Milei deja sin comida a las Fuerzas Armadas y profundiza el ajuste

La implementación de horarios de media jornada y la supresión de raciones alimentarias en las unidades militares constituyen el eje de un plan de degradación institucional que precariza el trabajo uniformado y entrega la defensa nacional a un modelo de exclusión y control digital panóptico.

La puesta en escena ha sido, desde el minuto cero, el recurso de supervivencia de una gestión que confunde la política con el cotillón. Javier Milei, ese economista de la ultraderecha que ha entronizado al anarcocapitalismo como una religión de Estado, suele pasearse por los actos oficiales con indumentaria de combate. Pareciera creer que el camuflaje le otorga la autoridad moral que su desprecio por las funciones básicas de la Nación le arrebata cada día.

Este «yéneral» de utilería, que gusta de posar ante las cámaras con vestimenta militar, es el mismo que, en la penumbra de las oficinas de Hacienda, firma el certificado de defunción de la operatividad de nuestras instituciones. La disonancia es obscena y violenta: mientras el discurso oficial se llena la boca con una supuesta reivindicación de las instituciones de defensa, la realidad material de los cuarteles se hunde en una miseria planificada que no tiene precedentes en la historia democrática.

No es una casualidad estética ni un error de comunicación; es la utilización del uniforme como un disfraz para ocultar un plan sistemático de ajuste fiscal que no distingue entre soberanía nacional y gasto corriente. Milei, que desprecia lo público por definición dogmática, ha convertido a las Fuerzas Armadas en el escenario de una contradicción insostenible: se les pide honor, sacrificio y disciplina mientras se les niega el sustento calórico mínimo para cumplir su labor.

El ajuste ha llegado a la médula de la vida castrense bajo la forma del hambre y la parálisis operativa más cruda. Casi en secreto, el Ministerio de Defensa ha implementado una reducción horaria que parece extraída de una distopía burocrática de ahorro energético. Al limitar la jornada del personal de 7:30 a 12:30, el Gobierno no solo ahorra en energía eléctrica, sino que se exime de la responsabilidad de proporcionar el almuerzo a sus efectivos.

Esta medida, denunciada con precisión quirúrgica por el periodista Raúl Kollmann, transforma a las instituciones de defensa en oficinas de media jornada, desarticulando cualquier capacidad de respuesta institucional ante emergencias o necesidades estratégicas. El ahorro en raciones alimentarias es la expresión más abyecta de la crueldad administrativa de un modelo que festeja un superávit financiero cimentado sobre el estómago vacío de los servidores públicos.

Cuando un Estado decide que alimentar a quienes deben custodiar su soberanía es un «gasto suntuario», lo que está declarando es su propia renuncia a ser una nación independiente. Los comedores cerrados y las luces apagadas no son símbolos de austeridad republicana, sino marcas de una capitulación soberana ante las exigencias del equilibrio fiscal a cualquier costo. Es la soberanía rematada por el precio de una ración de guiso.

Esta precariedad forzada empuja al personal militar, especialmente a los cuadros de baja graduación y a la tropa voluntaria, a una situación de vulnerabilidad que atenta contra la dignidad elemental del trabajador. Con sueldos que se encuentran históricamente por debajo de los haberes de las fuerzas policiales y de seguridad, el uniformado se ve empujado hoy mismo al abismo del pluriempleo informal para no caer bajo la línea de indigencia.

La reducción horaria, lejos de ser un beneficio, es una trampa de mercado que obliga al soldado a buscar «changas» desesperadas fuera del cuartel para completar la canasta básica. El espíritu de cuerpo y la exclusividad de la función de defensa se rompen ante la urgencia de un ingreso que el Estado ha decidido congelar. Es el traslado de la lógica del delivery y el trabajo de plataforma al ámbito sagrado de la defensa nacional.

No hay mística posible cuando el personal debe repartir sus horas entre la instrucción militar y el empleo precario para poder garantizar la cena de sus familias. Este ataque directo al derecho al trabajo digno ocurre bajo la mirada complaciente de un Gobierno que utiliza la retórica patriótica para encubrir una reforma laboral de hecho, donde el trabajador es una variable de ajuste descartable en el altar del déficit cero.

Mientras la tropa padece el rigor de un ajuste que vacía sus platos, las altas cúpulas militares mantienen un silencio que solo puede interpretarse como una complicidad remunerada. Este silencio no es gratuito; el modelo libertario ha sabido cooptar a las jerarquías mediante la habilitación de «cajas paralelas» y negocios de casta que permiten a los mandos altos mantener privilegios mientras el ajuste se ensaña con la base.

Existe un derrame de beneficios que nunca llega al soldado raso: un sistema de prebendas económicas para los jefes que actúa como sedante ante el desmantelamiento institucional. La connivencia entre las jefaturas y el Ministerio de Defensa revela una elite militar que, a cambio de mantener sus estructuras de poder y negocios de gestión, acepta el vaciamiento material y moral de sus subordinados sin emitir un solo reclamo.

El ataque a las Fuerzas Armadas no es un hecho aislado, sino que forma parte de una matriz general de destrucción de lo público que recorre todo el tejido social. La crueldad es el eje ordenador de una gestión que cierra los hoteles estatales de Embalse y Chapadmalal, despidiendo masivamente a sus trabajadores y quitándole al pueblo el acceso al turismo social, mientras el sector privado ve desaparecer 30 empresas por día.

Es la misma lógica que ensaya el desguace del INTA y del INTI, pilares del desarrollo científico, mediante programas de retiros voluntarios que son despidos encubiertos. Según datos de Gestión Sindical, desde enero de 2024 se producen en promedio 400 despidos diarios. Este plan de miseria planificada ha provocado ya la desaparición de más de 24.400 firmas privadas, destruyendo el tejido productivo y retrocediendo la industria editorial a niveles de hace 23 años.

En este escenario de privaciones, el rostro de la insensibilidad oficial es Manuel Adorni. El vocero presidencial, que cuestiona cada centavo invertido en salud o educación, fue denunciado por gastos en tarjetas de crédito que ascienden a 85 millones de pesos en un año, superando con creces su salario de 3,5 millones. Mientras Adorni gasta fortunas, 7 de cada 10 trabajadores argentinos agotan su sueldo en menos de 14 días.

La obscenidad del gasto privado de la casta libertaria, frente al hambre en los cuarteles y la deuda de 580.270 millones de pesos emitida para sostener un PAMI desfinanciado, es el retrato más fiel de la ética del ajuste. Incluso la autonomía sindical es atacada: la intervención judicial de la UOM, ejecutada por los mismos jueces que avalaron la reforma laboral de Milei, demuestra que el objetivo es desarmar cualquier foco de resistencia organizada.

Esta deriva destructiva se complementa con un peligroso desplazamiento de la soberanía física hacia un control digital entregado a intereses extranjeros. Mientras se liquidan las capacidades operativas territoriales, el Gobierno apuesta por el «Gemelo Digital Social», una herramienta de vigilancia masiva alineada con tecnomagnates como Peter Thiel, fundador de Palantir y visitante asiduo de una Casa Rosada que expulsa a la prensa acreditada.

El proyecto de control social mediante inteligencia artificial, plagado de errores técnicos como los vistos en el video de Sandra Pettovello hecha con IA, marca el inicio de una era donde la vigilancia ciudadana reemplaza a la defensa de la patria. El Gobierno de Milei entrega nuestros datos y nuestra soberanía tecnológica a corporaciones transnacionales, transformando al Estado en un panóptico digital al servicio de un modelo extractivista neocolonial.

Se trata de un canje trágico y humillante: se eliminan las raciones de comida en los regimientos mientras se invierte en algoritmos de control poblacional diseñados en Silicon Valley. La soberanía nacional, entendida como la capacidad de un pueblo para decidir su destino, queda hipotecada en servidores radicados fuera de nuestras fronteras y custodiada por una inteligencia artificial que ignora las necesidades del pueblo argentino.

La conclusión de este proceso es el retorno a una sociedad de privilegios medievales y exclusión masiva para las mayorías. El gobierno de Javier Milei no busca una fuerza eficiente ni moderna; necesita una institución famélica, sumisa y funcional a un modelo de entrega de recursos naturales. Un país sin defensa operativa es un país que renuncia a su territorio, a su mar y a su gente a cambio de la validación del mercado financiero internacional.

La defensa de la soberanía nacional es inseparable de la defensa de los derechos de quienes trabajan para sostenerla, vistan o no uniforme. No podemos permitir que el almuerzo de un soldado sea sacrificado en el altar de un superávit ficticio. La verdadera libertad no es la del mercado para explotar, sino la de un pueblo soberano para vivir con dignidad y justicia social, lejos de la sumisión que el anarcocapitalismo pretende imponernos mediante el hambre y la vigilancia.

Fuentes:

  • ADN – Periodismo Federal. (2026, 24 de mayo). Adorni y su esposa gastaron más de $85.000.000 en tarjetas de crédito durante 2025. https://adnweb.com.ar/politica/adorni-y-su-esposa-gastaron-mas-de-85000000-en-tarjetas-de-credito-durante-2025/
  • El País Diario. (2026, 22 de mayo). Gobierno nacional ampliará emisión de deuda por $580.270.000.000 para girarle fondos al PAMI. https://www.elpaisdiario.com.ar/
  • Gestión Sindical. (2026, 23 de mayo). Desde enero de 2024, en promedio, cada día cerraron 30 empresas y hubo 400 despidos. https://gestionsindical.com/actualidad/desde-enero-2024-promedio-cada-dia-cerraron-30-empresas-y-hubo-400-despidos/
  • InfoGremiales. (2026, 24 de mayo). Gobierno antiempresas: en el sector privado desaparecieron más de 24.400 firmas desde que asumió Milei. https://www.infogremiales.com.ar/gobierno-antiempresas-en-el-sector-privado-desaparecieron-mas-de-24400-firmas-desde-que-asumio-milei/
  • Kollmann, R. (2026, 24 de mayo). El yéneral Milei: En los cuarteles no hay ni para el almuerzo. Página 12. https://www.pagina12.com.ar/2026/05/24/en-los-cuarteles-no-hay-ni-para-el-almuerzo/
  • Minutouno. (2026, 24 de mayo). Siete de cada 10 trabajadores argentinos gastan sus salarios en menos de 14 días. https://www.minutouno.com/economia/salarios/siete-cada-10-trabajadores-argentinos-gastan-sus-salarios-menos-14-dias-n6003789

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