Maradona: La historia del héroe afrodescendiente que peleó por la libertad argentina

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El hallazgo genealógico que conecta a Diego Armando Maradona con Luiz Maradona, un esclavo liberado que luchó con San Martín en la independencia, reabre el debate sobre la negación del pasado afro en la identidad nacional y el silencio del gobierno actual frente a la historia popular.

El descubrimiento de que el 10 más grande de la historia argentina desciende de un soldado afrodescendiente del Ejército de los Andes no solo resignifica su figura, sino que expone el racismo estructural y la ignorancia histórica que el gobierno de Javier Milei reproduce al desfinanciar la ciencia, despreciar la memoria y negar la diversidad cultural que dio forma a la Nación.

Diego Armando Maradona no solo nació para romper moldes dentro de una cancha. Su linaje también derriba los relatos oficiales que, desde hace siglos, blanquean la historia argentina. Un hallazgo académico del genealogista Guillermo Kemel Collado Madcur, de la Universidad Nacional de San Juan, confirmó que el ídolo mundial es descendiente directo de Luiz Maradona, un esclavo afroargentino que ganó su libertad peleando junto a José de San Martín en la campaña libertadora.

El dato —rescatado por el paleontólogo y divulgador científico Martín Ezequiel Farina (@HallucigeniaOK) en una publicación que se volvió viral— reabrió una discusión incómoda: la negación sistemática del componente afro en la identidad argentina. Mientras el gobierno de Javier Milei elimina programas de investigación histórica y desfinancia las universidades públicas, las redes sociales devuelven a la superficie un hecho que la academia había documentado hace años pero que nunca encontró espacio en los medios hegemónicos.

La historia es tan potente como silenciada. En 1817, San Martín ofreció a los esclavos del Virreinato del Río de la Plata la posibilidad de obtener su libertad si combatían en el Ejército de los Andes. Luiz Maradona, un joven esclavizado en San Juan, fue uno de los miles que aceptaron el trato. Cruzó los Andes, sobrevivió a las batallas de Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú, y fue liberado “por servicios prestados a la Patria”. Su hijo, Juan Evangelista Maradona, ya nació libre. Con el tiempo, la familia migró a Corrientes, y de esa rama, generaciones más tarde, nacería Diego.



Esta genealogía desmonta el relato uniforme que presenta a los próceres y sus descendientes como parte de una patria blanca y homogénea. El apellido “Maradona” ni siquiera era suyo: se lo impuso el amo gallego que lo poseía. Luiz provenía probablemente de Angola o del Congo, dos de los principales puertos de origen de los esclavos traídos al Río de la Plata. En su violín, Luiz llevó una voz propia que hoy resuena en las tribunas y en la memoria popular, pero que sigue siendo marginada por una cultura oficial que prefiere mirar para otro lado.

El gobierno de Milei, en su cruzada por “dinamitar lo público”, encarna esa misma negación histórica. Los recortes en el CONICET, en el Ministerio de Cultura y en los programas educativos borran de un plumazo décadas de trabajo científico y académico que buscaban visibilizar las raíces afro, indígenas y mestizas del país. Cuando la investigación pública revela que el mayor símbolo argentino tiene sangre africana y libertadora, el poder reacciona con indiferencia. No porque el dato no importe, sino porque incomoda.

Farina lo contó en su hilo con precisión y emoción, acompañando su relato con una imagen en blanco y negro de Diego mirando al cielo. En pocas horas, el tuit acumuló miles de likes, cientos de reposts y decenas de miles de visualizaciones. Los hashtags #MaradonaAfro, #SangreDeLibertador y #NegroDeLosAndes se volvieron tendencia. No fue casual: el posteo coincidió con un nuevo aniversario del 8 de noviembre, fecha que los hinchas recuerdan como el día en que Diego “salvó a Argentina” frente a Perú en 2020. En ese cruce entre mito futbolero y memoria histórica, la figura de Maradona se agiganta como un puente entre dos patrias: la que se fundó a sangre y libertad, y la que hoy se desangra en ajuste y olvido.

Mientras el oficialismo reduce la historia a memes y teorías conspirativas, las redes —esa arena donde lo popular todavía resiste— rescatan lo que el poder intenta borrar. En lugar de festejar que un héroe afrodescendiente forma parte del ADN de nuestro ídolo máximo, el discurso libertario insiste en negar la diversidad, demonizar la educación pública y celebrar una homogeneidad ficticia. Lo que molesta no es el dato: es lo que simboliza. Porque reconocer que Maradona desciende de un esclavo liberado es aceptar que la patria se construyó desde abajo, con los cuerpos de quienes fueron explotados y luego olvidados.

En los barrios donde el Estado ya no llega, Diego sigue siendo la bandera. Pero ahora, esa bandera lleva también el rostro de Luiz Maradona, aquel violinista que tocó entre fusiles y nieve en el Paso de los Patos. El linaje entre ambos no es solo biológico, es político. En un país que se desangra por el ajuste, recordar que el mayor ídolo popular es nieto de la resistencia afroargentina es un acto de justicia simbólica. Frente a la desmemoria institucional que promueve el gobierno, la historia popular vuelve a reclamar su lugar: Maradona no solo gambeteó ingleses, también hereda la sangre de quien gambeteó la muerte por la libertad de todos.

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