El presidente Javier Milei ejecuta un movimiento político que refuerza su núcleo más cercano y reduce el margen de autonomía dentro del Gabinete. Santiago Caputo concentrará la gestión política, la relación con gobernadores y el manejo de la obra pública, mientras Manuel Adorni reemplazará a Guillermo Francos en la Jefatura de Gabinete.
Con la salida de Francos, Bullrich y Petri, el Ejecutivo reconfigura su estructura hacia un modelo centralizado, con rasgos reminiscentes de los años noventa. La jugada fortalece a Caputo y a la “mesa chica” libertaria, mientras se profundizan las dudas sobre la transparencia institucional y la capacidad del Gobierno para sostener equilibrios políticos y federales.
El gobierno de Javier Milei atraviesa una nueva mutación interna, un reacomodamiento que, más que un simple cambio de nombres, revela el rumbo político del oficialismo tras las elecciones legislativas. Fuentes oficiales confirmaron a Noticias Argentinas y BAE Negocios que el presidente definió la salida del jefe de Gabinete, Guillermo Francos, y el ascenso de Manuel Adorni —hasta ahora vocero presidencial— al frente de la Jefatura. En paralelo, Santiago Caputo, el asesor de mayor confianza del mandatario y arquitecto de su estrategia comunicacional, tomará el control de un “superministerio” del Interior con amplias facultades políticas y administrativas.
La maniobra, presentada como una “reorganización funcional”, implica una concentración inédita de poder dentro del círculo presidencial. Caputo no solo asumirá la coordinación de la relación con los gobernadores, sino también la conducción de áreas clave como Obras Públicas y dependencias estratégicas que fortalecen su capacidad de negociación política. De hecho, el rediseño recupera un formato que recuerda al modelo de los años noventa, cuando el poder político y presupuestario se concentraba en pocos despachos, subordinando la toma de decisiones al Ejecutivo.
El desplazamiento de Francos se da en medio de un evidente desgaste interno. Según trascendió, su salida arrastra también a Lisandro Catalán, ministro del Interior y uno de sus hombres de confianza. En el trasfondo, persisten las versiones sobre tensiones con Karina Milei y el entorno más cercano del presidente, que cuestionaban el estilo dialoguista de Francos frente a la estrategia de confrontación que caracteriza al gobierno libertario. La señal política es clara: el tiempo del equilibrio cede paso al del control.
La elección de Manuel Adorni como nuevo jefe de Gabinete consolida otro movimiento simbólico. Su ascenso, más que una sorpresa, es una confirmación del método Milei: premiar la lealtad antes que la experiencia. Adorni, figura habitual en conferencias diarias donde defiende con fervor cada decisión del Ejecutivo, representa la voz sin fisuras del proyecto presidencial. Con su llegada a la Jefatura, Milei instala una jefatura comunicacional antes que política, subordinada a la narrativa antes que a la gestión.
Pero la reestructuración no se detiene ahí. La salida de Patricia Bullrich del Ministerio de Seguridad y de Luis Petri del de Defensa —ambos electos legisladores— abre nuevos capítulos en la reconfiguración de poder. Alejandra Monteoliva, actual segunda de Bullrich, quedará al frente de Seguridad, mientras en Defensa el reemplazante de Petri sería un militar en funciones. El corrimiento de dos figuras con peso político propio y la llegada de funcionarios técnicos refuerzan la lógica de control vertical que busca Milei: reducir los márgenes de autonomía y blindar decisiones estratégicas bajo la órbita presidencial.
La creación del “superministerio” de Caputo reaviva un viejo fantasma: el del poder concentrado en manos de operadores sin control institucional. Con el manejo de la obra pública, las relaciones con las provincias y los vínculos empresariales, Caputo se convierte en el nuevo eje del poder real del gobierno. No es casualidad que su ascenso ocurra luego del triunfo electoral oficialista: Milei interpreta el resultado como un aval a su estilo de gestión y como una oportunidad para profundizar su modelo.
Sin embargo, la movida genera más incertidumbre que certezas. En un contexto económico crítico y con una gobernabilidad frágil, la concentración de poder puede derivar en un aislamiento político peligroso. La eliminación de contrapesos internos —como el rol moderador de Francos— anticipa un escenario donde las decisiones se definirán entre pocos, sin instancias de deliberación real. No son pocos los analistas que advierten sobre el riesgo de un gabinete monocorde, donde el pensamiento único reemplace el debate.
Detrás del cambio también late un trasfondo ideológico. Caputo representa la línea dura del mileísmo: la que desprecia la política tradicional, reduce la gestión al marketing y promueve un modelo de relaciones institucionales basado en la obediencia. Su desembarco formal en el Ministerio del Interior no solo lo consolida como el principal operador del Presidente, sino que también marca un giro hacia un esquema de poder más cerrado, menos permeable a la crítica y al diálogo federal.
La reconfiguración del gabinete también deja una marca simbólica en la administración pública. Con Bullrich y Petri de regreso al Congreso, el Ejecutivo pierde dos figuras de peso en el equilibrio político interno, pero gana en homogeneidad ideológica. Milei construye así un gabinete a su imagen y semejanza: leal, reducido y funcional a su lógica personalista. Los ministerios ya no son espacios de debate, sino extensiones de la voluntad presidencial.
La lectura política es inevitable. Lo que se presenta como una modernización administrativa es, en realidad, una recentralización del poder. Al absorber la obra pública y las relaciones con los gobernadores, el nuevo Ministerio del Interior se transforma en una herramienta de control político sobre las provincias, que dependerán cada vez más de la discrecionalidad del Ejecutivo para acceder a recursos y proyectos. La vieja política del látigo y la billetera regresa bajo un discurso libertario que, paradójicamente, prometía lo contrario.
Las señales que envía el gobierno son preocupantes. La remoción de Francos, el ascenso de Caputo y el desplazamiento de figuras con trayectoria consolidan un modelo de gestión basado en la lealtad, la centralización y la verticalidad. La transparencia institucional, ya cuestionada por las decisiones unilaterales y la falta de información pública en contrataciones y políticas, se erosiona aún más cuando el poder se concentra en una sola mesa de decisión.
Milei justifica estos cambios como una “optimización del funcionamiento estatal”. Pero la optimización en este contexto significa control, no eficiencia. La nueva estructura elimina matices y apuesta a una uniformidad ideológica que puede ser letal para la democracia interna del gobierno. La política se reemplaza por la fidelidad, y la gestión por la obediencia. En ese esquema, cualquier voz disidente corre el riesgo de ser desplazada.
El país entra así en una etapa donde la improvisación y la concentración se combinan en un cóctel explosivo. Los gobernadores, que hasta ahora mantenían un delicado equilibrio de diálogo con Francos, deberán acostumbrarse a negociar con Caputo, un funcionario sin historia institucional pero con acceso directo al Presidente. Las provincias se encontrarán frente a un interlocutor que no discute, sino que ordena.
La reestructuración del gabinete no es una mera cuestión administrativa. Es una decisión política profunda que redefine el modo en que se ejercerá el poder durante la segunda etapa del gobierno de Javier Milei. Lo que se vislumbra no es un gabinete renovado, sino un Estado cada vez más concentrado, más cerrado, y menos dispuesto a escuchar.
Fuentes :
BAE Negocios – “Cambios en el Gabinete: Francos dejará su cargo y Caputo asumiría un ‘superministerio’”
https://www.baenegocios.com/politica/Cambios-en-el-Gabinete-Francos-dejara-su-cargo-y-Caputo-asumiria-un-superministerio-20251031-0093.html
Noticias Argentinas – “Cambios en el Gabinete de Javier Milei: se va Guillermo Francos y Santiago Caputo será ministro”
https://noticiasargentinas.com/politica/cambios-en-el-gabinete-de-javier-milei–se-va-guillermo-francos-y-santiago-caputo-sera-ministro_a690540f92686767fd1ed3bfe





















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