Hugo Yasky expuso la hipocresía política y falta de coherencia en el discurso del gobernador Pullaro

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El secretario general de la CTA y diputado nacional recordó cuando el gobernador santafesino agradecía públicamente el apoyo de Axel Kicillof en materia de seguridad. Hoy, la memoria selectiva del mandatario de Santa Fe alimenta una disputa política que deja al descubierto la falta de coherencia del discurso federal.

Hugo Yasky salió al cruce de Maximiliano Pullaro luego de que el gobernador de Santa Fe criticara al Gobierno nacional y apuntara contra los llamados “barones del conurbano”. El dirigente sindical le recordó que, en 2024, fue la provincia de Buenos Aires —a través de Axel Kicillof— la que envió 80 patrulleros y agentes especializados para reforzar la seguridad en Rosario. “Te olvidaste”, escribió Yasky, marcando además que Buenos Aires es la jurisdicción que menos fondos per cápita recibe del Estado nacional, a pesar de ser la que más aporta.

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El posteo de Hugo Yasky, secretario general de la Central de Trabajadores de la Argentina y diputado nacional por el Frente de Todos, se convirtió en una contundente réplica a los dichos del gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro. En las últimas horas, el mandatario santafesino había acusado al Gobierno nacional de utilizar los recursos del interior para “subsidiar a los barones del conurbano”. Pero la respuesta de Yasky puso las cosas en contexto y reveló una memoria selectiva que desnuda el oportunismo político.

“Mala memoria Pullaro. Te olvidaste cuando le agradecías a Axel Kicillof el envío de patrulleros a Santa Fe ante la crisis de inseguridad de tu provincia”, escribió Yasky en su cuenta de X. Su mensaje vino acompañado de imágenes de aquel momento, cuando Kicillof enviaba 80 móviles policiales desde Buenos Aires a Rosario en marzo de 2024, en un gesto de cooperación interprovincial frente al avance del narcotráfico y la violencia urbana.

En ese entonces, el propio Pullaro, junto a su ministro de Seguridad y a funcionarios de la provincia de Buenos Aires, agradecía públicamente el apoyo y destacaba la “solidaridad federal” mostrada por Kicillof. El envío incluyó no solo patrulleros, sino también agentes especializados y recursos logísticos. Era un momento de emergencia en el que Santa Fe requería respaldo inmediato, y la administración bonaerense respondió sin titubeos.

Un año después, el discurso cambió. Pullaro se alineó al relato oficialista del Gobierno de Javier Milei y apuntó contra el conurbano bonaerense —y, por extensión, contra Kicillof— bajo el argumento de que “los recursos del interior terminan subsidiando a los barones del conurbano”. Lo que omitió el mandatario radical fue que Buenos Aires es, justamente, la provincia que más aporta a las arcas nacionales y la que menos recibe por habitante.

El contraste no solo evidencia una contradicción política, sino también una forma de construir poder a través del olvido. Mientras el gobierno libertario busca profundizar la grieta territorial entre el interior productivo y el Gran Buenos Aires, figuras como Pullaro replican esa lógica, olvidando los lazos de cooperación que en su momento fueron vitales.

Yasky apuntó con precisión quirúrgica a ese punto ciego del discurso. Su mensaje no fue solo un reclamo político, sino también una advertencia: el federalismo no se defiende con discursos vacíos ni con gestos de ingratitud, sino con hechos concretos de solidaridad y equidad fiscal.

La provincia de Buenos Aires sostiene, con su estructura económica e industrial, buena parte del presupuesto nacional. Sin embargo, es la jurisdicción más castigada por la distribución de fondos, una situación que se agrava con las políticas de ajuste y recentralización impulsadas desde la Casa Rosada. En ese contexto, las declaraciones de Pullaro no solo son injustas, sino también funcionales a un relato que busca enfrentar a las provincias entre sí.

El recuerdo de marzo de 2024 sigue vigente: filas de patrulleros bonaerenses arribando a Rosario, policías de distintas jurisdicciones trabajando codo a codo, y un mensaje de unidad frente a la violencia. Aquella imagen contrasta con la actual estrategia de desmemoria selectiva.

En un país fragmentado por el ajuste, donde los gobiernos provinciales compiten por migajas de presupuesto, el oportunismo discursivo se vuelve un arma política. Pero como recordó Yasky, la historia reciente es un espejo incómodo para quienes hoy pretenden borrar con el codo lo que firmaron con la mano.

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