Stellantis frena en El Palomar: la industria automotriz vuelve a chocar contra el modelo económico de Milei. La automotriz suspendió su producción hasta marzo en la provincia de Buenos Aires en medio de la caída del mercado, el derrumbe de las exportaciones y un escenario industrial cada vez más frágil. La parada técnica en la planta bonaerense no es un hecho aislado sino un síntoma profundo: menos ventas, menos producción, salarios recortados y un mercado que se enfría bajo las políticas del gobierno libertario
La decisión de Stellantis de frenar la producción en su planta de El Palomar durante gran parte de febrero y retomar recién en marzo no puede leerse como un simple ajuste estacional ni como una anécdota coyuntural del calendario industrial. Detrás del comunicado prolijo, de las palabras medidas y del intento empresarial por transmitir normalidad, se esconde una fotografía mucho más cruda del presente económico argentino: una industria automotriz golpeada, un mercado interno en retroceso y un esquema macroeconómico que, lejos de incentivar la producción, la empuja a pisar el freno.
La planta bonaerense, donde se fabrican los modelos Peugeot 208, 2008, Partner y el Citroën Berlingo, detuvo sus operaciones en dos tramos —del 18 al 20 y del 23 al 27 de febrero— bajo el argumento de realizar tareas de mantenimiento y readecuación operativa. El discurso oficial de la compañía insiste en que no hay cambios estructurales ni alteraciones en los planes futuros. Sin embargo, cuando una fábrica que ya había cerrado durante todo diciembre vuelve a interrumpir su producción apenas comenzado el año, el problema excede largamente la logística.
El mercado automotor argentino atraviesa una volatilidad que ya no sorprende, pero sí preocupa por su persistencia. Las cifras hablan con contundencia. El sector no alcanzó los objetivos proyectados para 2025, con apenas 612.000 unidades producidas frente a una meta de 650.000. Enero de 2026 tampoco cumplió las expectativas: se esperaban 70.000 patentamientos de vehículos 0 km y se concretaron poco más de 65.000. A esta altura, las proyecciones para febrero son todavía peores. Con solo ocho días hábiles por delante, el sector estima una caída interanual de entre el 20 y el 25 por ciento, con alrededor de 35.000 operaciones frente a las 44.000 del mismo mes del año anterior.
La situación se vuelve aún más opaca cuando se observa el funcionamiento irregular del Sistema de Información Online del Mercado Automotor. Desde principios de febrero no hay registros oficiales, y la explicación informal que reciben concesionarios y fabricantes es, lisa y llanamente, una “caída del sistema”. En un país donde la transparencia estadística debería ser una prioridad, la ausencia de datos oficiales en un momento crítico del sector no hace más que alimentar la incertidumbre y la desconfianza.
En este contexto, la decisión de Stellantis aparece como una respuesta defensiva ante un escenario que se deteriora mes a mes. La baja de las exportaciones a Brasil, principal destino regional, golpeó con fuerza a los modelos producidos en El Palomar. En 2025, las ventas externas del Peugeot 208 cayeron un 38 por ciento y las del 2008 un 44 por ciento. La consecuencia es directa: stocks acumulados, menor ritmo de producción y la necesidad de ajustar turnos para no fabricar autos que no tienen a dónde ir.
Mientras tanto, los trabajadores quedan atrapados en el medio de este reacomodamiento silencioso. Durante los días de suspensión, el personal bajo convenio cobrará apenas el 70 por ciento de su salario habitual, según lo acordado con la Unión Obrera Metalúrgica. No hay despidos anunciados ni modificaciones formales en la estructura, pero el recorte salarial funciona como un recordatorio concreto de quién paga el costo cuando el mercado se enfría. La “adecuación estacional” se traduce, en la práctica, en ingresos más bajos en un contexto inflacionario que sigue erosionando el poder adquisitivo.
El caso de Stellantis no es una excepción dentro del sector. Los datos de la Asociación de Fábricas de Automotores confirman que enero de 2026 fue uno de los peores arranques de año desde 2020. Se produjeron apenas 20.998 vehículos, un 20,7 por ciento menos que en diciembre y un 30,1 por ciento menos que en enero del año anterior. La explicación oficial apunta a factores logísticos, menor cantidad de días trabajados y vacaciones concentradas en enero. Pero incluso contemplando esas variables, la tendencia es clara: la industria lleva siete meses consecutivos de caída y no muestra señales firmes de recuperación.
Las exportaciones tampoco ofrecen alivio. En enero se enviaron al exterior 9.759 unidades, lo que representa menos de la mitad de la producción mensual. La baja fue del 51 por ciento respecto de diciembre y del 12,3 por ciento en comparación interanual. Para un sector altamente dependiente del mercado regional, especialmente de Brasil, esta retracción intensifica la presión sobre las terminales locales y reduce el margen de maniobra.
Todo este cuadro se inscribe en un clima económico general marcado por las políticas del gobierno de Javier Milei. La apertura indiscriminada, la contracción del consumo interno, la pérdida de ingresos reales y la ausencia de una estrategia industrial coherente configuran un escenario donde producir se vuelve cada vez más riesgoso. El discurso oficial insiste en que el mercado se ordena solo, pero la realidad muestra fábricas que paran, líneas que se ralentizan y trabajadores que cobran menos.
La paradoja es evidente. Mientras desde el Ejecutivo se promete una recuperación futura basada en la desregulación y el ajuste, la economía real ofrece señales de agotamiento. La industria automotriz, uno de los sectores históricos del entramado productivo argentino, funciona como termómetro de ese desgaste. Cuando no se venden autos, cuando se acumulan stocks y cuando las exportaciones se caen, el problema no es estacional: es estructural.
Stellantis afirma que su decisión no compromete el futuro de la compañía en Argentina. Puede que sea cierto en términos empresariales. Pero para el entramado productivo, para los trabajadores y para las economías locales que dependen de la actividad industrial, cada parada técnica prolongada es una señal de alarma. La suma de pausas, recortes y caídas va construyendo un paisaje de fragilidad que contradice el relato optimista del gobierno.
En definitiva, la paralización de la planta de El Palomar hasta marzo no es solo una noticia del sector automotor. Es una postal más del impacto concreto de un modelo económico que prioriza el ajuste sobre la producción, la estabilidad macro sobre el empleo y la fe ciega en el mercado por sobre una política industrial activa. En ese choque, la industria vuelve a frenar, y el costo, una vez más, no lo paga el capital sino el trabajo.
Fuente:
https://www.infobae.com/economia/2026/02/18/la-empresa-que-fabrica-fiat-peugeot-citroen-y-jeep-freno-la-produccion-en-su-planta-de-el-palomar-hasta-marzo/
https://www.perfil.com/noticias/economia/stellantis-paraliza-su-produccion-en-el-palomar-hasta-marzo-a40.phtml
https://www.lanacion.com.ar/autos/stellantis-frena-la-produccion-en-su-fabrica-de-buenos-aires-nid18022026/




















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