Contradicción libertaria: Aman la libre competencia pero cuando se funden buscan la ayuda colectiva

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En este informe exponemos casos de militantes libertarios y defensores de Javier Milei que, pese a respaldar las políticas de “libertad económica”, hoy reconocen estar desempleados, endeudados o pidiendo dinero en redes sociales para subsistir.

La contradicción entre la retórica del autosuficiencia individual promovida por el Presidente y la realidad económica de parte de su base de apoyo se vuelve inocultable. Videos virales, testimonios y posteos en X revelan cómo la crisis, el ajuste y la caída del consumo empujan a seguidores fanáticos del mileísmo a solicitar donaciones, préstamos informales o recursos básicos. El fenómeno abre un debate incómodo sobre la coherencia del discurso libertario en tiempos de emergencia social.

La narrativa del Gobierno de Javier Milei insiste en la misma idea desde el primer día: el sacrificio es innegociable, el ajuste es imprescindible y la libertad individual es el camino hacia una Argentina próspera. Bajo esta premisa se construyó un discurso que demoniza a los subsidios, a la asistencia estatal y a cualquier mecanismo colectivo que amortigüe la crisis. Pero la realidad económica de los últimos dos años expone una contradicción devastadora: una parte visible de los propios defensores del mileísmo —jóvenes, emprendedores, trabajadores precarizados e incluso fanáticos declarados del Presidente— se hunde en el desempleo, la pobreza y la dependencia de las donaciones digitales para poder sobrevivir.

El informe que sirve como única fuente de esta nota documenta con precisión quirúrgica al menos ocho casos ocurridos entre diciembre de 2023 y noviembre de 2025. Se trata de posteos en X que no dejan margen para la interpretación ni para la defensa narrativa: libertarios explícitos, seguidores públicos del Presidente y usuarios que respaldaron con entusiasmo el “plan motosierra” hoy piden ayuda económica, medicación, préstamos o dinero directo. El contraste entre la promesa de “prosperidad sin Estado” y la necesidad urgente de asistencia es un golpe simbólico difícil de amortiguar para el discurso oficialista.

El primer caso, que en su momento alcanzó más de 190 mil visualizaciones, es el de una tiktoker anónima citada por @elcancillercom en octubre de 2025. La joven se define abiertamente como “libertaria y fanática de Milei”, pero en su video cuenta que se quedó sin trabajo, que se fundió y que no tiene dinero ni para reparar el celular ni la computadora con la que generaba contenido. Su pedido es directo: solicita $200 a cada seguidor para salir adelante. Lo que más indignó a los usuarios no fue su necesidad, sino la flagrante contradicción entre su prédica de autosuficiencia y su súplica pública. La viralización fue fulminante, como un espejo que refleja una incomodidad que los libertarios más duros prefieren no mirar.

Un segundo caso, citado en noviembre de 2025 por el usuario @Anti_virgos, expone lo que muchos describieron irónicamente como “el linyera liberto”, un seguidor libertario que defendió a Milei con uñas y dientes, pero que ahora está desempleado y pide dinero para comprar medicamentos. Su historia se convirtió en un símbolo del desencanto que intenta ocultarse debajo de la alfombra: la pobreza estructural golpea incluso a quienes proclamaban que el ajuste “no dolía” y que el mercado lo resolvería todo. La frase “Milei no lo sacó de la pobreza” se replicó con rapidez y se transformó en un latiguillo que incomodó al oficialismo digital.

El tercer testimonio está vinculado a un video callejero difundido por @TodoNegativo en octubre de 2024. Allí, un hombre que votó a Milei explica que quedó sin trabajo y que se conformaría con ganar $500.000 por mes para poder vivir dignamente. Su desilusión es palpable: dice que creyó que el Presidente “iba a ser algo grande”, pero que terminó golpeado por la realidad económica que se profundizó después del cambio de gobierno. La desesperanza detrás de sus palabras desnuda un fenómeno social que excede la anécdota: los votantes iniciales del mileísmo, muchos atraídos por una narrativa de cambio y ruptura, hoy cargan sobre sus espaldas las consecuencias más directas del ajuste.

En noviembre de 2025 otro caso estalló en redes, esta vez difundido por @LaEstamosViendo. Se trata de un hombre de 53 años que confiesa pedir en la calle por primera vez en su vida. Explica que está desempleado desde que Milei asumió y que los comedores comunitarios pasaron de recibir a 50 personas a alimentar a más de 400. El video tiene un componente emocional devastador y, además, pone en foco un fenómeno concreto y verificable: el estallido de la demanda alimentaria en comedores y organizaciones barriales. Mientras los funcionarios del gobierno se ríen o relativizan la crisis, como suele hacer el vocero Manuel Adorni, la intemperie social se vuelve insoportable para miles de personas.

El quinto ejemplo, citado por @TugoNews, es el de un inmigrante venezolano que declara tener “fe en Milei” pese a no llegar a fin de mes y estar endeudado hasta el cuello. Su testimonio revela el punto más complejo de la serie: la fidelidad ideológica que se mantiene incluso cuando la realidad económica la contradice. Este hombre explica que tuvo que pedir préstamos para pagar el alquiler y enfrentar aumentos constantes, pero aún conserva la esperanza de que “en algún momento cambien las cosas”. Una muestra de cómo el mileísmo opera también como identidad emocional, no solo política.

Otro caso, difundido en marzo de 2025 por @josevico4, muestra a un joven de 22 años que se define como defensor de las políticas del Presidente porque “es un librepensador”. No trabaja y vive de la pensión de su abuela. A pesar de la dependencia familiar total, insiste en que Milei tiene razón y que se informa por TikTok y YouTube. La escena resulta tan representativa como inquietante: una generación precarizada, sin horizonte laboral, que abraza un discurso que les promete libertad mientras se sostiene con el esfuerzo de otros.

El séptimo caso está documentado por @Jime2002_ y corresponde a julio de 2025. Allí se expone a un emprendedor libertario que abrió un negocio con entusiasmo, creyendo en “la libertad económica”, pero que terminó cerrando por falta absoluta de clientes. El propio afectado publica fotos de su local vacío y relata, paso a paso, cómo su emprendimiento se hundió. Aunque sus mensajes dejan entrever una crítica implícita al modelo económico, él mismo intenta preservar su identidad libertaria. Su ruina personal quedó como una pieza más de un rompecabezas que el Gobierno parece empeñado en no querer armar.

Finalmente, el caso difundido por @AyelenMazzina en febrero de 2025 retrata a un grupo de “libertarios pobres” estafados por criptomonedas promovidas por el propio Milei y su entorno. Hoy piden préstamos y donaciones para sobrevivir. Ellos creyeron en la promesa de “libertad financiera”, de “billeteras inviolables” y de “ganancias sin Estado”. En cambio, terminaron atrapados en una estafa y expuestos a la burla masiva de las redes. Este caso tiene un valor simbólico demoledor: la ilusión libertaria se derrumba bajo el peso de su propia retórica.

El informe analiza también tendencias más amplias que conectan estos episodios. La mayoría de los protagonistas sufrió despidos o pérdida de ingresos, un fenómeno directamente relacionado con el ajuste fiscal, la paralización de la obra pública, la caída del consumo y la inflación acumulada. Siete de los ocho casos describen desempleo o precariedad extrema. Todos refieren al uso de donaciones, préstamos informales o pedidos de ayuda digital como mecanismos de supervivencia. Ninguno recurre a subsidios estatales, lo cual encaja con la identidad ideológica que sostienen, pero al mismo tiempo evidencia la fragilidad del “sálvese quien pueda” como modelo económico y moral.

El contraste final es inevitable: estos casos representan apenas el 0,1% de la base mileísta visible en X, pero su valor simbólico es incalculable. Exponen una grieta insoslayable entre el discurso oficial y la vida cotidiana de quienes defendieron el ajuste con mayor fervor. Basta mirar estos testimonios para comprender que el sacrificio lo están pagando los mismos que creyeron que serían beneficiados. La motosierra no distingue entre kirchneristas y libertarios; corta donde hay carne y deja cicatrices profundas.

Las historias aquí documentadas muestran un escenario crudo y doloroso: un país donde incluso los seguidores más leales del Presidente recurren a la caridad digital para no caer al vacío. Y si el propio núcleo libertario se desmorona en medio de la crisis, queda claro que la narrativa de la “libertad económica” tiene límites muy concretos cuando se topa con la realidad social. La pregunta que sobrevuela todo el informe es incómoda pero necesaria: ¿cuánto más puede sostenerse un modelo donde incluso quienes lo defienden terminan pidiendo ayuda?

En una Argentina atravesada por hambre, desempleo y desesperanza, estos casos son señales de alerta que el Gobierno decide ignorar. Pero la sociedad los registra. Las redes los amplifican. Y los propios protagonistas, antes militantes entusiastas, hoy revelan con brutal honestidad lo que el discurso oficial pretende ocultar: el ajuste no solo es doloroso, también es injusto, y está hundiendo a quienes confiaron en él.

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