Cyber Monday desnudó el deterioro del consumo: con Milei, los argentinos compran papel higiénico en vez de tecnología

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Un repaso documentado de los productos más vendidos entre 2020 y 2025 muestra un cambio drástico: mientras en otros años lideraban celulares, indumentaria o accesorios tecnológicos, hoy el boom es el papel higiénico y los alimentos. La presidencia de Javier Milei profundizó el corrimiento del consumo hacia lo básico, en un país donde la oferta online funciona como termómetro de la crisis económica.

Los datos de Mercado Libre, CACE y los informes de comercio electrónico muestran una tendencia clara: en plena recesión, con salarios deteriorados y consumo en caída, millones de argentinos esperan el Cyber Monday para comprar lo más elemental. El fenómeno se agravó bajo el gobierno de Javier Milei, donde el evento digital dejó de ser un festival de ofertas tecnológicas para convertirse en una pulseada desesperada por productos de primera necesidad.

El Cyber Monday nació como un espacio de euforia tecnológica: pantallas más grandes, celulares más rápidos, notebooks más livianas. Pero esa postal quedó vieja. Hoy, en la Argentina gobernada por Javier Milei, el evento de comercio electrónico más importante del año revela una foto muy distinta, una foto incómoda que no se puede maquillar: el producto más vendido del 2025 no fue un televisor, ni una aspiradora robótica, ni siquiera un accesorio barato de PC. Fue papel higiénico. Sí, papel higiénico. Y lejos de ser una anécdota curiosa, es una radiografía brutal del deterioro económico de las familias argentinas.

El recorrido histórico lo deja en evidencia. En 2020, con pandemia y encierro, los celulares dominaron el ranking de ventas. En 2021, la indumentaria escaló posiciones impulsada por la “nueva normalidad”. En 2022, aunque los maquillajes no lideraron, la tecnología seguía siendo el corazón del consumo digital. Ya en 2023, accesorios como los mouses inalámbricos se volvían los favoritos, marcando una tendencia hacia productos accesibles pero aún vinculados a lo aspiracional: comodidad, conectividad, cercanía a un estilo de vida digital.



Sin embargo, la curva se quiebra con fuerza desde 2024, coincidiendo con la asunción de Javier Milei y la profundización del ajuste. Por primera vez, los alimentos y los productos de limpieza entraron al podio de ventas como categorías estrella. Y para 2025, el salto fue directo a la simbología del consumo en crisis: el artículo número uno fue papel higiénico. No un electrodoméstico, no un celular, no un par de zapatillas. Papel higiénico.

Ese desplazamiento del deseo de compra hacia lo más básico no surge de una moda ni del capricho del consumidor. Es el efecto directo de un proceso económico que golpeó el poder adquisitivo, empobreció a la clase media y empujó a millones a organizar su vida cotidiana entre cupones, descuentos y ofertas. Que el país rompa récords de facturación en Cyber Monday no es señal de recuperación; es señal de urgencia. La gente compra más porque compra lo único que puede comprar: lo indispensable.

El gobierno de Milei celebra los números como si fueran prueba de “estabilidad” o “orden macroeconómico”. Pero la propia composición de las ventas desmiente ese relato. Un país que hace filas digitales para asegurarse alimentos, shampoo o jabón líquido no es un país que está creciendo, sino uno que se está defendiendo. Es la economía de la supervivencia disfrazada de éxito comercial.

Los datos de 2024 fueron una advertencia: alimentos y bebidas saltaban al segundo puesto, mientras la tecnología caía. Las búsquedas más frecuentes dejaban entrever una ansiedad distinta: no “smart TV”, sino “jabón líquido en oferta”; no “notebook gamer”, sino “shampoo 3×2”. El año siguiente terminó de confirmar la tendencia. En 2025, las ventas récord de productos esenciales coincidieron con el descenso del financiamiento: menos cuotas, más pagos al contado. No porque la gente tenga más plata, sino porque las cuotas se volvieron inaccesibles o directamente inútiles para compras pequeñas. Otra señal de precarización.

El discurso oficial insiste en que este comportamiento es una “nueva racionalidad económica”. Pero no hay racionalidad en esperar un evento de tres días para comprar papel higiénico. Eso se parece más a la economía de guerra que a la libertad económica prometida. Es la libertad del consumidor reducido a su mínima expresión: elegir entre sobrevivir o resignarse.

El relato libertario se apropia de la cifra total de facturación para exhibir un país que “consume más”. Pero un análisis serio exige mirar qué se consume. Y es ahí donde la contradicción se desnuda. Si en 2020 o 2021 el éxito de los celulares o la indumentaria hablaba de un mercado que, a pesar de todo, mantenía expectativas, hoy la elección del papel higiénico como producto líder es un grito silencioso de un país que ha perdido el margen para soñar.

Aunque es cierto que el Cyber Monday se sostiene como evento por la fuerza del comercio electrónico y la estructura tecnológica del país, el cambio en la naturaleza de las compras es lo que realmente importa: ya no se trata de aprovechar descuentos para actualizar el equipamiento del hogar, sino de sobrevivir a un salario que rinde menos cada mes. Y la paradoja mayor es que este fenómeno convive con un discurso gubernamental que insiste en hablar de “éxito”, “orden” y “vibrante economía digital”.

No hay nada vibrante en una sociedad que corre al Cyber Monday para comprar fideos o papel higiénico. Ese comportamiento, que algunos medios oficialistas muestran como un triunfo, es la expresión más cruda del ajuste. Es una señal clara de que los consumidores están al límite y que el mercado se acomodó a una demanda deprimida, resignada, cansada.

Al observar esta evolución año por año, queda un mensaje inevitable: el deterioro del consumo no comenzó con Milei, pero se profundizó con velocidad quirúrgica desde su asunción. El país pasó de comprar tecnología a comprar necesidades básicas. Y cuando un país transforma su evento comercial más importante en una feria de productos esenciales, algo se rompió. No es un cambio de hábitos: es el síntoma de una crisis estructural.

En definitiva, el Cyber Monday ya no es una fiesta del consumo; es una radiografía económica. Y la imagen que devuelve es clara: un país que retrocedió en su capacidad adquisitiva, que ajusta donde duele y que ve cómo, producto a producto, categoría a categoría, su horizonte de posibilidades se achica. La gestión de Milei podrá celebrar récords de facturación, pero los productos hablan por sí solos. Y lo que dicen es que la Argentina está empobrecida, urgida y cada vez más dependiente de descuentos para sobrevivir.

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