El martirio de la industria nacional: cuando las persianas caen y el sudor se vuelve importación. La Argentina de Javier Milei profundiza su deriva extractivista y comercial, desmantelando el corazón productivo de Santa Fe mientras el dogma libertario celebra la llegada de containers sobre las cenizas del empleo genuino.
El cierre de la fabricación de Bahco en Santo Tomé no es un hecho aislado ni una «reestructuración» aséptica; es el certificado de defunción de la soberanía industrial en manos de un modelo que desprecia el valor agregado y condena a la clase trabajadora al desamparo de la logística y el revoleo de mercadería extranjera.
La historia de un país se escribe con el ruido de sus máquinas o con el silencio sepulcral de sus galpones vacíos. Hoy, en la localidad de Santo Tomé, provincia de Santa Fe, el silencio es el que manda. La noticia golpea como un martillazo frío en el pecho de la clase trabajadora: la emblemática firma Bahco, bajo el paraguas multinacional de SNA Europe Argentina, ha decidido bajar la persiana de su producción local. No es que se van del todo, nos dicen con esa frialdad cínica que caracteriza al capital transnacional cuando se siente cómodo en ecosistemas neoliberales; se quedan, pero ya no para transformar el acero, sino para repartir cajas que vienen de afuera.
El anuncio del pasado 23 de marzo de 2026 marca el cese definitivo de la fabricación de herramientas en un suelo que supo ser orgullo de la industria nacional durante décadas. Resulta paradójico, o quizás una burla del destino, que la marca que inventó la llave ajustable en el siglo XIX hoy se ajuste el cinturón apretando el cuello de cuarenta familias santafesinas que se quedan en la calle, víctimas directas de una «caída estrepitosa del consumo» que no es otra cosa que el resultado planificado de un ajuste salvaje.
El modelo que pregona Javier Milei no es nuevo, aunque se disfrace de vanguardia estética y gritos en redes sociales. Es el viejo y conocido programa de desindustrialización que Argentina ya sufrió en los noventa y durante el macrismo, pero esta vez con una velocidad de vértigo y una crueldad que no admite matices. Lo que está ocurriendo en la planta de la ex Ruta Nacional 19 es el síntoma de una enfermedad mayor: la desindustrialización silenciosa. Se nos quiere convencer de que una planta que se reconvierte en centro logístico y de distribución es una empresa que «apuesta al país», cuando en realidad es una empresa que se rinde ante la inviabilidad de producir donde el Estado ha decidido retirar toda red de contención, donde la apertura indiscriminada de importaciones vuelve ridículo cualquier esfuerzo por manufacturar localmente y donde el tipo de cambio se usa como una guillotina para el productor argentino.
Bahco, tras más de medio siglo de presencia ininterrumpida produciendo pinzas, destornilladores y llaves combinadas, ahora traerá esos mismos productos desde Suecia, Francia, Portugal o incluso Bielorrusia. El trabajo argentino, ese que forjó la clase media y la movilidad social ascendente, se reemplaza por el flete y el despacho de aduana.
Es doloroso observar cómo se naturaliza la destrucción del tejido social. La empresa habla de «sustentabilidad del negocio» y de «reestructuración operativa», eufemismos tecnocráticos para no decir que la rentabilidad financiera hoy le gana por goleada a la producción real. ¿Qué sustentabilidad puede tener una nación que expulsa a sus obreros y apaga sus hornos? El impacto laboral de estos cuarenta despidos es apenas la punta del iceberg de un drama que se replica en cada rincón del mapa. No es solo Bahco. Es Lumilagro en Tortuguitas, que tras 83 años de historia dejó de fabricar para convertirse en una mera vidriera de termos chinos y vietnamitas. Es Whirlpool en Pilar, cerrando plantas y dejando a cientos de personas sin sustento.
Son Mabe en Córdoba, Canale quebrado, y hasta Tulipán recortando su personal porque el bolsillo del pueblo está tan flaco que ya ni lo básico se puede costear. Según informes que circulan con la fuerza de una tragedia inevitable, más de 22,600 empresas han bajado sus persianas desde finales de 2023. Esto no es una crisis accidental; es un diseño de país para pocos, donde el consumo interno es un estorbo para las metas fiscales y el bienestar de los trabajadores un costo que el dogma libertario no está dispuesto a tolerar.
La incertidumbre se palpa en el aire de Santo Tomé. Se habla de indemnizaciones por ley y de «máximo respeto», pero el respeto no llena la mesa ni devuelve la dignidad de saberse parte de la cadena creadora de riqueza. La planta no cierra totalmente, nos repiten como un consuelo cínico, seguirá habiendo servicios de postventa y ventas. Pero seamos claros: sin producción local, la Argentina se convierte en una factoría de servicios de baja calidad, dependiente de los vaivenes de un mercado global que no nos necesita más que como consumidores de sus excedentes.
La marca icónica que nació hace casi 140 años y que supo tener en la Argentina uno de sus baluartes de calidad, ahora decide que somos demasiado caros, o demasiado pobres, o simplemente que las reglas de juego de este gobierno invitan al abandono. Es la lógica del neoliberalismo de manual: destruir la capacidad instalada para que nunca más podamos ser soberanos. Una vez que se apaga una máquina, que se dispersa el conocimiento técnico de un operario que pasó media vida perfeccionando una pinza, recuperarlo lleva décadas. Milei y su equipo de tecnócratas de la miseria lo saben, y por eso avanzan sin pausa en este vaciamiento estructural.
La mirada incisiva sobre este fenómeno nos obliga a preguntarnos qué tipo de sociedad estamos construyendo cuando permitimos que las multinacionales se retiren de la producción sin que se les exija un compromiso con el territorio que las hizo grandes. La desregulación absoluta, ese mantra que la gestión actual repite como una verdad revelada, solo sirve para que los más fuertes se pongan a resguardo mientras los eslabones más débiles —el trabajador, la pequeña pyme proveedora, el comercio de barrio que vivía de esos salarios— se hundan en la miseria.
Es una estafa intelectual llamar «libertad» a la posibilidad de que una empresa importe desde Bielorrusia lo que hasta ayer hacían manos santafesinas. Es la libertad de morir de hambre en un desierto industrial. El gobierno, lejos de proteger el trabajo, actúa como el facilitador de este saqueo simbólico y material. Cada fábrica que deja de producir es una derrota para la soberanía argentina y una victoria para un sistema financiero que solo entiende de balances, nunca de humanidad.
La complejidad del asunto no radica en la falta de competitividad, como quieren vender los opinólogos del libre mercado, sino en una decisión política deliberada de desmantelar el Estado y su rol regulador. Al dejar a la deriva a sectores como el metalmecánico, el gobierno de Javier Milei está condenando a las futuras generaciones a un país de servicios, turismo y extractivismo primario. Bahco es hoy la cara visible de un luto que recorre las zonas industriales. Mientras en los despachos oficiales se celebran indicadores de inflación de dibujo que nadie siente en el supermercado, en las puertas de las fábricas el clima es de despedida.
No podemos quedarnos en la mera descripción estadística; hay que denunciar con todas las letras que este camino nos conduce al abismo social. Una sociedad más justa y solidaria no se construye importando herramientas, se construye fabricándolas, dándole sentido al esfuerzo colectivo y protegiendo el derecho humano fundamental que es el acceso a un trabajo digno y productivo. Lo que está pasando en Santo Tomé es un crimen contra el desarrollo nacional, y el responsable tiene nombre, apellido y un discurso que desprecia todo lo que huela a justicia social.
Fuentes:
- https://www.infobae.com/economia/2026/03/23/otra-multinacional-deja-de-producir-en-la-argentina-cierra-su-planta-de-herramientas-de-santa-fe-y-afecta-a-40-trabajadores
- https://www.ambito.com/negocios/la-multinacional-bahco-cierra-su-planta-santa-fe-e-inicia-plan-despidos-n6259058
- https://www.ellitoral.com/economia/bahco-santo-tome-reestructuracion-despidos-importaciones-crisis-economia-argentina_0_GOpQv5i6jr.html
- https://www.rosario3.com/informaciongeneral/bahco-deja-de-fabricar-herramientas-en-santo-tome-y-despide-a-40-trabajadores-20260323-0025.html
- https://planbmisiones.com/2026/03/23/nota/tras-140-anos-fabricando-en-argentina-bahco-cierra-planta-pero-continua-vendiendo-todo-importado
- https://www.lacapital.com.ar/la-region/bahco-deja-fabricar-herramientas-otro-golpe-la-produccion-y-el-empleo-n10250605.html
- https://www.baenegocios.com/negocios/bahco-deja-de-fabricar-herramientas-en/
- https://www.canal26.com/economia/2026/03/14/del-made-in-argentina-al-importado-todas-las-fabricas-que-cerraron-o-redujeron-su-produccion-local-ante-la-caida-del-consumo/
- https://puntoapunto.com.ar/cierre-de-empresas-cuantas-firmas-bajaron-la-persiana-en-la-era-milei

