Silenciar para que no se escuche la corrupción
En apenas cuatro minutos, la diputada Julia Strada hizo lo que buena parte del sistema político evita: enumeró una por una las causas de corrupción que involucran a Karina Milei, hermana del presidente de la Nación. No hubo exageraciones ni consignas: hubo datos, nombres, expedientes y vínculos que incomodan al poder.
Lo que siguió fue todavía más elocuente que la denuncia. El presidente de la Cámara, Martín Menem, interrumpió reiteradamente a Strada hasta apagarle el micrófono. El gesto no fue casual ni protocolar. Resultó especialmente grave porque, según lo señalado en el recinto, en varias de esas causas el propio Menem también estaría involucrado. Cuando el conflicto de intereses se vuelve censura abierta, la democracia se achica.
La escena condensó un modo de gobernar: callar al que denuncia y blindar a los propios. Bajo el discurso libertario de la “república” y la “transparencia”, el Congreso fue testigo de un acto de silenciamiento institucional transmitido en vivo. La ironía se impuso sola: ¡Viva la democracia libertaria! —pero sin micrófono para quien incomoda.
Mientras tanto, afuera del recinto, las familias atraviesan una situación cada vez más crítica. Salarios que no alcanzan, precios que suben, derechos que retroceden. En ese contexto, ver a la conducción política usar el poder para tapar denuncias no es una anécdota parlamentaria: es una señal de época. Una dirigencia que, ante la palabra incómoda, prefiere el botón de “mute” antes que la rendición de cuentas.
El video muestra todo en cuatro minutos. Alcanza para entender mucho más que un debate: cómo se ejerce el poder cuando la verdad molesta.
En apenas cuatro minutos, la diputada Julia Strada expuso en el Congreso una serie de causas de corrupción que involucran a Karina Milei. La reacción fue inmediata: el presidente de la Cámara, Martín Menem, la interrumpió y le apagó el micrófonohttps://t.co/mO1tTmLeZU pic.twitter.com/0qLdY3ltZF
— En Orsai (@EnOrsai) February 13, 2026





















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