El desembarco del fondo estadounidense COC Global Enterprise en OCA no es solo una operación comercial: abre la puerta a una trama empresarial, política y de inteligencia que viene creciendo desde hace años en silencio. En el centro aparece el argentino Leonardo Scatturice, un empresario con negocios en Miami, vínculos con organismos del Estado, relaciones con operadores de inteligencia y una red societaria tan compleja como opaca.
La compra: OCA pasa a manos del holding de Scatturice
La histórica empresa postal OCA —nacida en Córdoba, estatizada por Perón y convertida luego en emblema del poder económico de Alfredo Yabrán— acaba de cambiar nuevamente de dueño. El fondo estadounidense COC Global Enterprise anunció que se transformará en el accionista mayoritario con una promesa rutilante: hacer de OCA la mayor compañía de transporte y logística de América Latina.
COC Global Enterprise, presidido por el empresario argentino radicado en Estados Unidos Leonardo Scatturice, informó que la estrategia de expansión incluirá inversiones tecnológicas, modernización de procesos y una integración directa con Flybondi y OCP Tech, dos compañías que forman parte del mismo conglomerado. La maniobra, explicaron, permitirá unificar logística de última milla con transporte aéreo, sumando además ingeniería tecnológica aplicada a toda la región.
OCA —que hoy acumula más de seis décadas de operaciones, 760 puntos de atención y una flota superior a los 3.500 vehículos— venía transitando un derrotero de crisis: quiebra con continuidad en 2017, concurso preventivo en 2024 y un nuevo concurso en junio de 2025 bajo el mando de Claudio Espinoza, dueño del grupo NMBV. Según el acuerdo anunciado, Espinoza seguirá como accionista y presidirá el Directorio, mientras COC Global Enterprise se hace del control operativo y estratégico.
El holding aseguró que no habrá despidos ni cambios en la operación diaria de los 9.500 trabajadores, y que su “compromiso es llevar a OCA a estándares internacionales”. Un mensaje de calma, aunque el contexto que rodea al nuevo comprador dista mucho de ser transparente.
Leonardo Scatturice: negocios, lobby, inteligencia privada y una red que incomoda
La figura de Leonardo Scatturice no es nueva en la Argentina ni en los pasillos donde se cruzan negocios, política y estructuras de inteligencia. Empresario con base en Miami, dueño de Flybondi y de un conjunto de firmas tecnológicas, su nombre aparece mencionado en investigaciones periodísticas desde mediados de los 2000.
Uno de los antecedentes más llamativos es Tactic Global, empresa con sede en Estados Unidos que fue contratada por la ex SIDE para representar intereses argentinos ante funcionarios norteamericanos. Es decir: una compañía de Scatturice trabajando en nombre del Estado argentino en un área históricamente reservada a organismos de inteligencia.
Pero el mapa empresarial del flamante comprador de OCA no termina ahí. Durante la última década expandió sus negocios aeronáuticos, tecnológicos y logísticos, incorporó sociedades en Florida, Panamá y Delaware, y construyó una arquitectura societaria que funcionó durante años bajo el radar. De hecho, el 26 de noviembre pasado creó en Miami una nueva empresa: COC OCA LLC, un movimiento coincidente con las negociaciones finales por la compra de OCA en Argentina.

A ese entramado se suma una relación clave: su vínculo con Frank Holder, una figura central en el mundo de las consultoras de inteligencia privadas, con pasado en Kroll, FTI Consulting y Berkeley Research Group. Holder fue mencionado durante décadas como ex agente de la CIA —aceptado en privado, evitado en público— y operó en América Latina en auditorías sensibles, litigios complejos y procesos de due diligence asociados al sector financiero, energético y tecnológico.
Holder reconoció conocer a Scatturice, aunque aclaró que no fue su empleado: “Él tiene una agencia de investigaciones y yo tengo otra más grande; a veces subcontrato trabajos”. Pero esa distancia declarada no impide ver una relación fluida construida en el terreno del lobby, el espionaje corporativo y las operaciones especiales para grandes empresas y gobiernos.
La conexión argentina de Holder incluye operaciones con firmas vinculadas a organismos de inteligencia y presencia en investigaciones corporativas locales. Es en ese universo híbrido —entre consultorías internacionales, exespías y operadores privados— donde aparece el vínculo con Scatturice.
Una red de poder, sociedades y causas judiciales que ahora se cuelan en OCA
La expansión de Scatturice en los últimos años estuvo acompañada por un crecimiento exponencial de su influencia política. Su nombre emergió en la causa $LIBRA, el escándalo financiero que estalló en 2025 tras el colapso del token promovido por Milei. Allí aparecen aeronaves privadas que trasladaron a Hayden Davis —uno de los impulsores del token— y que, según reconstrucciones periodísticas, se contrataban entre operadores vinculados al empresario.
Las sospechas se profundizaron cuando el hijo del fiscal Eduardo Taiano —el fiscal a cargo de la causa $LIBRA— renunció a su cargo en el gobierno de Milei y pasó a trabajar en Holder Partners LLC, la consultora dirigida por Frank Holder, en una primicia de nuestro portal. Una pieza más en un rompecabezas que involucra al Ministerio de Educación, empresas tecnológicas con contratos millonarios y decisiones tomadas en la Casa Rosada sin la transparencia que debería acompañar adjudicaciones de alto monto.
A esta trama se suman los vínculos societarios entre Scatturice y el empresario de medios Daniel Hadad, a través de un entramado de sociedades que incluye empresas inmobiliarias en Miami, filiales tecnológicas, firmas de inteligencia y estructuras de tipo “mamushka” donde cada sociedad es dueña de otra, formando capas de opacidad difíciles de rastrear.
Según relató la periodista Natalia Volosín, el departamento en South Beach que Hadad vendió terminó siendo sede de una firma dirigida por Scatturice y vinculada a actividades de inteligencia. También detalló conexiones con empresarios involucrados en la llamada “Mafia de la Aduana”, la “Embajada Paralela en Venezuela” y redes de sociedades creadas entre 2019 y 2021 en Estados Unidos y Panamá.
Tampoco olvidar el caso de Laura Belén Arrieta, que ingresó al país en un vuelo privado -también de una empresa de Scatturice- llevando valijas que, según la Justicia, no pasaron por los controles aduaneros.
La construcción de esta red empresarial —en la que se mezclan negocios estatales, contratos públicos, operaciones aeronáuticas, empresas tecnológicas, consultoras de riesgo y vínculos con ex agentes de la SIDE— no es un dato menor frente a la adquisición de la empresa postal privada más grande del país.
El riesgo es evidente: una compañía estratégica, con acceso a información sensible, logística nacional, datos de millones de usuarios y capacidad operativa territorial, quedará ahora en manos de un conglomerado cuya historia reciente está marcada por zonas grises, investigaciones abiertas y una arquitectura de poder que se mueve en los bordes de la legalidad y la transparencia.




















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