Macarena Gelman, junto al presidente uruguayo Yamandú Orsi y León Gieco, encabezó el lanzamiento del nodo uruguayo de la Red por el Derecho a la Identidad. La campaña, impulsada por Abuelas de Plaza de Mayo, reafirma su compromiso con la verdad y la justicia frente a los intentos de desmemoria impulsados por los sectores más reaccionarios del poder.
En Montevideo, Abuelas de Plaza de Mayo inauguró un nuevo nodo de búsqueda para hallar a los más de 300 nietos y nietas que aún viven con identidades falsas, víctimas del terrorismo de Estado. En un acto cargado de emoción y simbolismo, Macarena Gelman recordó la vigencia del derecho a la identidad como un deber colectivo y político. La iniciativa se erige en un contraste moral frente al negacionismo que promueve el gobierno de Javier Milei en Argentina.
Desde el histórico Teatro Solís de Montevideo, a pocos metros del mausoleo de José Gervasio Artigas, las Abuelas de Plaza de Mayo encendieron una nueva luz de esperanza en su inquebrantable búsqueda. El lanzamiento del nodo uruguayo de la Red por el Derecho a la Identidad marcó un nuevo hito en una historia que lleva casi medio siglo resistiendo al silencio, a la impunidad y a los intentos sistemáticos por borrar la memoria. Frente al negacionismo institucional y al desprecio por los derechos humanos que hoy emanan desde la Casa Rosada, este acto tuvo la fuerza de una respuesta ética y política.
Macarena Gelman, nieta restituida y símbolo de la búsqueda transnacional por la verdad, fue la figura central de la jornada. Su historia condensa la trama del horror y la esperanza: nació en Uruguay solo porque las dictaduras del Cono Sur coordinaron secuestros, partos clandestinos y asesinatos en nombre del “orden occidental y cristiano”. Fue el empeño de su abuelo, el poeta Juan Gelman, y de las Abuelas lo que permitió restituir su identidad hace 25 años. Hoy, convertida en militante de la memoria, Macarena encabezó la creación del nodo uruguayo junto al presidente Yamandú Orsi, con la consigna que atraviesa generaciones: “Hasta encontrarlos a todos.”
La imagen del acto —León Gieco ensayando con su pañuelo blanco, Claudia Poblete relatando su restitución, y María Bellizzi, con 100 años, todavía buscando a su hijo desaparecido— condensó una verdad profunda: la memoria no es una consigna, sino una práctica de amor y de justicia. En tiempos donde el gobierno argentino promueve una agenda de recortes y negacionismo, donde se ataca la legitimidad de los organismos de derechos humanos y se relativizan los crímenes de la dictadura, las Abuelas vuelven a recordarle al continente que los derechos no son negociables.
El video de Estela de Carlotto, ausente físicamente pero presente con la calidez de su palabra, tuvo un eco particular en ese contexto. Su saludo afectuoso a “Yamandú” y “Carolina” contrastó con el clima de agresividad institucional que se respira en Buenos Aires bajo La Libertad Avanza. Desde el negacionismo oficial de la vicepresidenta Victoria Villarruel hasta la sistemática exclusión presupuestaria a los organismos de memoria, la gestión de Javier Milei se ha propuesto reescribir la historia en clave de revancha ideológica. Pero la memoria no obedece decretos ni recortes: sobrevive porque tiene raíces en los pueblos.
Claudia Poblete, una de las voces más potentes del acto, recordó que las Abuelas llevan 48 años buscando a los nietos apropiados por el terrorismo de Estado. “Estos nietos pueden estar en cualquier parte del mundo”, dijo, y lo afirmó con la serenidad de quien ya atravesó el infierno. Poblete fue secuestrada con sus padres cuando tenía ocho meses, y creció bajo el apellido falso que le impuso un militar. Su restitución en el año 2000 fue uno de los casos más emblemáticos de justicia y reparación. Desde entonces, su compromiso con la causa se mantiene inalterable: “El derecho a la identidad es algo que debemos defender”, insistió ante el auditorio.
Ese derecho, tan básico y al mismo tiempo tan negado, se encuentra hoy bajo ataque en la Argentina. La política del gobierno libertario ha desfinanciado las instituciones encargadas de sostener la memoria y la justicia, mientras multiplica los discursos revisionistas. En este sentido, el acto en Uruguay no fue solo un gesto humanitario: fue también un desafío político al clima de desmemoria. La presencia del presidente Orsi y de figuras del arte y la cultura como León Gieco, Silvio Rodríguez y Ana Prada refuerza la idea de que la verdad y la justicia no tienen fronteras, y que la solidaridad entre pueblos es la única forma de frenar la regresión autoritaria.
Carlos Solsona, otro protagonista de la jornada, relató la historia de su hija Marcela, la “Nieta 129”. Secuestrada en Buenos Aires durante la dictadura, fue hallada más de cuatro décadas después, viviendo en España. “A mí me convirtieron en una metáfora”, dijo Solsona con la voz quebrada. “Soy el padre de la Nieta 129.” Hoy Marcela milita en el nodo de la Red en España, convocando a quienes dudan de su identidad con una frase simple y poderosa: “Andá, no te vas a arrepentir. Es todo ganancia.” Esa cadena de transmisión emocional y política demuestra que la lucha de las Abuelas no envejece: se multiplica.
La Red por el Derecho a la Identidad ya cuenta con más de 40 nodos en Argentina y varios en el exterior —Estados Unidos, Canadá, España, Italia y Francia—. Ahora, con la apertura en Montevideo, se amplía el mapa de la búsqueda. El nodo uruguayo permitirá que cualquier persona con dudas sobre su origen acceda a las instancias del Banco Nacional de Datos Genéticos, bajo la coordinación de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI). En palabras de Gelman, “es un esfuerzo conjunto entre la sociedad civil y los Estados. Para los Estados, es una obligación”. Esa afirmación es un dardo directo contra la indiferencia oficial del actual gobierno argentino, que pretende reducir a la mínima expresión la política de derechos humanos.
En el auditorio también estuvo Sara Méndez, sobreviviente del centro clandestino Automotores Orletti, quien pasó 25 años buscando a su hijo Simón. Su presencia recordó que las dictaduras del Cono Sur actuaron en bloque, que los vuelos de la muerte cruzaban el Río de la Plata, y que la represión no fue una serie de excesos, sino un plan sistemático de exterminio. Esa verdad incómoda es la que sectores del poder intentan enterrar nuevamente bajo el disfraz del “revisionismo histórico”.
La emoción se desbordó cuando León Gieco, acompañado por la murga Agarrate Catalina, cerró la jornada con su himno a la memoria. En medio de abrazos y lágrimas, su voz resonó con una advertencia: “Que el dolor no nos sea indiferente”. Esa frase, que alguna vez fue canción, hoy se convierte en una consigna urgente frente a la deshumanización que promueve el modelo libertario: un modelo que celebra la competencia individual y desprecia la solidaridad, que considera el dolor ajeno un costo colateral de la libertad del mercado.
El contraste es evidente. Mientras el gobierno de Javier Milei intenta borrar los símbolos de la memoria, desfinancia programas, hostiga a organismos y relativiza el terrorismo de Estado, las Abuelas siguen abriendo caminos en América Latina. En un tiempo donde los discursos oficiales banalizan el horror y exaltan la impunidad, ellas levantan la bandera más noble que tiene una sociedad: el derecho a saber quiénes somos. En Uruguay, ese derecho se amplifica y se convierte en puente regional, demostrando que la identidad, la justicia y la verdad no reconocen límites geográficos ni ideológicos.
La creación del nodo uruguayo no es solo una expansión institucional: es una victoria moral en un momento de oscuridad política. Representa el triunfo de la memoria sobre el negacionismo, del amor sobre el odio, y de la humanidad sobre el cálculo frío de la política neoliberal. Cuando Macarena Gelman concluyó su discurso con el juramento de “seguir hasta encontrarlos a todos”, no hablaba solo de los nietos perdidos: hablaba de un país que no se resigna a perder su memoria, aunque su gobierno intente vendérsela al mejor postor.
En esa promesa late el espíritu más puro del pueblo argentino: el de quienes entienden que no hay futuro posible sin verdad, justicia e identidad. Las Abuelas siguen recordándonos, una y otra vez, que la memoria no es un museo del dolor, sino una herramienta de transformación. Que la búsqueda de los nietos apropiados no es solo una cuestión familiar, sino una causa colectiva. Y que, frente a los mercaderes del olvido, la única respuesta digna es la perseverancia.
Fuentes
Pagina12 – Las Abuelas de Plaza de Mayo lanzan una campaña de búsqueda de sus nietos en Uruguay: «Hasta encontrarlos a todos» https://www.pagina12.com.ar/871107-las-abuelas-de-plaza-de-mayo-lanzan-una-campana-de-busqueda-

















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