Antes, al menos, los servicios tenían mejor chamuyo. Ahora ni eso. Este ni se preocupó en disimular: ropa de “civil” genérica, mirada nerviosa y la clásica pulserita táctica policial asomando sin pudor. Estaba ahí, en medio de la movilización, no para reclamar derechos sino para sacar fotos, fichar caras y armar carpetas. Lo detectaron rápido los propios manifestantes, que ya saben leer esos gestos, esas mañas, ese lenguaje corporal aprendido a fuerza de marchas y represiones.
El resultado fue inmediato: policía infiltrado detectado y escrachado. Quedó expuesto frente a todos, sin coartada y sin relato. Ni para espiar sirven. En un contexto donde el Gobierno criminaliza la protesta social, la presencia de efectivos de civil confirma lo que se denuncia desde hace tiempo: vigilancia ilegal, intimidación y persecución política. No era un vecino más, era parte del operativo de control. Y esta vez, gracias al registro difundido por Mariposa Trash, el operativo falló y quedó a la vista de todos.




















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