El abandono del desarrollo militar argentino y la compra de blindados usados a Estados Unidos

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La gestión de Javier Milei paralizó la modernización del Tanque Argentino Mediano y optó por adquirir vehículos Stryker usados, más caros y con menor integración industrial, profundizando la dependencia externa y debilitando la capacidad estratégica del Ejército. El alineamiento ideológico con Estados Unidos y el ajuste presupuestario impulsado por el gobierno libertario dejaron fuera de servicio a la flota de tanques nacionales, desmantelaron la industria asociada y obligaron a una compra militar más costosa, con menor transferencia tecnológica y sin beneficios para la producción local.

El proceso de deterioro del sistema de defensa argentino no se explica únicamente por la falta de recursos. También responde a decisiones políticas concretas, orientaciones ideológicas explícitas y prioridades geopolíticas que, lejos de fortalecer la capacidad estratégica del país, la debilitan. La decisión del gobierno de Javier Milei de abandonar la modernización del Tanque Argentino Mediano y avanzar en la compra de vehículos blindados Stryker usados a Estados Unidos se inscribe en esa lógica: menos industria nacional, menos autonomía tecnológica y más dependencia externa, incluso pagando más por menos.

Durante años, el Tanque Argentino Mediano, conocido como TAM, fue uno de los desarrollos emblemáticos de la industria militar local. No se trató de un producto completamente nacional, pero sí de un proyecto estratégico que combinó diseño argentino, aportes tecnológicos internacionales y una cadena de producción y mantenimiento que permitía sostener capacidades propias. La modernización de esa flota no solo implicaba mejorar el material existente, sino preservar un entramado industrial, logístico y de conocimiento acumulado a lo largo de décadas. Ese proceso quedó virtualmente paralizado bajo la actual gestión.

Las primeras señales de ese abandono aparecieron con el ajuste generalizado impulsado por el gobierno libertario. En mayo de 2025, las restricciones cambiarias impuestas por el Banco Central impidieron al Ejército adquirir insumos básicos en el exterior para sostener la operatividad de los TAM. La consecuencia fue directa y tangible: una parte significativa de la flota quedó fuera de servicio. No por obsolescencia inevitable, sino por una decisión administrativa que dejó sin acceso a piezas esenciales, como los eslabones de las orugas, cuyo costo se disparó al quedar atrapados en un sistema de compras fragmentado, caro e ineficiente.

La situación se agravó con el cierre de TAMSE y el desmantelamiento progresivo del entramado industrial asociado al tanque. La modernización que había sido adjudicada a la empresa israelí Elbit Systems quedó inconclusa. La falta de continuidad política y presupuestaria convirtió lo que era un proceso técnico complejo, pero viable, en un problema operativo serio. El resultado fue una flota afectada, con vehículos inactivos y un Ejército obligado a operar con capacidades reducidas.

A ese escenario se le sumó una decisión que excede lo técnico y se adentra de lleno en lo ideológico. Mientras se paralizaba el proceso de actualización del TAM, el entonces ministro de Defensa Luis Petri firmó una carta de intención para la compra de vehículos blindados Stryker a Estados Unidos. El anuncio se realizó en el Pentágono, en el marco de un encuentro con autoridades del Departamento de Defensa norteamericano, dejando en claro que la operación no era solo comercial, sino también política.

Los Stryker forman parte del catálogo militar estadounidense y fueron utilizados en escenarios de guerra como Afganistán e Irak. Se trata de vehículos diseñados para el transporte rápido de tropas, con énfasis en la movilidad y la respuesta táctica. Sin embargo, no son tanques, no reemplazan las capacidades del TAM y presentan limitaciones que fueron señaladas por fuentes del propio Ejército. A diferencia de otras opciones evaluadas, como el Guaraní brasileño, los Stryker adquiridos por Argentina son usados, tienen un ciclo de vida más corto y un costo de mantenimiento más elevado.

El contraste con la alternativa regional resulta revelador. El Guaraní, desarrollado en Brasil, ofrecía vehículos nuevos, sin límite de cantidad, con transferencia tecnológica y con componentes mecánicos de origen argentino, como motores y transmisiones fabricados por Iveco. Esa opción no solo resultaba más conveniente desde el punto de vista operativo, sino también desde una perspectiva industrial y estratégica. Permitía fortalecer la integración regional, sostener proveedores locales y reducir costos de mantenimiento. Aun así, fue descartada.

Los números hablan por sí solos. La compra de los Stryker implicó un desembolso total de 100 millones de dólares por 27 vehículos, lo que arroja un valor unitario significativamente más alto que el de los blindados brasileños. De haberse adquirido una cantidad equivalente de Guaraní, el Estado argentino habría gastado decenas de millones de dólares menos. Sin embargo, la decisión no se tomó en función del costo-beneficio, sino del alineamiento geopolítico.

La llegada de los primeros Stryker al país fue presentada oficialmente como un avance en la modernización del Ejército. Cuatro unidades arribaron al puerto de Zárate y fueron asignadas a la X Brigada Mecanizada, con asiento en La Pampa. Personal militar realizó entrenamientos en Estados Unidos y se difundieron detalles técnicos sobre el equipamiento, el blindaje y los sistemas de armas. Todo ese despliegue comunicacional buscó instalar la idea de una Fuerza Armada que avanza hacia estándares modernos.

Pero detrás de esa narrativa se esconde una realidad menos auspiciosa. Los Stryker no son anfibios, lo que limita seriamente su operatividad en un país atravesado por ríos. No permiten la fabricación local de partes, no transfieren tecnología y consolidan una relación de dependencia con proveedores externos. Además, se trata de vehículos que otros países, como Chile, descartaron, y que Estados Unidos vende en algunos casos a precios simbólicos a sus aliados estratégicos.

El abandono del TAM no fue solo una decisión técnica equivocada. Fue una definición política que dejó al país sin una cadena regional de provisión y logística, debilitó la industria nacional y redujo la autonomía estratégica. Un militar que participó del proceso de modernización explicó que el tanque argentino fue un desarrollo nacional con aportes tecnológicos externos, como ocurre en gran parte de la industria automotriz o aeronáutica. Ese modelo permitía aprender, adaptar y sostener capacidades propias. Con los Stryker, en cambio, no hay nada de eso.

La paradoja alcanza niveles difíciles de justificar. Mientras se desmantela un proyecto nacional por considerarlo costoso o ineficiente, se pagan cifras mayores por material usado, con menos vida útil y sin impacto positivo en la economía local. El argumento de la austeridad se diluye cuando se observa que el ajuste recae siempre sobre la producción nacional, nunca sobre las compras externas alineadas con intereses geopolíticos.

Este episodio se inscribe en una estrategia más amplia del gobierno de Milei en materia de Defensa, que incluye la compra de aviones F-16 y el proceso de adhesión a la OTAN. Todas esas decisiones refuerzan un alineamiento automático con Estados Unidos, aun cuando eso implique resignar márgenes de soberanía y capacidades propias. La defensa deja de pensarse como una política de Estado y pasa a funcionar como un gesto de afinidad ideológica.

El resultado es un Ejército con menos herramientas propias, una industria desarticulada y un país más dependiente. El abandono del desarrollo del TAM no es un hecho aislado, sino una señal clara de hacia dónde se orienta la política de defensa bajo la actual gestión. Y la pregunta que queda flotando es inquietante: ¿qué queda del proyecto de autonomía estratégica cuando se renuncia incluso a sostener lo que ya estaba construido?


Fuente:
https://www.lapoliticaonline.com/politica/el-gobierno-abandono-el-desarrollo-de-tanques-argentinos-para-comprar-los-striker-de-eeuu/
https://www.perfil.com/noticias/politica/arribaron-a-la-argentina-a30-los-primeros-cuatro-vehiculos-de-combate-blindados-stryker-8×8.phtml

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