Germán Martínez: Milei es el jefe de una organización judicial contra el peronismo

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Germán Martínez desenmascara en diálogo con Gustavo Sylvestre el «acting electoral» de un Presidente sacado que gobierna de espaldas al hambre y bajo una lógica de mafia judicial

La noche del primero de marzo no fue simplemente una apertura de sesiones ordinarias; fue la confirmación de una sospecha que ya lastima la piel de millones: habitamos un país gobernado por el relato y la puesta en escena, donde la realidad se sacrifica en el altar de un narcisismo violento. En una entrevista con Gustavo Sylvestre en C5N, Germán Martínez, presidente de la bancada de Unión por la Patria, no anduvo con vueltas al calificar el espectáculo como algo «bochornoso», describiendo a un Javier Milei «sacado» y, según sus propias palabras, «al borde de un brote psicótico». Lo que se vio en la Cámara de Diputados fue el despliegue de un hombre que, lejos de la investidura presidencial, transformó el Congreso en un set de televisión para su propia validación, confirmando que aquel Milei que prometía moderación durante la campaña en la provincia de Buenos Aires no era más que un «acting electoral».

La máscara de cartón se terminó de derretir bajo el calor de las luces parlamentarias, revelando a un líder que ha convertido el insulto y el agravio en el núcleo duro de su construcción política, una estrategia de violencia que Martínez ya había advertido y denunciado penalmente en los tribunales federales de Rosario mucho antes de que este desquicio llegara al poder. No se trata de un estilo o de una forma de ser pintoresca que debamos naturalizar con la resignación de los vencidos; es una patología política que agrede las instituciones y que, cada vez que el Presidente decide hablar de espaldas al Congreso o descalificar a quienes piensan distinto, erosiona los cimientos mismos de la convivencia democrática.

Mientras el Presidente se regocijaba en su propio discurso cargado de odio, fuera de las burbujas de la casta que ahora él mismo encabeza, el país cruje bajo el peso de una gestión que parece ensañarse con el ciudadano de a pie. Hay una Argentina que se levanta cada mañana con el miedo punzante de perder el trabajo, una angustia que no aparece en los gráficos del Ejecutivo. Martínez fue categórico al señalar que el Presidente habita «otro canal», uno donde no tiene cabida el drama de los rosarinos que ven cómo sus contratos de alquiler llegan con aumentos brutales del 35%, mientras las paritarias, en un contraste que insulta la inteligencia, apenas arañan un uno por ciento mensual. Es en ese abismo donde Milei se muestra más despreocupado, ignorando deliberadamente a quienes tienen que apelar a endeudamientos cada vez más asfixiantes para garantizar lo básico. Esta desconexión no es fruto de la inexperiencia; es una decisión política de complicarle la vida a la gente todos los días, quitándoles derechos con una mano mientras con la otra se agita la bandera de una libertad que solo parece favorecer a los que ya tienen el bolsillo lleno. La violencia no es solo verbal en el recinto; es una violencia de gestión que ignora el hambre y la desesperanza de quienes hoy se encuentran atrapados en un laberinto de carencias que el Gobierno se niega a reconocer.

El espectáculo de la apertura de sesiones también dejó al desnudo la complicidad de los sectores que se dicen «institucionalistas» pero que, con su silencio, convalidan el atropello. Martínez observó con estupor cómo los gobernadores y los diputados de los llamados «bloques amigables» permanecieron callados ante los agravios del Presidente. Esos mismos legisladores que habitualmente arman el quórum y las mayorías para el oficialismo son, para el jefe de la bancada de Unión por la Patria, partícipes de un «espectáculo detestable para la democracia». No se puede ser republicano a tiempo parcial; otorgarle herramientas y facultades extraordinarias a una persona que vive descalificando y agraviando es, en última instancia, ser responsable de su deriva autoritaria. Resulta peligroso y casi suicida naturalizar que un mandatario viole la Constitución Nacional —específicamente el artículo 99 inciso 8— al anticipar fallos judiciales en la cara de los propios magistrados presentes. Lo de Milei no es solo una opinión; es una injerencia directa que busca condicionar el rumbo de la justicia, transformando los procesos legales en montajes mediáticos con condenas ya escritas de antemano.

La figura del Presidente se erige ahora, según la denuncia de Martínez, como el jefe de una «organización de jueces y fiscales» que parecen responder a una agenda de persecución política sistemática. El montaje es evidente y grosero, simbolizado por la presencia de personajes como el fiscal Stornelli, recordado por sus «promiscuas relaciones judiciales» durante el macrismo. Martínez desbarató la teoría de que a Milei le convenía la confrontación política con Cristina Kirchner; por el contrario, lo señaló como el «jefe del antiperonismo» más rancio, aquel que busca encarcelar dirigentes bajo procesos viciados y bochornosos. Esta cacería no se detiene en una sola persona; es una amenaza latente para cualquier dirigente que se atreva a cuestionar el rumbo del país, como se vio con las denuncias contra el gobernador Quintela. La democracia argentina se encuentra ante un escenario donde el Poder Ejecutivo utiliza el aparato judicial como un garrote de disciplina social y política, un comportamiento que Martínez no dudó en comparar con el funcionamiento de una «mafia» que quiere condicionar todos los poderes del Estado.

Pero la ambición de Milei no se detiene en la persecución de opositores; su mirada está puesta en el control total del Poder Judicial, enviando mensajes mafiosos incluso a los integrantes del máximo tribunal. Al jactarse de estar cerca de obtener los dos tercios en el Senado, el Presidente no solo busca llenar vacantes; está lanzando una advertencia extorsiva a los jueces Lorenzetti, Rosencrantz y Rosatti. El mensaje es claro: así como tiene los números para nombrar, insinúa que tiene los números para removerlos si no se alinean con su voluntad. Estamos ante un gobierno que ha decidido jugar fuera del reglamento constitucional, apelando a la violencia, el miedo y la manipulación de las instituciones para imponer un modelo de exclusión. La decisión de Unión por la Patria de quedarse en el recinto durante el discurso, a pesar de los insultos, fue una maniobra estratégica para no convalidar el relato de la ausencia y para forzar el debate político en el seno de una sociedad que debe despertar. No es momento para tibiezas ni para complicidades silenciosas; la realidad del hambre, de los alquileres impagables y de la persecución judicial exige una oposición que denuncie, sin vueltas, que detrás de los gritos del Presidente solo hay un vacío profundo de sensibilidad y un desprecio absoluto por la dignidad del pueblo argentino. La incertidumbre es enorme y la complejidad del panorama sugiere que los días que vienen serán aún más oscuros si se permite que este estilo de liderazgo mafioso termine de asfixiar lo poco que queda de institucionalidad en el país.

Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=R9j_pByO-5Q

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