No hay un artículo de la reforma que beneficie a los trabajadores

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Mariano Recalde instaló en redes una consigna que ya repiten sindicalistas y legisladores peronistas contra el proyecto oficialista que se debate en el Congreso en febrero de 2026. En medio de la discusión parlamentaria de la reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei, una frase se volvió emblema del rechazo opositor: “No hay un solo artículo que beneficie a los trabajadores”. El posteo del senador Mariano Recalde reavivó un lema que ya circulaba en sindicatos y bloques legislativos.

En política, a veces una frase logra condensar un clima de época. No siempre es original, pero sí eficaz. “No hay UN artículo de la reforma que beneficie a los trabajadores” es, en febrero de 2026, mucho más que un tuit: es la síntesis discursiva con la que la oposición intenta demoler el corazón del proyecto laboral del gobierno de Javier Milei.

El post que terminó de instalar la consigna fue publicado el 11 de febrero de 2026 por el senador nacional por Unión por la Patria, Mariano Recalde. En su cuenta @marianorecalde, el ex presidente de Aerolíneas Argentinas compartió un video acompañado por una frase tajante: “No hay UN artículo de la reforma que beneficie a los trabajadores”. Sin matices, sin eufemismos, sin el típico tono parlamentario edulcorado. Un golpe directo al eje del discurso oficial.

Lo interesante es que esa consigna no circula aislada. Es parte de una línea discursiva más amplia que comparten legisladores y dirigentes sindicales del arco peronista y sectores afines. Hugo Moyano (hijo), diputado y abogado laboralista, afirmó en una entrevista en febrero de 2026 que, de los 213 artículos de la reforma laboral, no podía encontrar uno solo que beneficiara al trabajador. Sergio Palazzo, diputado y secretario general de La Bancaria, sostuvo que en los más de 200 artículos de la reforma no hay ni uno que favorezca a los trabajadores. José Mayans, jefe del interbloque de Unión por la Patria en el Senado, fue en la misma dirección: en esta ley no hay un solo artículo que beneficie a los trabajadores, sino todo lo contrario.

La repetición casi textual no es improvisada. Se trata de un lema cuidadosamente instalado que apunta a un efecto político contundente: deslegitimar el proyecto en bloque. No discutir artículo por artículo, sino impugnar el espíritu completo de la reforma. Si no hay “ni uno” que beneficie al trabajador, entonces no se trata de una modernización sino de una regresión integral.

El contexto no es menor. La reforma laboral forma parte del paquete oficialista que se vota en febrero de 2026, asociado a la llamada ley bases u otros proyectos estructurales del gobierno. Desde el Ejecutivo, la narrativa es conocida: modernizar el mercado laboral, reducir la litigiosidad, facilitar contrataciones y promover el blanqueo del empleo informal. En otras palabras, flexibilizar para dinamizar.

La oposición, en cambio, describe otra película. Según los argumentos que circulan en estos discursos, el proyecto reduce indemnizaciones o modifica sus cálculos, amplía períodos de prueba, permite mayor flexibilización en horarios y vacaciones, introduce cambios en aportes previsionales o en el régimen de multas y deroga o altera protecciones vinculadas a ciertos convenios o estatutos. En esa lectura, el paquete no mejora salarios reales, no fortalece la estabilidad laboral ni amplía derechos adquiridos.

Ahí es donde la frase de Recalde encuentra su fuerza simbólica. No dice que algunos artículos son discutibles. No afirma que hay puntos a corregir. Dice que no hay uno solo que beneficie a los trabajadores. Es una acusación de intencionalidad política: el proyecto estaría diseñado exclusivamente para favorecer a empleadores y grandes empresas.

Desde el oficialismo y el universo libertario, la réplica también está estandarizada. El beneficio —argumentan— es indirecto. Si se reducen los costos laborales y la litigiosidad, las pymes contratarán más. Si se flexibiliza el régimen, habrá menos informalidad. Y si hay más empleo formal, el trabajador gana porque “el verdadero beneficio es tener trabajo”. En esa lógica, la estabilidad y la indemnización pasan a un segundo plano frente a la promesa de mayor empleabilidad.

El choque no es meramente técnico, sino ideológico. Para la oposición, el trabajo es un derecho con garantías específicas que deben reforzarse. Para el oficialismo, el trabajo es una relación contractual que debe desatarse de lo que consideran rigideces excesivas. Cuando Recalde y otros dirigentes dicen que no hay un solo artículo que beneficie a los trabajadores, están cuestionando no sólo el articulado sino la filosofía del proyecto.

Hay, además, un componente comunicacional evidente. La frase funciona como lema de campaña, como consigna replicable en redes, en entrevistas y en el recinto. Aparece también en publicaciones de Revolución Popular, La Izquierda Diario y cuentas militantes que la repiten casi textual. Esa viralización no es espontánea: responde a la lógica de condensar un debate complejo en una idea sencilla, fácil de recordar y difícil de matizar.

Sin embargo, la contundencia de la frase también abre interrogantes. ¿Es literalmente cierto que no hay un solo artículo que pueda interpretarse como favorable para el trabajador? La oposición sostiene que no, porque el estándar que utiliza es la mejora directa de derechos, salarios o estabilidad. El oficialismo responde que el impacto debe medirse en términos sistémicos y a mediano plazo. La disputa no es sólo sobre números, sino sobre criterios.

Lo que sí es indiscutible es que la frase logró instalarse como uno de los ejes centrales del debate público sobre la reforma laboral de febrero de 2026. En un escenario polarizado, donde cada bloque habla para su electorado, este tipo de consignas funciona como herramienta de movilización y presión legislativa.

En definitiva, más allá de la aritmética parlamentaria, el verdadero campo de batalla es simbólico. Cuando un senador afirma que no hay un solo artículo que beneficie a los trabajadores, no está haciendo un análisis técnico detallado; está planteando un juicio político global sobre el rumbo del gobierno de Javier Milei. Y en ese juicio, la reforma laboral no aparece como un ajuste técnico sino como una redefinición profunda del equilibrio entre capital y trabajo.

Si el proyecto avanza o se modifica en el Congreso, la frase seguirá circulando. Porque en tiempos de reformas estructurales, las palabras pesan tanto como los votos. Y en esta disputa, la oposición eligió una consigna clara, directa y sin matices para enfrentar lo que considera una ofensiva regresiva contra los derechos laborales.

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