Fuera de la realidad: diputada libertaria celebró una tormenta de granizo mientras productores perdían su cosecha

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La senadora electa Lorena Villaverde elogió el granizo que arrasó más de 2000 hectáreas productivas en Río Negro y luego borró el video tras una oleada de repudio. El episodio vuelve a exponer el malestar por la desconexión política del oficialismo libertario frente a las consecuencias sociales del ajuste.

El comentario de Villaverde, difundido desde el patio de su casa en Cipolletti, mostró una distancia dolorosa entre la dirigencia libertaria y las familias productoras que atraviesan pérdidas del 80 al 90% de su trabajo anual. A pesar del pedido de disculpas, las críticas por “ignorancia”, “impunidad” y “falta de empatía” se multiplicaron, en un contexto en el que el gobierno nacional de Javier Milei mantiene recortes y demoras estructurales en la asistencia a las economías regionales.

La secuencia duró apenas unos segundos, pero sus efectos se propagaron con la misma violencia que la tormenta que castigó los valles rionegrinos. Lorena Villaverde, diputada y senadora electa por La Libertad Avanza (LLA), apareció en un video doméstico, grabado en el patio de su casa de Cipolletti, celebrando el granizo que azotaba la región. “Hermoso”, “alucinante”, decía mientras la piedra golpeaba techos, árboles y estructuras con una fuerza extraordinaria. Para cualquier habitante del Alto Valle, ese sonido no tiene nada de fascinante: es la antesala de un desastre productivo. Pero la legisladora libertaria, en una actitud que muchos calificaron como “desconectada” e incluso “insultante”, lo compartió en redes como si se tratara de un espectáculo natural digno de celebración.



El rechazo llegó de inmediato. Legisladores provinciales, productores frutícolas, vecinos y representantes de cámaras rurales reaccionaron con la misma bronca e incredulidad que acompaña a quienes ven su esfuerzo anual destruido en minutos. La reacción obligó a Villaverde a borrar el video y a publicar un segundo mensaje, esta vez en tono explicativo, casi implorando que su error fuera leído como un impulso emocional, no como un desprecio hacia quienes sufrieron daños irreparables. Sin embargo, para amplios sectores de Río Negro la disculpa sonó a marcha atrás tardía, uno más de esos parches discursivos que aparecen cuando el malestar social ya explotó.

La diputada afirmó que había sido un comentario producto del asombro y que “jamás” podría alegrarse por el daño ajeno. Sostuvo que desconocía el alcance territorial de la tormenta y que ahora su prioridad era “acompañar, escuchar y buscar soluciones reales”. Pero el intento por recomponer su imagen chocó con un contexto político enrarecido, donde cada traspié de LLA se multiplica por la falta de sensibilidad que sus funcionarios exhiben frente al daño causado por las políticas nacionales. Y donde las economías regionales, como la fruticultura rionegrina, viven en tensión permanente por el recorte de programas, fondos y asistencia técnica.

En este marco, el comentario de Villaverde fue interpretado como algo más que una torpeza: fue leído como la confirmación de un problema más profundo, que atraviesa al oficialismo libertario desde que Javier Milei asumió la presidencia. Un problema donde la desconexión con la vida real y la experiencia cotidiana de las provincias se vuelve norma, no excepción.



De hecho, el periodista Javier Lojo sintetizó el episodio en tres palabras que resonaron en toda la región: ignorancia, falta de empatía e impunidad. Lojo no se limitó al exabrupto: subrayó que una senadora electa no puede permitirse celebrar, ni siquiera por accidente, un fenómeno climático capaz de destruir miles de hectáreas de fruta en pleno período crítico. Menos aún cuando la actividad frutícola atraviesa desde hace meses un cuadro de caída de rentabilidad, atraso tecnológico y falta de insumos que el gobierno nacional no atiende con la urgencia debida.

La legisladora radical Lorena Matzen fue todavía más dura. Para ella, el episodio no fue un error comunicacional: fue la consecuencia directa de un sistema político libertario que, según denunció, incorpora candidatos sin arraigo, sin conocimiento del territorio y sin responsabilidad real frente a las familias que deben representar. “Las declaraciones de Villaverde no son desafortunadas, son una muestra más de su ignorancia, queriendo romantizar una tragedia para la principal actividad económica de la provincia”, afirmó. Y agregó una acusación de fondo: que las bancas en el espacio libertario “tienen precio en efectivo”. Un golpe directo al corazón de la narrativa anticasta con la que Milei llegó al poder.

La tormenta, lejos de ser un fenómeno aislado, dejó daños profundos. Según los relevamientos oficiales, las localidades de Cipolletti, Allen y General Roca fueron las más afectadas, con más de 2000 hectáreas dañadas. En muchos casos, los productores calculan pérdidas de entre el 80 y el 90% de su cosecha. Hablamos de familias que llevan generaciones trabajando la tierra, que dependen de cada temporada para sobrevivir y que hoy observan, con angustia, cómo ese esfuerzo se desvanece.

Mientras los técnicos del Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo recorren las chacras intentando dimensionar el impacto, el gobernador Alberto Weretilneck fue tajante: “El granizo hizo un desastre en las chacras de nuestros valles”. Y recordó que la fruticultura rionegrina sostiene miles de empleos, exportaciones y circuitos económicos que se sostienen mes a mes. Cada pérdida representa no solo un golpe económico, sino un derrumbe emocional para quienes dedican su vida a la producción.

En este contexto crítico, el senador electo Martín Soria presentó un proyecto de ley para declarar la Emergencia Frutícola, una herramienta indispensable para activar asistencia financiera, créditos blandos, prórrogas fiscales y medidas de contención frente a los daños. No se trata de un gesto simbólico. Es una necesidad urgente que contrasta con el silencio del gobierno nacional, cuya agenda económica continúa centrada en el ajuste, la reducción del gasto y la transferencia de responsabilidades a las provincias.

Aquí se revela la tensión de fondo: mientras las economías regionales piden ayuda, el gobierno de Javier Milei no solo recorta recursos, sino que además instala una narrativa que responsabiliza a los propios sectores productivos por su situación. En la práctica, los productores rionegrinos sobreviven sin herramientas financieras suficientes, con insumos dolarizados, sin apoyo técnico y ahora, además, enfrentando daños climáticos que requieren respuestas políticas rápidas, no gestos improvisados ni videos desafortunados.

El ministro Carlos Banacloy pidió a los productores que presenten las declaraciones juradas de daño para acelerar la evaluación. Es un paso administrativo clave, pero insuficiente si no se articula con un Estado nacional dispuesto a intervenir. Y esa es la gran ausencia. La misma ausencia que empuja a que un exabrupto de una legisladora se transforme en símbolo: símbolo de insensibilidad, símbolo de improvisación, símbolo de un proyecto político que parece no entender el nivel de fragilidad social y económica que atraviesa el país.

Villaverde carga, además, con otras controversias. El escándalo que involucró a José Luis Espert, Federico “Fred” Machado y Claudio Ciccarelli todavía la rodea. La justicia federal investiga supuestas irregularidades en el financiamiento de su campaña. La sombra de un entramado político-empresarial que ya mancha al gobierno libertario vuelve a aparecer, esta vez en medio de un desastre climático. Y aunque el caso está en manos de los tribunales, el hecho de que Villaverde reaparezca públicamente celebrando granizo agrava todavía más la percepción pública de irresponsabilidad.

No es un secreto que el gobierno de Milei construyó una identidad política basada en la provocación, la ruptura de formas y el desprecio discursivo por la sensibilidad ajena. Pero ese estilo, que quizá sirva para redes, no puede trasladarse a la vida cotidiana de provincias que dependen del clima, de la producción y del trabajo diario. Y cuando lo hace, genera un daño profundo. La política no puede basarse en comentarios celebratorios de tormentas mientras miles de familias ven peligrar su sustento.

El episodio Villaverde exhibe, en definitiva, una crisis mayor: la crisis de representación que provoca un gobierno nacional enfocado en el ajuste, desconectado de las realidades regionales y sostenido en dirigentes que parecen no comprender la magnitud de sus palabras. La fruticultura rionegrina no necesita asombro meteorológico. Necesita asistencia, planificación y un Estado que esté del mismo lado que quienes producen.

El granizo pasó. Pero la herida política queda abierta.

Fuente

.https://www.lanacion.com.ar/politica/una-diputada-libertaria-celebro-el-granizo-que-afecto-a-los-productores-de-su-provincia-y-tuvo-que-nid12112025/?R=362819

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