El Gobierno de Milei vuelve a pagarle al FMI sin dólares propios y profundiza la dependencia financiera de Estados Unidos. Con DEG prestados por Washington, la administración libertaria afronta un nuevo vencimiento mientras crecen la opacidad, el déficit de reservas y la subordinación externa
El Gobierno pagó más de 800 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional utilizando derechos especiales de giro adquiridos al Tesoro de Estados Unidos. Sin reservas suficientes, sin información pública sobre las condiciones financieras y a días de una revisión clave del acuerdo con el FMI, la gestión de Javier Milei vuelve a exhibir un esquema de endeudamiento frágil, dependiente y cada vez más opaco.
El pago de más de 800 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional que el Gobierno argentino afronta este lunes no es una anécdota técnica ni un trámite administrativo más. Es, en realidad, una radiografía precisa del modelo económico que Javier Milei decidió profundizar desde que llegó a la Casa Rosada: un esquema sin dólares propios, sostenido con ingeniería financiera, dependiente de la buena voluntad de Estados Unidos y atravesado por una alarmante falta de transparencia.
El vencimiento, originalmente pautado para el 1° de febrero, fue trasladado al primer día hábil por tratarse de un domingo. El monto final ronda los 870 millones de dólares, correspondientes a intereses de una deuda con el FMI que ya alcanza los 60.000 millones. Hasta ahí, el dato frío. El problema aparece cuando se observa cómo se pagó. El Tesoro argentino no contaba con depósitos en moneda extranjera suficientes, por lo que volvió a recurrir a una operación con el Gobierno estadounidense para acceder a derechos especiales de giro, los DEG que utiliza el Fondo para sus operaciones.
El protagonista de esta escena es nuevamente el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, quien facilitó a la administración Milei el equivalente a unos 808 millones de dólares en DEG provenientes del Fondo de Estabilización Cambiaria norteamericano. Según admiten fuentes oficiales, sin esa asistencia el pago simplemente no hubiera sido posible. El Gobierno insiste en aclarar que no se trata de un préstamo, sino de una compra de DEG. La diferencia semántica no alcanza para disimular la realidad política y económica: Argentina volvió a depender de Washington para cumplir con el FMI.
Luis Caputo, ministro de Economía, se apuró a remarcar que no hubo un nuevo endeudamiento con Estados Unidos. Sin embargo, el propio antecedente reciente desmiente la tranquilidad del relato oficial. En octubre de 2025, el Tesoro norteamericano ya había provisto DEG bajo el paraguas de un acuerdo marco de swaps de monedas. Aquella vez, como ahora, nunca se informaron las condiciones financieras de la operación. Ni tasas, ni plazos, ni costos asociados. El dinero fue devuelto antes de fin de año, financiado con otro endeudamiento internacional, presuntamente con el Banco de Pagos Internacionales. De esa operación, tampoco hubo explicaciones públicas.
La opacidad se volvió regla. El Gobierno libertario, que llegó prometiendo dinamitar la “casta” y transparentar cada número del Estado, administra hoy una ingeniería financiera que ni el Congreso ni la sociedad conocen en detalle. Se pagan compromisos millonarios sin dólares propios, se encadenan operaciones de corto plazo y se evita sistemáticamente informar bajo qué condiciones se realizan. El discurso de la libertad convive con un manejo cerrado y discrecional de la deuda externa.
Este nuevo pago al FMI se da, además, en la antesala de un momento sensible. En los próximos días se espera la llegada de una misión técnica del Fondo para realizar la segunda revisión del acuerdo firmado en abril de 2025 por 20.000 millones de dólares. De esa auditoría depende un desembolso de poco más de 1.000 millones. Pero nada está garantizado. El foco de la negociación estará puesto en el incumplimiento de la meta de acumulación de reservas.
Los propios datos oficiales muestran que, al cierre de 2025, el Banco Central tenía 13.000 millones de dólares menos de lo comprometido en el acuerdo. No es un matiz técnico ni una diferencia marginal. Es un incumplimiento estructural que obliga al Gobierno a pedir un nuevo waiver, es decir, una dispensa del FMI para seguir adelante pese a no cumplir las metas pactadas. Otra vez, la Argentina negociando excepciones para sostener un programa que no logra cerrar ni siquiera con un ajuste histórico.
En Davos, Caputo mantuvo un breve intercambio con Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo, quien destacó el inicio de la compra de reservas por parte del Banco Central. El elogio suena más a gesto diplomático que a validación sólida. Comprar reservas cuando se parte de un rojo profundo y se pagan vencimientos con DEG prestados no alcanza para revertir una dinámica de fragilidad externa.
El Gobierno insiste en mostrar estos movimientos como señales de solvencia y normalización financiera. La realidad es menos épica. Argentina paga intereses con activos que no genera, depende de operaciones bilaterales que no transparenta y llega a cada vencimiento con respirador externo. No hay acumulación genuina de dólares, no hay superávit externo estructural, no hay un sendero claro de desendeudamiento. Hay, en cambio, una subordinación cada vez más explícita a la arquitectura financiera internacional.
La paradoja es evidente. El proyecto político que se presentó como una ruptura con el pasado reproduce, con nuevos nombres y discursos, los mismos mecanismos que llevaron al país a la dependencia crónica. El FMI vuelve a marcar el pulso de la política económica, Estados Unidos actúa como garante de última instancia y el margen de decisión soberana se reduce al mínimo. Todo envuelto en un lenguaje tecnocrático que busca naturalizar lo que, en el fondo, es una señal de debilidad.
El pago de hoy no resuelve nada. Patea hacia adelante un problema estructural y refuerza una lógica de supervivencia financiera que se sostiene mientras haya alguien dispuesto a prestar DEG o a habilitar waivers. La pregunta que queda flotando es incómoda: ¿qué pasa cuando esa asistencia se encarezca, se condicione aún más o simplemente se termine? El Gobierno de Milei no ofrece respuestas. Solo administra vencimientos, negocia excepciones y confía en que el mundo siga financiando un modelo que, por ahora, no genera los dólares que promete.
Extracto (50 palabras)
El Gobierno pagó más de 800 millones de dólares al FMI utilizando DEG adquiridos al Tesoro de Estados Unidos. Sin reservas propias y a días de una revisión clave del acuerdo, la gestión de Javier Milei profundiza un esquema de dependencia financiera, opacidad y negociación permanente de excepciones.
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Javier Milei, Luis Caputo, FMI, Estados Unidos, Scott Bessent, Kristalina Georgieva, Banco Central, Deuda, DEG, Tesoro
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Hoy Argentina volvió a pagarle al FMI sin dólares propios. Con DEG comprados a Estados Unidos, el Gobierno de Milei sostiene un modelo de deuda opaco y dependiente, mientras incumple metas de reservas y negocia waivers. Leé la nota completa y debatamos qué futuro nos están dejando.
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Tres títulos alternativos absolutamente descriptivos
- El Gobierno pagó más de 800 millones al FMI sin reservas propias y con ayuda de Estados Unidos
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- Sin dólares y con metas incumplidas, el Gobierno afronta un nuevo pago al FMI con asistencia externa
Si querés, en el próximo paso puedo ajustar aún más el filo político, endurecer el cierre, o adaptar esta nota al estilo EnOrsai/Página 12 sin tocar la fuente.






















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