San Telmo levanta la bandera de barrio organizado. En la previa por el debate por la reforma laboral. San Telmo salió a la calle.
Cuando todavía no había comenzado la sesión del Senado que definiría el destino de la reforma laboral, en las calles de San Telmo ya se estaba discutiendo el país. No en los despachos ni en los pasillos alfombrados del poder, sino en la esquina de Independencia y Defensa, donde vecinas y vecinos desplegaron banderas argentinas y tomaron la palabra para decir, sin eufemismos: no a la reforma laboral.
El banderazo no fue un gesto aislado ni una postal para redes sociales. Fue la expresión concreta de una trama barrial que se organiza, debate y se moviliza cuando percibe que lo que está en juego no es una ley más, sino el salario, el trabajo y los derechos conquistados durante décadas. A pocas horas de que el oficialismo intentara avanzar en el Congreso con un paquete de cambios regresivos, San Telmo volvió a hacer lo que sabe hacer: ocupar el espacio público y politizarlo.
Desde temprano comenzaron a llegar jubiladas, trabajadores, estudiantes, jóvenes, organizaciones sociales, espacios culturales y asambleas populares del barrio. No hubo escenario ni micrófonos estridentes. Hubo palabras compartidas, volantes, mates que iban y venían, y una consigna clara que atravesó toda la jornada: el trabajo no es una mercancía.
Galería fotográfica | San Telmo contra la reforma laboral
Imágenes del banderazo barrial previo al debate en el Senado. Las fotografías registran la organización vecinal, las consignas y el clima político en las calles del barrio.
📷 Fotografías: MAGAPAULA
Las consignas escritas y leídas en voz alta marcaron el pulso del encuentro. “Por salario digno”, “por trabajo con derechos”, “no aceptamos que el salario siga siendo la variable de ajuste”. Lejos del lenguaje técnico con el que el gobierno intenta justificar la reforma, en San Telmo la discusión fue concreta y cotidiana: cuánto alcanza el sueldo, qué pasa con la estabilidad laboral, qué significa debilitar la negociación colectiva o limitar el derecho a huelga.
En cada intervención apareció la misma certeza: lo que se presenta como una “modernización” del sistema laboral es, en realidad, un intento de recortar conquistas históricas y avanzar en la precarización del trabajo. Y hacerlo, además, de espaldas al pueblo trabajador.
El banderazo también fue memoria. No casualmente, muchas de las organizaciones convocantes se reconocen como herederas del estallido de 2001 y de las asambleas barriales que, en aquel entonces, surgieron como respuesta al colapso social y político. San Telmo, barrio de historia, de lucha y de organización popular, volvió a reconocerse en esa tradición.
Desde casas, comercios, bibliotecas populares y espacios culturales, el barrio levantó la voz para advertir que el ajuste no es abstracto ni inevitable: tiene nombres, consecuencias y responsables. Y que cada derecho que se pierde impacta directamente en millones de hogares que viven de su trabajo.
A diferencia del discurso oficial, que presenta la reforma como un trámite legislativo más, en la esquina de Independencia y Defensa se dijo con claridad que lo que estaba en juego era el futuro de las trabajadoras y los trabajadores, de sus familias y de todo el pueblo. Por eso la convocatoria fue amplia y diversa. Porque el ataque a los derechos laborales no distingue edades ni ocupaciones.
Cuando cayó la tarde, las banderas seguían en alto. No como un gesto simbólico vacío, sino como una señal política concreta dirigida al Congreso: antes de que el Senado sesione, el pueblo ya deliberó en las calles.
San Telmo dijo no. No a una reforma laboral que precariza, que ajusta, que debilita a quienes viven de su trabajo. Y lo hizo como lo ha hecho históricamente: organizándose, poniendo el cuerpo y recordando que los derechos no se negocian, se defienden.
La convocatoria fue impulsada por una amplia red de organizaciones del barrio, entre ellas San Telmo Se Organiza, la Asamblea de San Telmo – Asambleas del Pueblo, la Asamblea Popular de Plaza Dorrego, La Casona Cultural, la Biblioteca Popular Rodolfo Walsh, la CTA Autónoma (Capital), el Movimiento La Ciudad Somos Quienes la Habitamos y el Observatorio del Derecho a la Ciudad, que coincidieron en advertir sobre el carácter regresivo de la reforma laboral y su impacto directo en la vida cotidiana del pueblo trabajador.


























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