuestionar el costo de producir en Argentina en foros internacionales, mientras aquí mismo sus políticas actúan como un torniquete que asfixia a quienes dan empleo. Leonardo Hammoud, dueño de la firma Nazaria zapatos, dio en el clavo con una metáfora que hoy recorre cada taller: es como si el médico quisiera que el paciente se muriera para demostrar que su teoría es correcta. No hay otra explicación para este ensañamiento contra la industria nacional. Se ataca a figuras del sector como Rocca o Madanes, no por un afán de justicia distributiva, sino para quebrar la columna vertebral de la resistencia industrial y abrirle paso a un modelo de importación salvaje donde Argentina sea el basural de los excedentes globales. El caso de Bicontinentar es el espejo roto de este desastre: pasaron de fabricar 200.000 pares de zapatillas por mes con 700 trabajadores en 2023, a no producir absolutamente nada hoy. Esa es la libertad que pregonan los «vendedores de buzones» que hoy ocupan la Casa Rosada: la libertad de fundirse, la libertad de ser despedidos por Telegram, la libertad de ver cómo se desmantela el esfuerzo de generaciones.
La crueldad de este experimento neoliberal no tiene límites. En el Parque Industrial de Pilar, ese símbolo de la pujanza bonaerense, se han perdido siete mil puestos de trabajo desde finales de 2025, lo que representa el 20% de su fuerza laboral. Siete mil historias de vida que hoy se encuentran en la calle mientras el Gobierno celebra un superávit fiscal construido sobre el hambre y la desesperanza. Este no es un ajuste «contra la política», es un ataque frontal contra el corazón de la clase trabajadora. Mientras el desempleo trepa al 7,5% y la informalidad laboral alcanza al 43%, condenando a siete de cada diez jóvenes a la precariedad absoluta, los funcionarios libertarios multiplican sus patrimonios y se pasean en vuelos privados pagados por productoras amigas del poder. Es la consolidación de una nueva casta, mucho más rapaz y desalmada que cualquier otra anterior, que utiliza la bandera de la libertad para tapar negocios oscuros como la estafa cripto de $LIBRA o el enriquecimiento ilícito que ya investiga la Justicia.
La complejidad de la situación es tal que incluso los sectores que antes se mantenían en silencio hoy empiezan a endurecer el tono. La Unión Industrial Argentina (UIA) ya no puede disimular que el ataque de Milei es contra la existencia misma de la industria nacional. No hay solvencia crediticia que aguante con el Riesgo País de nuevo en los 600 puntos y una morosidad en los créditos familiares que se cuadruplicó en un año porque la gente tiene que usar la tarjeta para comprar comida. La incertidumbre es total. ¿Cómo va a sobrevivir una metalúrgica pequeña si el consumo de carne vacuna, el indicador más básico de nuestra mesa, cayó a su nivel más bajo en veinte años?. La gente no tiene para comer, mucho menos para comprar bienes durables. El modelo libertario es una trampa de suma cero donde lo único que crece es la miseria y el endeudamiento de los más humildes.
Frente a este escenario de tierra arrasada, la resistencia es la única salida digna. La CGT, en un gesto de soberanía informativa, presentará su propio «INDEC» junto a la UBA para que dejen de mentirnos con los números de una reactivación que solo ocurre en las redes sociales de los trolls oficiales. La lucha de los científicos del CONICET, que han tenido que poner plata de su propio bolsillo para mantener laboratorios abiertos tras cortes de luz y recortes presupuestarios, es el ejemplo de la dignidad que le falta al Ejecutivo. Este 24 de marzo, cuando se cumplan 50 años del golpe de Estado que instauró el terrorismo de Estado y el modelo económico que Milei hoy intenta reivindicar con su negacionismo y su desprecio por los derechos humanos, la marcha será masiva. Marcharemos por la memoria de los desaparecidos, pero también por el presente de los despedidos, por el futuro de la industria y por la justicia social que a este presidente le molesta tanto que le mencionen. Porque no hay país posible sin fábricas, no hay sociedad justa con el 40% de capacidad industrial, y no hay libertad verdadera si el precio es el hambre de nuestro pueblo. El paciente no quiere morir, doctor Milei, lo que quiere es cambiar de médico antes de que sea demasiado tarde.
Fuentes:
- https://www.infogremiales.com.ar/la-industria-metalurgica-cayo-mas-de-10-en-febrero-esta-situacion-pone-bajo-presion-el-sostenimiento-del-empleo/
- https://www.lapoliticaonline.com/nota/la-industria-metalurgica-cayo-10-puntos-en-febrero-y-la-capacidad-instalada-esta-al-40/ https://adnweb.com.ar/economia/la-paradoja-de-milei–es-como-si-el-medico-quisiera-que-el-paciente-se-muriera_a69b355362a95660dd2830a37
- https://www.infogremiales.com.ar/la-destruccion-industrial-golpea-con-dureza-y-hubo-unos-7-mil-despidos-en-el-parque-industrial-de-pilar-desde-septiembre-de-2025/

