En un país donde la desigualdad se enseña en los techos que se caen, Javier Milei pretende convencernos de que el Estado nacional no tiene nada que ver con la educación pública. Que la construcción de escuelas, el mantenimiento de los edificios o la compra de mobiliario son tareas “de las provincias”, como si la Nación fuera apenas una espectadora indiferente. Pero la ley, la historia y los hechos demuestran exactamente lo contrario: el Estado nacional tiene responsabilidad directa en garantizar la infraestructura escolar, y su inacción hoy condena a millones de estudiantes a la precariedad.
Una obligación constitucional y legal
La Ley de Educación Nacional N.º 26.206 no deja lugar a interpretaciones: la educación es una responsabilidad concurrente entre la Nación, las provincias y la Ciudad de Buenos Aires. En su artículo 4, la norma obliga al Estado nacional a “asegurar la igualdad, gratuidad y equidad en el acceso, permanencia y egreso del sistema educativo”, lo cual incluye el financiamiento y la ejecución de obras de infraestructura en las jurisdicciones con mayores necesidades.
A su vez, el artículo 117 establece que el Ministerio de Educación debe planificar y financiar programas de construcción y equipamiento escolar, con el fin de reducir las brechas entre las distintas regiones del país. Dicho de otro modo: la Nación no puede desentenderse de la infraestructura educativa sin violar la ley. No se trata de una cuestión administrativa, sino de una obligación jurídica y política.
Una tradición de inversión federal abandonada
Desde el retorno de la democracia, distintos gobiernos nacionales asumieron este compromiso. Los Planes Federales de Construcción de Escuelas I y II, lanzados durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, levantaron más de 1.500 edificios escolares en todo el país. Durante la pandemia, el Programa Nacional de Infraestructura Escolar —ya bajo la órbita del Ministerio de Educación— continuó y reactivó centenares de obras paralizadas por la gestión de Mauricio Macri.
Estas políticas respondían a una lógica federal: la Nación aportaba fondos y supervisión técnica, mientras las provincias cedían terrenos y ejecutaban las obras. El resultado fue tangible: nuevas aulas, jardines y escuelas técnicas donde antes había abandono.
Pero esa política se interrumpió abruptamente con la llegada de Javier Milei, quien, en nombre de su “plan motosierra”, eliminó las partidas nacionales destinadas a infraestructura educativa, paralizó convenios y desmanteló la Secretaría de Infraestructura y Equipamiento Educativo, la dependencia encargada de coordinar la construcción de escuelas en todo el territorio.
El ajuste llegó al aula
De acuerdo con el Informe de Ejecución Presupuestaria 2024 de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC), el presupuesto nacional destinado a “Infraestructura y equipamiento educativo” cayó un 98,7 % en términos reales durante el primer año del gobierno libertario. En paralelo, el Ministerio de Educación redujo a cero los envíos a provincias para la construcción, refacción y ampliación de escuelas.
Mientras tanto, el presidente insiste en que “el Estado es una organización criminal” y que su deber es reducirlo a su mínima expresión. La consecuencia directa de ese dogma ideológico es que hoy no se construye una sola escuela con fondos nacionales en la Argentina. No por falta de necesidad, sino por decisión política.
En provincias como Formosa, Santiago del Estero, Misiones o Chaco, los gobiernos locales denuncian que las obras cofinanciadas por la Nación están paralizadas desde diciembre de 2023. En Buenos Aires, la Dirección General de Cultura y Educación confirmó que hay más de 300 obras educativas suspendidas por la interrupción de transferencias nacionales. Y en Patagonia, el panorama no es distinto: en Río Negro, Chubut y Santa Cruz, los proyectos del Plan Federal de Escuelas Técnicas quedaron congelados sin explicaciones oficiales.
El relato libertario contra la realidad
El discurso de Milei se ampara en una falsedad: que la Nación no tiene competencia alguna en la construcción de escuelas. Sin embargo, los antecedentes legales, administrativos y presupuestarios lo desmienten de manera contundente.
El Presupuesto 2023, elaborado por el propio Estado nacional, incluía 37 programas de inversión en infraestructura educativa por un total de 260 mil millones de pesos. Es decir, el propio Ministerio de Educación reconocía esa responsabilidad hasta que el actual gobierno decidió borrar las partidas del mapa.
La idea libertaria de que “la educación es provincial” encubre un proyecto más profundo: la desarticulación del federalismo solidario que permitió, durante décadas, que un chico en Catamarca o en el conurbano tuviera una escuela digna construida con fondos nacionales. La motosierra aplicada a la educación no es un error contable; es una estrategia para dejar al sistema público sin piso institucional.
El costo social de la desinversión
La ausencia de inversión nacional ya se traduce en consecuencias palpables: aulas cerradas, chicos que cursan en containers, escuelas sin calefacción ni agua potable y maestros que deben repartir el tiempo entre enseñar y reparar techos. Cada obra paralizada es un derecho suspendido.
Lejos de resolver el “gasto público”, el ajuste libertario profundiza la desigualdad estructural: las provincias más ricas pueden sostener obras con fondos propios; las más pobres, no. Así, el modelo Milei condena a miles de niños y niñas a estudiar en condiciones indignas según el código postal donde nacieron.
La política libertaria: El Estado ausente como política de Estado
Javier Milei repite que “la educación debe ser libre”, pero en su concepción, “libre” significa sin Estado, sin inversión, sin planificación y sin justicia territorial. En apenas un año de gestión, la Nación renunció a su papel histórico en la construcción de escuelas, dejando a las provincias libradas a su suerte y a los estudiantes al abandono.
El libertarismo de Milei no solo niega la función del Estado: niega el derecho a la educación como pilar de la ciudadanía. Porque cuando un gobierno se desentiende de construir escuelas, en realidad está construyendo algo mucho más peligroso: un país sin futuro.
Buenos Aires como espejo del abandono: Kicillof construyó escuelas, Milei las dejó a medio hacer
Si hay una provincia que puede servir como ejemplo de la magnitud del retroceso educativo que trajo el gobierno de Javier Milei, esa es Buenos Aires. No solo por su peso demográfico, sino porque durante la gestión de Axel Kicillof se logró revertir años de desinversión en infraestructura escolar. Sin embargo, en menos de un año, el gobierno libertario frenó esa recuperación, paralizando decenas de obras y recortando los fondos nacionales que sostenían la expansión del sistema educativo.
Del aula inaugurada al obrador abandonado
Los números hablan con crudeza.
Según datos verificados por Chequeado y fuentes oficiales del Gobierno bonaerense, entre 2020 y 2024 Kicillof inauguró más de 240 edificios educativos nuevos en toda la provincia. Si se cuentan las “unidades educativas” (nuevas sedes, ampliaciones y refacciones integrales), la cifra supera las 250 obras entregadas.
El gobernador incluso transformó la construcción de escuelas en una política de Estado: cada inicio de ciclo lectivo se realizaba en una nueva institución, bajo la consigna de que “la educación no puede esperar”. Era una forma de contraponer hechos concretos a la herencia de abandono dejada por la gestión de María Eugenia Vidal y por la parálisis del macrismo a nivel nacional.
Hoy, sin embargo, el panorama cambió drásticamente. A partir de diciembre de 2023, con la llegada de Javier Milei al poder, el flujo de fondos nacionales se interrumpió de manera total. De acuerdo con informes de la Dirección General de Cultura y Educación bonaerense, existen entre 64 y 80 obras escolares paralizadas en territorio provincial, muchas de ellas con más del 70 % de avance al momento del corte presupuestario.
Los convenios federales quedaron congelados y los pliegos firmados durante 2023 fueron dados de baja unilateralmente por el Ministerio de Capital Humano, que absorbió las funciones del ex Ministerio de Educación nacional. La razón oficial fue “revisión del gasto”, pero en la práctica se trató de una decisión ideológica: la Nación decidió dejar de construir escuelas.
La motosierra también cortó en las aulas bonaerenses
El caso más emblemático ocurrió en mayo de 2025, cuando Axel Kicillof inauguró en el municipio de San Vicente una escuela que había sido dejada a medio hacer por el gobierno de Milei. “No podíamos permitir que quedara el esqueleto de una escuela”, dijo el gobernador, denunciando públicamente que Nación había retirado los fondos a mitad de obra.
Según la agencia Infocielo, Milei recortó más de 14 mil millones de pesos destinados a infraestructura educativa en la provincia. Esa cifra, que provenía de programas nacionales cofinanciados, afectó obras en Almirante Brown, La Matanza, San Martín, General Pueyrredón, San Vicente, Florencio Varela y Berazategui, entre otros distritos.
“Cada peso que la Nación deja de enviar es una escuela que se demora, una obra que se oxida, un derecho que se posterga”, advirtieron desde la cartera educativa bonaerense.
La magnitud del ajuste es inédita. El propio informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC) confirma que el programa “Infraestructura y Equipamiento Educativo” tuvo una caída real del 98,7 % en 2024, lo que equivale prácticamente a su eliminación. El Estado nacional no ejecutó un solo peso nuevo en obras escolares durante el primer año del gobierno libertario.
Federalismo de papel, abandono real
La paradoja es evidente: Milei defiende un discurso de “federalismo” y “autonomía provincial”, pero en los hechos traslada el costo del ajuste al territorio. Sin asistencia nacional, las provincias deben hacerse cargo con sus presupuestos locales de obras que antes se financiaban en conjunto. Buenos Aires lo logra parcialmente porque tiene una estructura fiscal más robusta, pero otras provincias directamente debieron suspender obras y cerrar licitaciones.
El federalismo libertario, lejos de empoderar a las provincias, las deja solas frente al abandono estatal, convirtiendo el derecho a la educación en una suerte de lotería geográfica: el que vive en una provincia con recursos estudia en un edificio digno; el que no, se resigna a la precariedad.
La herencia invertida
Durante años, el discurso conservador hablaba de “la pesada herencia”. Hoy, la ironía se invierte: lo que Milei recibió fue una red de escuelas en expansión, programas de refacción activa y obras en marcha. Lo que dejará, si su política continúa, será una herencia de escombros, con edificios inconclusos y niños sin aulas.
La diferencia entre Kicillof y Milei no es solo presupuestaria: es ideológica.
Mientras el primero considera la educación pública un derecho social que el Estado debe garantizar con inversión, el segundo la ve como un gasto a eliminar.
En Buenos Aires, esa brecha se mide en ladrillos, en obradores vacíos, en docentes que enseñan entre andamios.
Cuando se corta el financiamiento, se corta el futuro
La provincia de Buenos Aires es el reflejo más claro de un proceso que atraviesa a todo el país. El gobierno nacional no solo abandonó su rol en la construcción de escuelas, sino que renunció a su obligación constitucional de garantizar la igualdad educativa.
La motosierra libertaria no distingue entre despilfarro y derecho: corta todo, incluso el futuro.
Y mientras Milei celebra los números del déficit cero, miles de chicos bonaerenses siguen esperando las aulas que el Estado nacional prometió y nunca terminó.
Fuentes:
- Ley de Educación Nacional N.º 26.206 – Boletín Oficial de la República Argentina.
- Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC), Informe de Ejecución Presupuestaria 2024.
- Ministerio de Educación de la Nación, Programas Federales de Infraestructura Escolar (archivos históricos 2004–2023).
- Datos oficiales de ejecución presupuestaria – Secretaría de Hacienda, Ministerio de Economía.
- Informes provinciales de Buenos Aires, Chaco, Misiones y Río Negro sobre obras educativas paralizadas (2024–2025).
- Chequeado.com: “Axel Kicillof en la apertura de sesiones bonaerenses 2024: inauguramos 211 escuelas”.
- Gobierno de la Provincia de Buenos Aires – Comunicación Pública, marzo 2025.
- Infocielo.com: “Hay 64 obras en escuelas bonaerenses frenadas porque Milei recortó 14 mil millones de pesos”.
- Página 12: “La provincia inaugurará 50 nuevas escuelas en 2025”.
- Agencia del Plata: “Kicillof inauguró una escuela paralizada por el gobierno de Milei”.
- Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC), Informe de Ejecución Presupuestaria 2024.

















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