MercadoLibre sufre un desplome del 30% en paquetería en medio de la recesión libertaria

Compartí esta nota en tus redes

La caída del 30% en el volumen de envíos refleja el impacto directo de la recesión impulsada por las políticas del gobierno de Javier Milei. El otrora símbolo de éxito del libre mercado atraviesa su peor momento logístico mientras busca culpables externos y reclama regulaciones.

Los posteos del periodista Julio Ernesto López en X anticiparon un desplome que ya nadie puede ocultar: el modelo de consumo online que MercadoLibre vendía como emblema de modernidad se hunde en medio de la recesión, la caída del poder adquisitivo y la competencia feroz de las plataformas chinas Shein y Temu.

Durante años, MercadoLibre fue presentado como el paradigma del éxito emprendedor argentino, la prueba de que el mercado se regula solo y el Estado debía apartarse. Javier Milei lo convirtió en un símbolo de su narrativa libertaria, exaltando sus cifras como un espejo del “progreso” que prometía el capitalismo desatado. Sin embargo, la realidad económica le dio un golpe de nocaut a ese relato.

El periodista Julio Ernesto López encendió la alarma en agosto: el volumen de paquetería de MercadoLibre se desplomó un 30%. No se trata de un ajuste temporal ni de una mala temporada. La caída es estructural y se profundiza mes a mes. Lejos quedaron los tiempos en que Marcos Galperin difundía cifras récord para apuntalar el optimismo económico. Hoy, el e-commerce que supo marcar tendencia atraviesa una desaceleración brutal, agravada por la recesión que impuso el plan económico del gobierno libertario.

Las fechas emblemáticas del consumo digital —el Día de la Madre y el Cyber Monday— pasaron sin pena ni gloria. Eventos que solían marcar picos históricos de entregas hoy muestran depósitos semivacíos, camiones detenidos y logística ociosa. En el sector lo describen con crudeza: “Hay más cajas sin destino que compradores con dinero”.

La retracción del consumo no solo pulverizó los números de la plataforma. También golpeó de lleno a los trabajadores tercerizados que sostienen su red logística. Miles de choferes, empaquetadores y repartidores ven reducidos sus ingresos, mientras las empresas asociadas recortan personal o cierran. El relato de la “eficiencia privada” se desmorona ante la realidad de un mercado sin demanda y un salario pulverizado.

Pero la crisis no se explica solo por la recesión. López también señala otro factor determinante: la pérdida de competitividad frente a las plataformas extranjeras. “Quedaron caros, se encuentra mejor precio en la calle de contado”, escribió el periodista, aludiendo a la brecha entre los precios digitales y los del mercado informal. A esto se suma la irrupción de gigantes asiáticos como Shein y Temu, que lograron lo impensado: inquietar al imperio Galperin.

El éxito de estas aplicaciones, que ofrecen precios irrisorios y envíos internacionales cada vez más ágiles, encendió las alarmas en el cuartel de MercadoLibre. Su propio presidente salió a pedir “regulación del mercado”, un giro irónico para una empresa que durante años se benefició del libre albedrío digital y del apoyo político de los sectores que hoy gobiernan. El llanto de los libertarios frente al libre mercado parece ser una de las tantas paradojas de este tiempo.

El fenómeno refleja un cambio profundo: el consumidor argentino, golpeado por la inflación y el ajuste, busca sobrevivir al margen del sistema formal. Los comercios barriales, las ferias y las redes informales vuelven a ganar terreno porque ofrecen precios que el modelo “startupero” no puede igualar. El discurso del progreso digital se estrella contra la realidad del bolsillo vacío.

La situación de MercadoLibre desnuda así una contradicción central del proyecto de Javier Milei. Mientras el Presidente exalta el “éxito empresarial” y promete liberar las fuerzas del mercado, sus políticas destruyen las condiciones mínimas para que ese mismo mercado funcione. La recesión no distingue entre “Estado ineficiente” y “empresa moderna”: ambos se hunden cuando la demanda desaparece.

El desplome del 30% en la paquetería es apenas la punta del iceberg. Detrás se oculta el derrumbe del consumo, la pérdida de confianza en la economía y el agotamiento del modelo de concentración digital. Si antes MercadoLibre podía mostrarse como ejemplo de modernidad, hoy encarna el síntoma más claro del fracaso del mileísmo económico: un país que deja de comprar, producir y distribuir.

Mientras el gobierno sigue culpando a “la herencia” o al “Estado obeso”, la realidad empresarial desmiente el dogma libertario. Ni la desregulación, ni la apertura indiscriminada, ni la eliminación del crédito lograron dinamizar la economía. Todo lo contrario: la comprimieron hasta paralizar incluso a sus aliados naturales.

En ese contexto, el “llanto” de Galperin pidiendo regulaciones suena como el eco de una ironía histórica. El libre mercado, ese tótem que Milei convirtió en religión, le devuelve a sus fieles una lección amarga: cuando la política destruye el salario, ni el algoritmo más sofisticado puede salvar las ventas.

La recesión libertaria no distingue ganadores. Golpea a todos. Y mientras el gobierno celebra sus “superávits” contables, las cajas vacías de MercadoLibre son la metáfora perfecta de un país que se quedó sin consumo, sin esperanza y sin relato.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *