El arma «no letal» que incinera la dignidad: la barbarie policial en la Rosario de la exclusión.
En una Argentina donde el hambre se gestiona con gases lacrimógenos y la desesperación se disciplina con descargas eléctricas, lo ocurrido el pasado 13 de marzo en la zona norte de Rosario no es un accidente, sino el corolario previsible de un modelo que desprecia la vida trabajadora. Pablo O., un vigilador de 36 años, no estaba allí por deporte; estaba allí porque el sistema, ese que hoy aplaude el ajuste y la crueldad como virtudes macroeconómicas, le arrebató lo más básico: su salario.
Frente a una empresa de transporte en calle Francia al 1500, este hombre, empujado al abismo por una deuda salarial de tres millones de pesos, se convirtió en el espejo de una sociedad que se cae a pedazos. Su protesta, desesperada y extrema, al rociarse con combustible, fue el grito de quien ya no tiene nada que perder bajo el peso de la precarización laboral y la indiferencia empresarial. Pero la respuesta estatal no fue la mediación ni la cordura, sino la aplicación de una tecnología de tortura moderna bajo el disfraz de la seguridad.
La narrativa oficial, siempre lista para culpar a la víctima, intentó inicialmente encasillar el horror bajo la carátula de una simple tentativa de suicidio. Sin embargo, la verdad tiene una forma obstinada de filtrarse entre las grietas de la impunidad. Un video clave, hoy en manos de la justicia, desnudó la secuencia del espanto: un efectivo de la Policía de Santa Fe accionando una pistola Taser contra un cuerpo empapado en nafta. No fue un contacto fugaz, fue una descarga sostenida de diez segundos, una eternidad de voltios recorriendo un organismo que ya era una bomba de tiempo química.
La ignición fue inmediata. El arco eléctrico, ese que nos venden como el pináculo del progreso policial en la era de los protocolos libertarios, actuó como el detonante de una pira humana. Lo que siguió fue una escena dantesca de un trabajador envuelto en llamas, un hombre convertido en antorcha por la impericia, o quizás por la desidia criminal, de quienes juraron protegerlo.
Resulta de una hipocresía supina que, mientras desde el Gobierno Nacional de Javier Milei se fogonea un discurso de mano dura y se celebra la adquisición de este tipo de armamento como si fueran juguetes de última generación para el orden social, se ignoren las advertencias más elementales de los propios fabricantes. Los protocolos internacionales son taxativos: las Taser están terminantemente prohibidas en entornos inflamables. No hace falta ser un experto en balística ni un ingeniero químico para entender que electricidad más combustible es igual a fuego.
Pero en la provincia de Santa Fe, bajo la gestión de un Ministerio de Seguridad que parece más interesado en el marketing de la fuerza que en la formación de sus cuadros, estas armas se lanzaron a la calle en una «prueba piloto» sin la capacitación mínima necesaria. La vida de Pablo O. se convirtió en el experimento fallido de una política de seguridad que prioriza el impacto visual sobre la integridad física.
La derivación de la causa a la unidad de Violencia Institucional, por orden del fiscal Matías Edery, es el primer reconocimiento oficial de que aquí hubo un uso indebido de la fuerza. Investigar la responsabilidad penal del agente no es un acto de burocracia, es un imperativo ético en una provincia que parece haber olvidado que el uniforme no otorga licencia para la negligencia grave. El ministro Pablo Cococcioni ensayó una tibia «luz amarilla» sobre el uso de estas armas, pero las palabras suenan huecas cuando un hombre pelea por su vida en una cama del Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (HECA). Con el 80% del cuerpo quemado y asistencia respiratoria mecánica, Pablo O. es hoy el testimonio viviente —y sufriente— de lo que sucede cuando el Estado decide que el conflicto social se resuelve con chispazos y no con derechos.
Este caso excede lo policial para adentrarse en el terreno de la crisis moral que atraviesa la Argentina. Estamos ante un trabajador tercerizado, ese eslabón olvidado de la cadena productiva, que fue incinerado por reclamar lo que le correspondía. Es el neoliberalismo en su estado más puro y salvaje: el capital adeuda, el trabajador reclama y el Estado lo quema. Mientras los voceros del oficialismo nacional se llenan la boca hablando de libertad, la única libertad que parece garantizada es la de morir de hambre o morir quemado por una descarga policial. La Taser, presentada como la alternativa «humanitaria» a la bala de plomo, demostró ser igual de letal en manos de una doctrina que deshumaniza al que protesta, al que sufre, al que se queda afuera del sistema.
La incertidumbre sobre si el trabajador accionó un encendedor o si fue puramente la descarga de la Taser es, a estas alturas, una discusión técnica que no debe tapar el bosque de la responsabilidad estatal. El solo hecho de desplegar y disparar un arma de conducción eléctrica sobre una persona rociada en nafta es un acto de una irracionalidad técnica y humana absoluta. No hay matiz que valga cuando la consecuencia es un hombre de 36 años en estado crítico. La justicia rosarina tiene ahora el desafío de no ceder ante las presiones políticas que buscarán salvar el «éxito» del plan de seguridad, para poner el foco en la defensa irrestricta de los derechos humanos y la dignidad de los trabajadores.
Hoy, la sociedad solidaria que resiste al avance del individualismo libertario debe exigir respuestas claras. No podemos permitir que el «orden» sea sinónimo de barbarie. Lo que pasó en Rosario es un aviso, un síntoma de lo que nos espera si aceptamos que la seguridad es una mercancía que se garantiza a costa de la vida de los más vulnerables. La pelea por la salud de Pablo O. es también la pelea por una sociedad donde el reclamo salarial no termine en una sala de terapia intensiva. Frente a la crueldad planificada, solo queda la memoria, la denuncia incisiva y la convicción de que los derechos no se negocian, ni se queman bajo el arco eléctrico de una pistola estatal.
Fuentes:
- https://www.infobae.com/rosario-investigan-responsabilidad-policial-taser/
- https://www.tn.com.ar/rosario-trabajador-quemado-taser/
- https://www.cronica.com.ar/rosario-taser-fuego/
- https://www.cadena3.com/rosario-investigacion-taser/

